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Coahuila

La vez primera que se votó por la revocación de mandato

Por Rodolfo Villarreal Ríos

Hace 3 años

En el 2022, se nos dijo que se efectuaba, en México, un evento inédito. Someter a la consideración de la ciudadanía si el presidente de la república continuaba o no en el cargo. A eso, se le llamó revocación de mandato. Lo que nos dijeron, sin embargo, no fue exacto.  Aquello ya había sucedió en nuestro país en otra ocasión. Esto, no lo sabíamos y nos percatamos de ello por accidente. Permítanos narrarle como ocurrió nuestro hallazgo y la forma en que se dio aquel proceso primero de la revocación de mandato.

 A raíz de nuestro escrito de la semana anterior, dado que no somos expertos en el tema, decidimos irnos a incursionar por la última presidencia de López De Santa Anna. En esa revisión, nos encontramos que este fulano estaba muy preocupado por reafirmar que su pueblo lo amaba. Ante ello, dando una interpretación fiel a los deseos de este sujeto, el Consejo de Estado constituido por veintiún lacayos, perdón, ciudadanos de luces amplias, emitió, el 20 de octubre  de 1854, una circular a “los gobernadores de los Departamentos y jefes políticos de los territorios” para que, el 1 de diciembre de 1854, efectuaran una consulta en entre sus gobernados para que “la nación mexicana” dispusiera “si [López De Santa Anna]  debiera o no continuar rigiendo sus destinos.” Y, en caso, de que la opción fuera por la negativa, señalaran a quien le debería de entregar el mando. 

Ante ello, no faltaron las plumas abyectas, de esas que ya no existen, quienes sintieron la necesidad de plasmar lo grandioso de aquel hecho. Eso ocurrió tanto en las páginas de El Universal, el de entonces que nada tiene que ver con el de ahora, como en el Diario Oficial del Gobierno de la República de lo aparecido en este, nos ocuparemos la semana próxima, por lo pronto vayamos a lo que el primero publicó en una especie de preámbulo al anuncio de los resultados.

Para entonces  El Universal ya no estaba en manos de su fundador el español, Rafael De Raphael y Vilá quien como recompensa a sus servicios había sido nombrado, por López De Santa Anna, como cónsul en New Orleans.  En 1854, tras de haberse encargado de negociar la transacción de La Mesilla, De Raphael regresó a México para vender  todo a José María Andrade y Felipe Escalante quien se convirtió en el editor de ese periódico. Sin embargo, dado que el artículo que revisaremos no tiene firma, aun cuando podríamos suponer que  Escalante fue el autor, lo denominaremos ‘escribano anónimo.’

El 1º  de diciembre de 1854, en la plana principal de El Universal, en la columna primera, aparecía un artículo titulado: “Apelación al pueblo. – Presidencia de la Republica.” Como si se tratara de la segunda visita del Mesías, la pieza iniciaba: “Hoy es el día anunciado para que la nación mexicana emita libremente su voto sobre si ha de continuar rigiendo sus destinos el actual presidente, con la plenitud de facultades que de antemano le tiene concedidas.” Si esas palabras le suenan familiares, le diremos que, también, a nosotros. Pero ahí no paraba todo, se enfatizaba que “A la vista de este espectáculo, nuevo seguramente en la historia, no es posible guardar silencio; se trata de hacer uso, quizá por última vez, de un derecho terrible, cuyo ejercicio es la vida o la muerte; se trata de un rasgo extraordinario de abnegación y desprendimiento, desconocido en nuestros días; se trata, en fin, de la salud de la patria, porque van sus hijos a nombrarse un jefe.” Vaya párrafo, yendo de un bandazo a otro para terminar con que los mexicanos de entonces iban gozosos para convertirse en súbditos de un fulano.  Pero si cree que ya leyó todo, prepárese para el párrafo siguiente. 

