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La rebelión del propósito: el dilema del proveedor ante el espejo del despido

Por JC Mena Suárez

Hace 6 horas

En el corazón del clúster industrial, el fin de una relación laboral suele leerse en clave de pérdida financiera. Sin embargo, para miles de trabajadores, el cheque de liquidación es el primer capital disponible para rescatar una vocación secuestrada por el deber. ¿Es hora de volver a la fila del reclutamiento o de abrazar, finalmente, el instrumento propio?

En las ciudades que respiran al ritmo de los turnos industriales, como Saltillo y Ramos Arizpe, el trabajo no es sólo una actividad, es una identidad. Durante décadas, hemos construido una narrativa de éxito basada en la resiliencia del “proveedor”: el hombre o la mujer que se levanta antes del alba para alimentar una maquinaria que, a cambio, le devuelve la seguridad de un techo y una educación para los suyos. Es un pacto noble, pero a menudo tiene una cláusula silenciosa y devastadora: la postergación indefinida del ser.

Hoy, mientras 2026 nos presenta una sacudida en los mercados laborales y el reajuste de gigantes automotrices desplaza a miles de sus puestos, surge una pregunta que no aparece en los censos de la Secretaría del Trabajo: ¿cuántos de esos miles estaban realmente en el lugar que les apasionaba?

 

El espejismo del retiro

A lo largo de dos décadas cubriendo la economía de esta región, he escuchado una historia que se repite con una frecuencia melancólica. Es la historia del profesional -un médico, un ingeniero de calidad, un contador- que confiesa su verdadero plan de vida en voz baja: “Cuando me retire, compraré un rancho”, “Cuando termine aquí, pondré una nogalera”, “Algún día volveré a criar ganado”.

Es el mito del “retiro salvador”. Hemos aceptado, como sociedad, que la felicidad y la realización personal son premios de consolación que se reclaman después de los 60 años. Vendemos nuestra energía vital al postor que garantice la estabilidad, enterrando bajo el concreto de las naves industriales el deseo de pintar, de cultivar o de crear. Pero el retiro es un horizonte que a veces se aleja, y el costo de esa espera es un desgaste del alma que ninguna liquidación puede compensar.

 

La tiranía de la proveeduría

No obstante, no podemos permitirnos el romanticismo ciego. El 72% de los empleadores en México no encuentra el talento que necesita, y esa escasez ejerce una presión brutal sobre quienes buscan empleo. El miedo es un factor económico real. Para el padre o la madre de familia que hoy tiene en sus manos el finiquito de una empresa como General Motors o Stellantis, la urgencia de proveer es un mandato que silencia cualquier anhelo de cambio.

En México, el rol del proveedor es casi sagrado. Es un acto de sacrificio que sostiene el tejido social, pero que a menudo se convierte en una prisión de oro. Estar en un empleo donde no se está a gusto, donde el lunes es una sentencia y el viernes un indulto, erosiona la salud mental y la productividad sistémica. Un trabajador que sólo está presente por el sueldo es un trabajador que no innova, que no propone y que, ante la llegada de la Inteligencia Artificial, se vuelve el activo más prescindible de la cadena.

 

La reconversión: más allá de lo técnico

El Gobierno y las cámaras empresariales hablan hoy, con justa razón, de la reconversión laboral. Se ofrecen becas para aprender inglés, programación o manejo de la maquinaria pesada. Es una respuesta técnica a un problema de mercado. Pero la verdadera reconversión que necesitamos es la emocional.

Si usted ha sido despedido, tiene ante sí un capital que es mucho más que dinero: tiene tiempo y tiene un punto de quiebre. La liquidación puede ser vista como el fin de una zona de confort o como el capital semilla de una nueva autenticidad. Es el momento de auditar no sólo la cuenta bancaria, sino el inventario de talentos.

Mónica Flores, de Manpower Group, señala que las empresas están dispuestas a pagar hasta 20% más por personas que sepan hacer lo que el negocio requiere. La gran oportunidad de este 2026 es descubrir que lo que usted “quiere hacer” -ese proyecto de arte, esa pequeña consultoría, esa nogalera a escala- es exactamente lo que un nicho de mercado está esperando. El 80% de la economía nacional se sostiene gracias a las Pymes; quizá su “rancho” no sea un sueño de retiro, sino la empresa que debe fundar hoy.

 

El riesgo de volver a lo mismo

La desesperación es mala consejera. La tentación de correr hacia la primera vacante disponible, aunque sea en una industria que nos asfixia, es enorme. Pero si no aprovechamos este paréntesis para reflexionar, terminaremos en la misma fila del descontento en que estábamos ayer.

El sistema nos ha educado para la obediencia y el cumplimiento, para ser “cumplidores de obligaciones”, como advierte Pedro Noguera. Pero el futuro pertenece a quienes desarrollan “agencia”, a quienes son capaces de resolver problemas porque les importa la solución, no sólo el cheque.

 

Remate: es hora de elegir el instrumento

La industria de Coahuila se transforma. Los motores de combustión ceden su paso a los eléctricos. Las manos se apoyan ahora en algoritmos. En este cambio de paradigma, la pregunta para el trabajador es: ¿se va reconvertir sólo para ser un engrane más moderno, o se va a transformar para ser el dueño del propósito?

No espere a que la vida se le escape entre reportes y líneas de producción para buscar su nogalera. Mire sus manos y busque su instrumento, puede ser una herramienta, una pluma, un pincel o una idea de negocio. Si al final de su jornada no siente el impulso de abrazar lo que hace, entonces todavía no ha encontrado su lugar.

La felicidad no es un rancho al final del camino, es la certeza de que, incluso en la crisis, usted ha elegido dejar de sobrevivir para empezar, finalmente, a vivir con gusto. Coahuila no s´lo necesita empleados; necesita seres humanos apasionados. Y esa pasión empieza con el valor de no volver a aceptar un empleo que le robe el alma.

 

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