Las elecciones en nuestro país se convirtieron, en los hechos y desde hace décadas, por no decir que desde siempre, en esa piedra con la que los ciudadanos nos tropezamos una y otra vez, sin aprender que realmente somos peones en un juego en el que los personajes en turno “administran” espacios de poder y nada más.
Ya sea cada tres años, para elegir a alcaldes, diputados federales, algunos, gobernadores, o cada seis, a Presidente y senadores, los mexicanos experimentamos, en campaña, un ejercicio puro de manipulación y mentiras, en las que se exacerban las confrontaciones y se invita a los ciudadanos a envolverse en banderas ideológico-partidistas, para dar un gran salto al vacío.
Pero, la gran lección que no terminamos de aprender es que, una vez superada la etapa de las urnas y el posterior y breve intercambio de quejas e impugnaciones, las aguas del poder vuelven a su nivel: el de la simulación, en el que los grupos dominantes negocian las tajadas del pastel.
Ahora resulta que como no le dieron los números para alcanzar mayoría calificada en San Lázaro, el Presidente plantea “acercar” a diputados del PRI y otros partidos para sacar adelante las reformas constitucionales de gran calado.
Sí, “acercar” a los que calificó de corruptos, conservadores que tanto daño le hicieron al país. Y los aludidos, los que acusaron al Presidente de estar destruyendo al país, pues aceptaron.
Ese impresentable del líder nacional el PRI, Alejandro Moreno, “Alito”, dice que aceptan negociar, pero eso sí, no en lo oscurito. Vaya farsa. Al final del día resulta que los “buenos” y los “malos” bailan y se dan la mano.
Si usted es de los que se cegó por la retórica polarizante y se envolvió en la bandera de alguno de estos bandos, pues, aparte de la vergüenza que debe sentir hoy, que le sirva de lección y que en la próxima contienda electoral no se vuelva a reducir a mero peón en un juego que en su esencia no es más que de mentiras y manipulación.
El poder, hoy, es el fin que justifica todos los medios, y eso, por nuestro bien, debemos entenderlo de una buena vez y para siempre.
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