Amigas y amigos, hace un par de meses, comentaba que la crisis sanitaria la tenemos que resolver todos, el Gobierno mexicano, sigue sin presentar un plan de acción que le permita vislumbrar al país cómo superar el enorme reto por delante en materia económica.
Así que tendremos que ser nosotros como sociedad quienes busquemos e implementemos nuestras alternativas, y no serán estos los únicos asuntos que nos ocupen de la mano a la crisis sanitaria y una eventual recuperación en todos los sectores a través de la reactivación económica, con una nueva cultura ambiental, donde el respeto al medio ambiente ha dejado de ser la causa de algunos, para posicionarse como factor imprescindible para la subsistencia de la humanidad, en una suerte de perspectiva sustentable.
De esta forma, en mayo el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) presentó un documento con 68 recomendaciones para el Acuerdo Nacional para la Recuperación Económica, lo que, por supuesto no ha tenido eco, pese a este contexto la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) a través de su dirigente, ha declarado recientemente –que se buscará un acuerdo nacional sin el Presidente– señalando que es primordial conservar los empleos, antes que pensar en crear nuevos.
No es de soslayar que el manejo de la crisis sanitaria, ha estado plagado de discursos accidentados, por no decir confusos, que solo reiteran la falta de capacidad –o un Gobierno ausente– no solo en el rubro de Salud Pública, sino paralizado en un escenario de creciente inseguridad, como el atentado de la mañana del viernes en la Ciudad de México, con la firma del crimen organizado, contra el secretario de Seguridad Ciudadana, Omar García Harfuch, precedido por la ejecución del juez federal Uriel Villegas Ortiz en Colima, hecho que cimbró a la Suprema Corte de Justicia de la Nación en días pasados, sin dejar de mencionar el operativo en Guanajuato, que derivó en bloqueos en carreteras y autos quemados hace una semana.
Es de celebrar en primer lugar, que el licenciado García Harfuch se encuentre bien, también es notable la celeridad con la que se ha presentado al autor intelectual de este deleznable atentado, pero esto no es el resultado de una estrategia exitosa, porque hasta hoy, sigue siendo notable también la tradición de una larga lista de asuntos sin resolver en materia de seguridad.
Y para no desentonar, esta semana el titular del Ejecutivo, no tuvo reparo en señalar que “aunque se quiere cambiar el rol de las mujeres, como una de las causas justas del feminismo, la tradición en México es que las hijas son las que más cuidan a los padres, nosotros los hombres pues somos más desprendidos” dijo el Presidente.
Y es que el comentario, no es comentario, porque es cierto, parece que los hombres en este país son más desprendidos, será por eso que no se cuida de las hijas de México, lo mismo que su opinión no existe, si se trata de disentir. Por eso llama la atención que, en este mes de junio, cuatro funcionarias del Gobierno federal presentaron su renuncia.
Mónica Maccise, titular del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), presentó su renuncia “personal y voluntaria” luego de la polémica desatada al convocar al foro virtual “¿Racismo o clasismo en México?”, mismo que fue cancelado debido a que se invitó a participar al youtuber, Chumel Torres, causando la –manifiesta molestia– de la pareja presidencial.
Mara Gómez Pérez, directora de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) renunció, señalando que la institución perdió su vocación humanista.
Asa Cristina Laurell, subsecretaria de Integración y Desarrollo de la Secretaría de Salud, reveló en entrevista que, durante meses, fue excluida prácticamente de las decisiones en el sector salud. Ahora, trascendió, que la titular de la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim) Candelaria Ochoa Ávalos, deja el cargo por “diferencias”.
No se trata de cuatro colaboradoras que se pueden ir si así lo quieren, se trata de cuatro funcionarias que no encontraron, ni las condiciones ni el margen para disentir, porque esa (según algunos) aún es –o les gustaría que siga siendo– la tradición en México.
Les agradezco su lectura nos volvemos a leer la próxima semana.
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