Las rupturas en el PRI de Coahuila han ocurrido siempre en el cambio de Gobernador. El fenómeno volverá a repetirse en la sucesión de Miguel Riquelme ante la negativa del diputado Jericó Abramo Masso a aceptar la candidatura exprés del exalcalde Manolo Jiménez Salinas —en campaña desde hace al menos dos años, ahora como secretario de Desarrollo Social— sin considerar otras opciones ni tomar en cuenta a la militancia. Columnas y medios de comunicación de la capital del país dan por sentada la renuncia del presidente de la Comisión de Turismo al PRI y su postulación por otro partido, aún sin definir. Abramo ha reiterado su deseo de ser Gobernador y responsabiliza a la «cúpula» de impedir su participación en igualdad de condiciones.
El magistrado de la Suprema Corte de Justicia, Atanasio González Martínez, fue el primero en dimitir al PRI por falta de democracia en los procesos de selección de candidatos, cuando el presidente ya había dejado de hacer las designaciones. Respetuoso de la «sana distancia» entre él y su partido, Ernesto Zedillo abrió el juego y no impuso gobernadores. Unidad Democrática de Coahuila postuló a González en 1999, pero solo obtuvo el 2.23% de los votos. Enrique Martínez (PRI) captó el 59.5% y Juan Antonio García Villa, de la alianza PAN-PRD-Verde-PT, el 33.7por ciento.
En la elección previa (1994), Martínez amagó con buscar la nominación fuera del PRI (como hoy lo hace Jericó Abramo), en protesta por la imposición centralista de Rogelio Montemayor, animado por Ricardo Monreal, quien, en una situación análoga, se afilió al PRD y ganó el Gobierno de Zacatecas. La candidatura de Martínez volvió a estar en duda en 1999, pues no era el favorito de la cúpula.
El periodista Julio Hernández López advirtió en su columna «Astillero»: «El riesgo de una nueva escisión priista ha sido generado por la insistencia del gobernador salinista Rogelio Montemayor Seguy de hacer candidato a sucederlo a Jesús María Ramón Valdés, un empresario de Ciudad Acuña que se ha caracterizado por la promoción de maquiladoras» (La Jornada, 25.02.99).
Martínez y sus operadores en Ciudad de México, algunos de ellos cercanos al presidente Zedillo, lograron que el PRI resolviera la candidatura de Coahuila por medio de una consulta a la militancia (la primera en el estado). En el proceso participaron, Jesús María Ramón y Braulio Fernández Aguirre. El primero ganó con facilidad la competencia interna y la elección constitucional. La sucesión de 2005 también fue escabrosa por la irrupción del moreirato. Cuando el Gobernador quiso retomar las riendas tras su intento fallido de ser candidato a la Presidencia, el clan ya se había adueñado de la situación e incluso amenazó con postular a Humberto por el PRD, partido adicto a los Moreira.
Jericó Abramo es hoy la piedra en el zapato del PRI y del Gobierno. Su autodestape en las redes sociales y sus críticas a la cúpula por el madruguete en favor de Jiménez Salinas, enfadó al poder. En las últimas semanas había bajado de perfil. En los videos recientes informó de sus intervenciones en la Cámara de Diputados y de sus giras para promover los pueblos mágicos como presidente de la Comisión de Turismo.
La calma presagiaba tormenta. El repliegue era estratégico. Después de haber pasado el Rubicón, cual en otro tiempo lo hizo su abuelo Jorge Masso, Jericó preparaba su siguiente jugada: defender la libertad de expresión e ir contra el cerco mediático.
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