El abyecto anónimo, ¿Escalante?, escribía: “Ante todas las cosas manifestamos nuestra admiración por el paso que ha dado su S. A. el presidente.” Aquí, hemos de precisar que esas dos letras mayúsculas  no significaban sociedad anónima sino  Su Alteza. Recordemos que el 16  de diciembre de 1853, el benemérito de la patria, general de división, gran maestre de la nacional y distinguida orden de Guadalupe, caballero gran cruz de la real y  distinguida orden española de Carlos III y presidente de la República Mexicana, tuvo a bien decretar que “el tratamiento de Alteza Serenísima será para lo sucesivo anexo al cargo de presidente de la república.” Pero, retomemos al texto de El Universal zalamero en donde se apuntaba: “Nuevo hemos dicho que es en la historia el espectáculo que hoy ofrece nuestro país; y, en efecto, no se encontrara en los anales del mundo un hecho semejante.” O como diría aquel, ‘chico, se me hace el mar para hacerme un buche.’ Y ya en plena carrera, señalaba: “Un hombre tantas veces aclamado como el salvador de la patria; revestido por ella con una autoridad sin límites; aplaudido por la multitud,  respetado por todas las clases de la sociedad, adulado por lo más excelso que hay en ella, casi adorado por los que siguen la gloriosa carrera de las armas; un hombre que debe sentirse superior a cuanto le rodea, porque no hay voluntad que pueda resistir a la suya, ni una inteligencia que se haya ilustrado con tantos desengaños, ni un corazón que se haya fortalecido con tantos contratiempos; un hombre proclamado  ya tres veces con las formas que se llaman legales, jefe supremo y absoluto de la nación, y cuyo nombramiento han sancionado mil veces las aclamaciones del pueblo, entusiasmado a la vista de esa gloria,  que es una gloria nacional; ese hombre todavía quiere que el pueblo emita nuevamente su opinión y le invita a que  diga francamente cual es la persona a que ha de entregar el mando, en caso de que no sea la voluntad nacional que su S.A. siga ejerciéndole…” Por un momento, nos perdimos y llegamos a creer que estábamos leyendo un texto de tiempos más recientes, pero alcanzamos a recuperarnos y percatarnos que era de 1854. Pero ahí no paraba el derrame de almíbar.

Tras de ponderar que se le permitiera escribir libremente, el autor de la pieza precisaba que “no había necesidad de esto [la revocación], una vez que el país está íntimamente convencido de que S.A. el presidente es el único que puede acabar de salvarnos, porque él es superior a nuestras pasiones, solo él tiene voluntad y firmeza para domeñarlas, solo su brazo es capaz de guiarnos por el buen camino, solo sus hombros pueden llevar el enorme peso del gobierno en una nación consumida y desquiciada por tantas revueltas.” Hagamos una pausa, leer  tanto halago empalaga a cualquiera si se lo toma en una sola cucharada.

 Volvamos a esa melosa prosa de 1854 en donde se argüía que ya era “más que imposible que sea más legitima la potestad que ejerce entre nosotros el general [López De] Santa Anna…” Por ello, aun cuando era “muy justa y muy merecida, pero de todo punto innecesaria para el objeto que podía buscarse en estas votaciones.” Y para que se viera que aunado su amelcochado escrito era producto de la clarividencia de otro, (¿sería De Raphael quien entonces era el propietario del diario?) quien en esas páginas habían publicado el 13 de febrero de 1853, titulado “La Republica necesita un hombre.” En dicha pieza, daba un recorrido invocando a Jesucristo, Moisés, Napoleón, Luis Bonaparte, Washington, Bolívar e Iturbide como los hombres que habían llegado en el momento oportuno para salvar a sus pueblos, vaya mezcolanza de personajes. Pero el objetivo era colocar en suerte esos nombres para, de ahí, lanzarse a proclamar quien era el hombre que, en ese año, México  necesitaba con la  mira puesta en el l futuro. 

Se mencionaba que México requería un hombre “de cabeza privilegiada que comprendiera las necesidades del país…de limpio corazón que ame a su patria…de fuerte brazo y voluntad enérgica…de prestigio e influjo…” y terminaba por preguntarse “¿Dónde está?”  La respuesta vendría más adelante cuando abiertamente mencionaba: “Queremos que sea presidente de la república el general [López De] Santa Anna, porque abrigamos la dulce esperanza de que llevará a cabo la obra de regeneración [las negritas son nuestras, señor editor, por favor, manténgalas] que ha emprendido. Porque deseamos que los mexicanos se acostumbren de hoy para siempre a respetar el centro del poder público y porque estamos persuadidos de que nadie como él puede personificar ese poder omnímodo y tutelar  de que necesitan las sociedades cuando han atravesado largo años de relajación y de anarquía.” Y, comentamos nosotros, nada como un dictador para arreglar todos los problemas.

