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Coahuila

La peluquería de Los Bajos del Hotel Coahuila

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 2 dias

En el sótano de los bajos del Hotel Coahuila, había una cantina y una peluquería. La cantina era administrada por don Álvaro Pequeño y la peluquería por don Juan de León, ahí donde aprendió a “peluquear” don Benjamín Siller Martínez, quien siendo hijo del famoso peluquero de Matamoros y Múzquiz, don Francisco Siller Oyervides, ocupó el modesto cargo de bolero de la pomadosa peluquería de Los Bajos, donde sólo figuraban las tijeras de don Juan de León, de don Lupe Flores y de don Evaristo Ochoa.

Benjamín llegaba muy temprano a los bajos del famoso Hotel y Banco Coahuila, en la confluencia de las calles Victoria, Allende, Morelos y Juárez. Con el devenir del tiempo, el joven Siller cobró experiencia y clientela en el antiguo oficio de arreglar la cabellera, la barba y el bigote de los varones, y algunos clientes le tuvieron confianza, así que al poco tiempo dejó de bolear y se hizo cargo de un sillón.

La peluquería de Los Bajos era frecuentada por políticos, profesionistas, empresarios y periodistas, así también por músicos.

Por ahí desfilaron los gobernadores Ignacio Cepeda Dávila, su primo Román Cepeda, así como los presidentes municipales de Saltillo Evelio González, Carlos de la Peña, Eduardo Dávila Garza; igualmente Óscar Flores Tapia, cuando todavía no era nada; el corresponsal de varios periódicos en Saltillo, don Alfredo de León; los periodistas locales Benjamín e Isauro Cabrera; el señor Carmelino Delgado, los doctores Fito Garza, el padre Carlos López, su hermano Efraín, dueño y fundador de la XEKS; el ingeniero agrónomo Rubén Castro Estrada, y hasta el temible jefe de la Policía Secreta Estatal, Santana Jiménez, quien a pesar de su hombría no podía con doña Cheba, su esposa.

La picota criminal acabó con el bello edificio del Hotel Coahuila, allá por la década de los 70 del siglo pasado. Ninguna autoridad ni estatal, ni local pudo detener la criminal actitud del poderoso “don dinero”, el señor Gabriel Alarcón, dueño de vidas y hacienda, residente del antiguo Distrito Federal, hoy Ciudad de México, pues era socio mayoritario de Bancomer y dueño del edificio. El pretexto fue que estaba muy deteriorado y no ofrecía seguridad a sus ocupantes. Era gobernador entonces el lagunero Braulio Fernández Aguirre y alcalde de Saltillo, el parrense Roberto Orozco Melo.

Siller ocuparía diferentes lugares, ya como propietario de su peluquería. Terminó cortando el pelo en la colonia Bella Vista.

 

La anécdota

Los clientes de la cantina y peluquería del antiguo Hotel Coahuila entraban “por su propio pie” bajando las gradas del sótano por la calle Victoria, y algunos ya ebrios salían “a gatas” por las gradas para ascender a la calle Juárez. Lógico es suponer que había dos entradas y salidas del famoso edificio.

 

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