El promedio de vida de los mexicanos ha aumentado considerablemente: en 1930 la esperanza era de 34 años, y 80 años después la población tenía expectativas que frisaban los 75 años; en ese lapso la edad se incrementó 41 años (Inegi). Gracias a los adelantos experimentados en la ciencia médica y a la creación de instituciones de salud pública, como el IMSS, se ha podido atender, particularmente a los niños y a los adultos en edad productiva, con políticas públicas sanitarias formuladas por los gobiernos postrevolucionarios.
El resto del mundo no es ajeno al progresivo crecimiento etario de personas mayores de 60 años, hasta en los países con menor ingreso per cápita del planeta se ha visto reflejado el avance demográfico, por supuesto, con indicadores inferiores a los alcanzados por las economías desarrolladas.
La vejez desde la perspectiva moral. El aumento mundial de la longevidad en los seres humanos ha planteado dos paradojas que muestran el intrincado y sensible ámbito del adulto mayor. 1) La búsqueda incesante del hombre por la eterna juventud, que destina recursos para adquirir tratamientos dietéticos, medicamentos y cosméticos anti-edad, sin descartar la opción de cirugías faciales y corporales que logren rostros y cuerpos juveniles; pero una vez que se llega a la vejez, la misma sociedad embelesada en tratar de vencer a la muerte o al menos aplazarla, margina a los viejos y los castiga con el abandono y el olvido.
El máximo jerarca de la Iglesia católica y miembros de la curia romana han hecho fuertes y certeras denuncias sobre el trato que reciben los ancianos de sus familiares e instituciones de retiro y médicas, ante la pérdida de su independencia motriz y el quebrantamiento paulatino de su salud. Utilizando figuras del lenguaje o frases llanas, los clérigos han dicho: “Los viejos acaban siendo almacenados en una residencia de ancianos como un abrigo que se cuelga en el armario durante el verano”; “la marginación de los ancianos -tanto conceptual como práctica- corrompe todas las estaciones de la vida, no solo la de la vejez”.
2) La otra contradicción la observan científicos y académicos que estudian la gerontología en personas que tienen 100 o más años, que de acuerdo con la ONU, en 2021, calculaba que había 621 mil individuos en el mundo en ese rango de edad. Al estudiar a grupos (muestras) de centenarios y súper-centenarios, encontraron que el alargamiento de días vividos no era porque llevaran una vida disciplinada en cuanto a alimentos y ejercicio, por el contrario muchos de ellos eran fumadores y fueron obesos sin ejercitar el cuerpo. Si bien es cierto los trabajos han sido solo muestras de personas, aun así despiertan el interés en los médicos geriatras por seguir investigando las causas de la prolongada vejez en el hombre.
La vejez desde la perspectiva económica. Se estima que, en promedio, 16 años antes de expirar los caballeros pasan ese periodo con algún padecimiento en su salud física o mental; en las damas se prolonga por ser más longevas, hasta los 19 años. La larga ausencia de salud ha representado una onerosa carga financiera para los gobiernos en los rubros de los sistemas de pensiones, por ello especialistas en la materia como economistas, actuarios y médicos han planteado que el costo económico de la vejez se puede paliar ralentizando la llegada de enfermedades en el hombre, a través de concienzudas campañas de prevención entre niños y adultos. Mientras el adulto mayor goce de buena salud, podrá incorporarse a la actividad productiva aprovechando su experiencia y sabiduría.
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