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Coahuila

La sastrería de antaño, rentable negocio

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 2 años

Tere Costilla fue la primera mujer que ingresó a la locución en Saltillo, cuando el oficio sólo era para varones. Adquirió la dicción o sea el buen decir de las palabras, y aunque poco tiempo ejerció en una cabina de radio, el aprendizaje le sirvió para ser contratada en eventos especiales. Su timbre de voz esinconfundible.

Hubo una época en la historia del Saltillo de mediados del siglo pasado, en que un oficio o un arte como la sastrería daba para vivir cómodamente y hasta para ahorrar. Era tanta la demanda de trajes a la medida que había hasta tres negocios de ese tipo en un par de cuadras de la calle de Xicoténcatl, entre Pérez Treviño y Victoria, recuerda la maestra Tere Costilla, la mayor de las tres hijas, (Tere, Juanita y Lupita) de don José Trinidad Costilla Duarte, maestro del antiguo oficio del “alfayate” y de doña Basilia Blanco Mendoza.

La vida de estos personajes está llena de anales o relatos que nos llevaría páginas enteras de crónicas o memorias, sucesos que marcaron para siempre a la profesora María Teresa Costilla Blanco, quien desde niña se adentró en este emocionante episodio y del cual nos cuenta una parte de él.

Don José Trinidad Costilla era originario de la comunidad Doctor Arroyo en el estado de Nuevo León, del cual emigró en busca de mejores oportunidades y se instaló en una sastrería por la calle Xicoténcatl, entre Aldama y Pérez Treviño, que daba ocupación a varios operarios, unos especialistas en el pantalón o el chaleco y otros en el saco. En el mes de diciembre se acumulaba el trabajo.

En la misma arteria había otros sastres como don Sotero Bautista o la pequeña empresa Trajes Modernos. Había una peculiaridad en que el señor Costilla, no sólo armaba la prenda de vestir, sino que vendía al casimir, que mediante muestrario daba opción al cliente a escoger la tela y él la pedía a la gran tienda Casimires Mundiales que aún existe en la calle Isabel La Católica de la ciudad de México.

Ahí mismo adquiría las “habilitaciones”, o sea las artícelas, para los forros, cordones para los ojales, la guata para las hombreras, hilos y demás utensilios para el meticuloso oficio.

Los clientes de don José Trinidad eran distinguidos ciudadanos, como el profesor Ildefonso Villarello Vélez y sus tres hijos doctores: Ildefonso, Rodolfo y Raúl, incluso el esposo de la hermana de estos, Amina, el profeso, Pacout, así como el empresario Antonio Martínez, el abogado y político saltillense Juan Pablo Rodríguez Galindo, entre muchos otros que preferían mandar hacer su ropa con el señor Costilla, quien como los sastres antiguos vestía meticulosamente traje y corbata y sus zapatos lustrosos.

En ese período de tiempo, los habitantes de Xicoténcatl en el área de la casa de la Familia Costilla Blanco se distinguían por la amistad y la camaradería, hechos históricos en él acaecidos y por sus formas de vida. Así convivían los Costilla con las familias, como los dueños de la paletería RYM (Rogelio y María), la de don Carlos Ordóñez, propietario de la famosa revistaría Blanco y Negro, Lupita Ávila, los padres de Robertito Guajardo, los de don Marín Treviño, famoso abogado saltillense, Eduardo Caballero y Esperanza Fuentes, esta última tía de Rubén Aguirre Fuentes, “El profesor Jirafales”, María Cordero de Arizpe, mamá del maestro y locutor Miguel Cordero Arizpe, del matrimonio Miguel Núñez y Jesusita Castillo, en esas dos o tres cuadras había una de las mejor surtidas dulcerías de la región La Iris, de don Ricardo González, lo mismo que la Cantina de Xicoténcatl y Pérez Treviño, que la gente identificaba como la cantina del Bobby, porque así decía en el piso. En esa misma arteria los billares La India Bonita.

La buena administración y los ahorros le permitió a don José Trinidad comprar la casa que, por más de 40 años, habitaron las Costilla Blanco y otras dos más.

El señor Costilla era un tipo alto, corpulento, quien de acuerdo a su tamaño usaba herramientas mas grandes que lo común, Tere su hija mayor guarda unas enormes tijeras de fierro, que miden 32 centímetros de largo y pesan más de medio kilo, con las cuales hacia los cortes de los moldes en papel y la propia tela con que habría de confeccionar los trajes.

 

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