Estimados lectores que Dios bendiga sus vidas, reciban un cordial saludo. A lo largo de nuestras vidas hemos venido escuchando diferentes conceptos, doctrinas e ideas que de pronto se ponen de moda en la sociedad, incluso, muchas de ellas parecen ser tan reales que al final no sabemos por cuál de ellas decidirnos, porque ya no es tan fácil distinguir la verdad de la mentira.
Desde la aparición de hombre en la tierra nos hemos esforzado por encontrar la verdad. La palabra verdad se define como aquello que es real, auténtico, cierto, legítimo y genuino.
Decimos que un conocimiento es verdadero cuando expresa las cosas tal como son, por tanto, la verdad no debe ser objeto de manipulación porque no depende de los gustos, de los intereses o de las modas; la verdad no debe subordinarse a lo que es “políticamente correcto”, tampoco debería modificarse para agradar a un grupo poblacional en particular.
Las cosas son como son y nuestro conocimiento solo es verdadero si se ajusta a la realidad original de las cosas, al diseño original del Dios creador de todo el universo.
A la luz de las Escrituras, Adán fue el primer hombre que conoció el verdadero propósito de su vida en la tierra, en Génesis 1. 26-31, enseña claramente que:
1) Los seres humanos fuimos creados por Dios, por lo tanto, no somos producto de la evolución de las especies, de las bacterias o de los microbios; nuestro origen no proviene de semillas insertadas por seres galácticos o extraterrestres. No somos producto de una explosión cósmica; Tampoco somos el resultado de la última mutación de una especie de orangutanes. Nuestra verdadera identidad corresponde a la imagen y semejanza del mismo Dios, de su Hijo Jesucristo y de su Espíritu Santo; las Escrituras también nos enseñan que Dios nos dio gobierno sobre todas las cosas creadas.
2) Fue el propio Dios quien creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios nos creó, varón y hembra nos creó; por tanto, toda ideología diferente a estos principios contradice las Escrituras y por ello son ideas y doctrinas falsas. El Evangelio de San Juan capítulo 8, versículos 31 a 32 nos muestran lo que el propio Señor Jesucristo declaró acerca de la verdad: “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”, más adelante, en el capítulo 14, verso 6 también nos dijo: “Yo (Jesucristo) soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”; por tanto, la verdad consiste en conocer a Jesús, el Cristo, el Hijo del Dios viviente, porque él es la verdad.
Lo contrario a la verdad es la mentira, la construcción de una falsa realidad, es toda deformación de la verdad y su origen se explica claramente en el Libro de San Juan capítulo 8, verso 44 que enseña: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él (el diablo) ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira”.
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