En la antigua Roma, cuando un general desfilaba victorioso por las calles, un siervo caminaba a su lado y le decía repetidamente “recuerda que eres mortal”, para que no olvidara que el poder es efímero; era un llamado para contener la desmesura que provoca el éxito y que posteriormente suele desembocar en abusos de poder.
En México cómo nos ha hecho falta ese personaje o institución que les recuerde a los presidentes en turno que son mortales -aunque se crean la medida de todas las cosas-, que el poder acaba y que simplemente no pueden, no deberían hacer lo que quieran cuando les venga en gana.
Todo esto a colación de un suceso extraordinario el pasado martes 10 en la Cámara de Diputados. Porfirio Muñoz Ledo les gritó lambiscones a sus compañeros de la 4T que se someten en automático a todo lo que disponga Andrés Manuel. Eso, lo llamó Porfirio, es la dictadura del silencio.
Y tiene razón, nadie le dice NO al Presidente, nadie le advierte que si bien muy honesto y bien intencionado, es humano y puede cometer errores. No, nadie, ni en su Gabinete ni en ningún lado se atreve a cuestionar las decisiones de Andrés Manuel.
Asunto grave. Bien apunta el tapatío Diego Petersen: alguien le debería decir al Presidente que lo que está en juego no es su popularidad sino el presente y futuro del país y que si bien eso de administrar la esperanza de un pueblo que lo sigue y quiere es parte del arte de gobernar, también lo es el enfrentar los golpes de la realidad y entender que ésta no cambia solo porque es su voluntad.
Si, cómo nos hace falta alguien que le diga que no todo es como lo imagina y que tiene la altísima responsabilidad de velar por la seguridad de todos los ciudadanos… y le haga entender que ya es francamente preocupante la pasividad con que reacciona ante la pandemia del coronavirus.
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