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Coahuila

La señorita Alcalá

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 8 meses

De figura menudita, estructura delgada, pero fuerte y de recia personalidad, la señorita Alcalá decidió seguir la carrera que descubriera Florence Nightingale cuando regresó de la Guerra de Crimea como una heroína, donde atendió a los heridos de dicha conflagración.

O Refugio Esteves Reyes, conocida como “Madre Cuca”, pionera en la atención a heridos durante la Revolución Mexicana. O de Lolita Tamaño, pionera de la enfermería que tuvo Saltillo.

Guardando todas las proporciones, la señorita Alcalá no fue a los campos de batalla a salvar vidas, pero sí se desempeñó por más de 30 años a atender al prójimo en cuerpo y alma. Para ella no había, ni hay, ni habrá otro quehacer como la enfermería.

“Su campo de guerra” fueron los hospitales uno y dos del Instituto Mexicano del Seguro Social de Saltillo, donde, con vehemencia, dedicó los mejores años de su vida para cumplir con una misión a la que pocas o pocos han sido escogidos, y tanto apego tuvo por su profesión que prefirió no casarse ni tener hijos, para que no hubiera impedimento alguno en cumplir con su misión humanitaria.

De regular estatura y delgada, de mirar candoroso y escudriñadora, Urbana Alcalá Ayala es la personificación de la buena enfermera, su candor y su entrega en el oficio que descubrió la inglesa-italiana Florense Nightingale, le hicieron ocupar un sitial muy importante entre sus compañeros desde la carrera hasta su desempeño en bien de la humanidad. No sé cuántos reconocimientos tuvo, pero de lo que sí estoy seguro es que recibió la aceptación de médicos, enfermeras y personal administrativo y manual de las instituciones donde laboró.

Terminada la secundaria buscó un buen colegio para continuar con su preparación. Ella quería ser maestra, pero desafortunadamente no pasó el examen de admisión, y siguiendo los consejos de una famosa vecina, Belén, muy popular en el Saltillo de no hace muchos ayeres, es que se inscribió en la Escuela de Enfermería de la cual era director y maestro don Santiago Valdés Galindo.

Desde el principio se adentró en los conocimientos de las ciencias básicas (anatomía, fisiología, etc.), las habilidades técnicas para la atención del paciente, el conocimiento de la terminología médica, la ética profesional, y el conocimiento de las leyes y regulaciones relacionadas con la atención médica. Además, en la aplicación de los principios de la práctica clínica, la atención y la comunicación efectiva con los pacientes y el equipo de salud.

Había dos carreras en dicha escuela, la de partera y enfermera, ella optó por la última. Sus maestros, algunos de los que posteriormente fueron sus superiores en el área hospitalaria y de atención al público, fueron Juan Gallart, Gonzalo Valdés, Felipe González Puente, Carlos Cárdenas, entre otros.

Varios cargos fueron los que ocupó desde poner vacunas, hasta atención a pacientes en terapia e instrumentista en el área de cirugía. Guarda muy gratos recuerdos de sus compañeros enfermeros o médicos. Anécdotas las tiene por cientos como para llenar un libro. Se enfrentó a muchos problemas, sobre todo por la agresividad de algunos enfermos y sus familiares, que llegaron hasta tocarla, pero ella no guarda rencor, sino comprensión porque como dice “pónganse en el lugar de ellos”.

Le pregunté estúpidamente: ¿Las enfermeras y los doctores, sufren cuando se les muere un paciente?, su respuesta fue tajante, pues claro, “el propósito es que no se te muera nadie y sufres y lloras en silencio ante su partida, pero además no encuentras cómo decirles la verdad a los familiares. Es muy doloroso, dramático y muy fuerte”.

La señorita Alcalá tuvo que “hacer sala de espera” un año, durante los días hábiles en el sindicato de trabajadores del Seguro Social cuando era el líder el doctor Carielo, hasta que por fin se condolieron y le dieron un puesto primero en la Clínica Hospital 1 del IMSS en Saltillo. Se cumplía por fin su deseo de servir a los demás sin cortapisas, sin trabas, ni limitaciones.

Creo, sin temor a equivocarme, que en la señorita Alcalá hay un ángel, muy querida y respetada por sus padres don Pedro Alcalá y doña Celia Ayala, y entre sus 10 hermanos, así como la gente que la trató y la sigue frecuentando. Recientemente la señorita Alcalá cumplió 70 años y fue festejada cariñosamente por sus allegados.

¡Gracias “Vanita”! por tu incansable esfuerzo para marcar la diferencia en la vida de los demás. Gracias por tu dedicación a la sanación y el consuelo, especialmente durante tiempos difíciles, y gracias por dedicar una buena parte de tu vida a esa labor tan humana. Y gracias por seguir sirviendo a tu familia.

 

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