Igual que ocurre con todas las calamidades naturales –inundaciones, terremotos y huracanes– la pandemia de coronavirus ha exhibido lo mejor de la sociedad mexicana, por un lado y, por el otro, la peor cara de los mexicanos.
Y es que las sociedades de todo el mundo, la nuestra tiene muchos rostros que, curiosamente, aparecen cuando menos esperamos.
Así, por ejemplo, aparecen los rostros del heroísmo, altruismo, humanismo, unidad y solidaridad, entre otros.
En el extremo contrario, vemos florecer indeseables expresiones de oportunismo, cinismo, influyentismo, fanatismo, amiguismo, “valemadrismo”; además del engaño, la mentira y hasta el crimen de Estado.
Y, como si se tratara de la rigurosa Ley de Newton, a cada ejemplo de heroísmo social, corresponde el espejo del comportamiento despreciable y si lo dudan, van los ejemplos.
1.- Se cuentan por miles los heroicos trabajadores de la salud que, a riesgo de la vida, permanecieron en la primera línea de la lucha contra la pandemia, en cumplimiento del juramento de Hipócrates, que los obliga “a no velar por otro propósito que el bien y la salud de los enfermos”.
Del otro lado, aparece la irresponsabilidad criminal de las autoridades federales, del propio presidente López Obrador, de Hugo López-Gatell, de los directores del IMSS, del ISSSTE, además de la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, quienes siempre se negaron a proporcionar los equipos médicos indispensables para proteger la vida de miles de trabajadores de la salud.
Sí, a los ojos de todos aparecieron el heroísmo de los trabajadores sanitarios y la irresponsabilidad criminal de los burócratas de López Obrador.
2.- Gracias a las redes –antes benditas y hoy malditas– muchos ciudadanos solicitaron y consiguieron donadores de sangre y plaquetas; buscaron y encontraron tanques o concentradores de oxigeno, rastrearon tal o cual medicamento y hasta llevaron ayuda a muchos ciudadanos a quienes el Estado abandonó a su suerte.
Todos atestiguamos estremecedoras muestras de solidaridad, altruismo, humanismo y generosidad de una sociedad que –igual que en el terremoto de 1984– hoy le arrebató la iniciativa al Gobierno criminal de López Obrador.
Sin embargo, frente a lo mejor de México y de los mexicanos, vimos la actitud criminal de un Gobierno que abandonó a su suerte a los ciudadanos; vimos al Gobierno de AMLO que negó de manera reiterada la letalidad de la pandemia, que nunca utilizó cubreboca, que se burló de quienes exigían acciones más estrictas, que no autorizó más recursos a hospitales y médicos y que, en términos generales, realizó la peor gestión ante la pandemia.
Hoy, el Gobierno de AMLO es un Gobierno criminal, culpable de por lo menos medio millón de muertes por Covid-19 –sean muertes oficiales y extraoficiales– y es un Mandatario que debe ser destituido y llevado ante la justicia por su responsabilidad en cientos de miles de crímenes de Estado.
Y es que resultó falso que el Gobierno de López Obrador haya comprado las vacunas requeridas; es falso que exista el presupuesto para tales vacunas y es clientelar y electorera la campaña de vacunación.
En pocas palabras, el Gobierno de Loópez Obrador mostró la peor cara posible en un Gobierno; la cara del uso político-electoral de la salud y de una pandemia como la del coronavirus que es manejada con fines electoreros.
3.- Pero la irresponsabilidad y el oportunismo no solo aparecieron en el presidente Obrador y en su Gobierno; gestión que mostró la peor cara. No, muchas empresas y ciudadanos se sumaron “a la jauja” de la muerte.
Y es que mientras miles de médicos dieron la vida para salvar al mayor número posible de enfermos por Covid-19, otros miles de doctores se convirtieron en mercenarios de la salud.
Por ejemplo, una videoconsulta se cotiza en oro; una receta es un salvoconducto para la vida y hay medicamentos que se venden al mejor postor.
El mercado negro de recetas, medicinas y equipo; para conseguir un tanque o un concentrador de oxígeno, no solo son una ofensa mayor –porque es el tráfico de vidas– sino que es el mercado negro de la vida y la muerte, tolerado por el Gobierno y solapado por autoridades.
Incluso existe una cadena mafiosa, al estilo del crimen organizado, que vincula a médicos con los mercaderes de recetas, medicamentos y equipos; con el mercado negro de cotizado oxígeno y hasta de camas de hospital.
Un concentrador de oxigeno con capacidad para 5 kilos, que antes de la pandemia costaba 12 mil pesos, hoy lo venden –si es que está en existencia– en 60 mil pesos.
Hoy, cremar el cuerpo de un ciudadano muerto por Covid-19, es más caro que una operación de alto riesgo antes de la pandemia.
El negocio redondo entre hospitales privados y aseguradoras; pingüe negocio que deja en la ruina a miles.
Duele decirlo, pero es la verdad; desde el presidente López Obrador, pasando por su Gobierno, por las instituciones del Estado y por los poderes Legislativo y Judicial, hoy todos lucran con la vida y la muerte de los ciudadanos.
Y es que en tiempos electorales, hasta los muertos votan.
Al tiempo.
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