Pero como osamos mencionar esas nueve palabras previas, López De Santa Anna no era ningun dictador, sino un demócrata quien estaba presto a que su pueblo dictara cuál era su destino. Por ello, le cuestionaba si quería o no que continuara en el cargo. Pero como entonces no había internet, pues ni modo de esperar que por la noche del día primero de diciembre se tuvieran resultados. Así, habían trascurrido seis días desde que se efectuó la consulta, y al diario consentido del lopezsantanismo se  le cocinaban  las habas por dar la buena nueva aun cuando fuera parcial.

El 7 de diciembre de 1854, El Universal tenía como su nota principal  una que se titulaba: “El presidente y los principios.” Esta daba inicio indicando que “por las noticias que se han recibido de los puntos bastantes  cercanos a la capital para que hayan podido llegar hasta nosotros, se sabe que el resultado de la votación del dia 1º han sido favorables a S.A. el presidente.” O sea, los votos contados no iban más allá de los emitidos hasta Cuautitlán. Eso, sin embargo, no importaba al escribano anónimo, ¿Escalante?, quien  a partir de ahí formulaba proyecciones y volvía a empuñar el tarro de miel para verterlo y cubrir de elogios a su alteza.

Continuaba dando por sentado de que el resto de la nación habría de emitir opiniones similares a las mencionadas. En función de ello, escribía que “esto era de esperar, atendido a los gloriosos antecedentes de S.A., el buen sentido de la nación mexicana  y el conocimiento que tienen sus habitantes de los servicios que les ha hecho su augusto jefe.” De ahí a la santificación solamente quedaba un paso. Por si eso no fuera suficiente, la pluma anónima, ¿Escalante?  procedía a reforzar sus argumentos.

Convencido, molécula a molécula sin apodo de título inglés, de que  el votado era un portento de líder, enfatizaba que “el resultado de la votación sobre la presidencia, ¿revela únicamente el inmenso prestigio del general [López De] Santa Anna? ¿Es un triunfo exclusivo de su augusta persona? ¿No dice al país que solo S.A. es capaz de gobernarnos?” Y ya afiebrado el escribano, ¿Escalante? procedió a dar respuesta a sus preguntas. Lo que sigue requiere tener un estomago bien templado para aguantar el nauseabundo aroma que emanan de las palabras escritas en 1854.

Daba inicio dando por sentado que el país entero había salido a ratificar a López. Y aducía que “el triunfo del día 1º ha sido un triunfo del invicto general, si él le ha ganado en las batallas que ha sostenido contra los enemigos de su patria, en los desvelos y sacrificios que se ha impuesto por ella, en los días hermosos de su juventud que la ha consagrado, ora para salvarla de grandes peligros, ora para darle días de gloria.” ¿Pues de que general López  estaría hablando? El protagonista de esta historia acumulaba derrotas o ¿Acaso el fracaso ante la “princesa” Nicolasa, Texas y la mitad del territorio perdidos eran un blasón de honor?  En el primer caso se le atravesó un fulano de su misma calaña, en calidad de hermano celoso; la perdida de medio país no todo era su culpa, la curia católica a cambio de 40 mil dólares le armó la reyerta de los polkos, aun cuando no debemos de olvidar como manejó sus tropas a la hora en que los invasores estaban en las goteras de la ciudad de México. De eso  nadie se acordaba ya que en 1853-1855  estaba en  modo clerical y ahí los tenía a su lado. Aunque, también, se podía alegar que la Batalla de San Jacinto  no la perdió en el campo de batalla sino en otro tipo de refriega en donde la hormona  lo tenía inerme ante el embate de una mulata de nombre Emily Morgan. Tal vez por eso el escribano anónimo, ¿Escalante?, lo llamaba invicto en asuntos militares. Posteriormente, daría paso a ubicarlo más allá de las pasiones de un mortal común.

Pergeñaba “que, si la gloria humana es una verdad, si es cierto que ella es la vida de las almas grandes, preciso es confesar que al general presidente nada le queda que apetecer en la tierra.” O sea que desde la perspectiva de aquel escribano a lo único que podía aspirar el gallero de Manga de Clavo era a ser adorado en los altares en calidad de divinidad. En palabras de aquel fulano, “lo cierto es que este sufragio [el del 1º de diciembre], depositado por tercera vez por la conciencia del pueblo en la urna sagrada de sus destinos; este sufragio, tributado siempre a una misma persona, significa que esa persona representa la soberanía de un  pueblo y los principios por los cuales quiere ser gobernado.” Seguramente, a una gran cantidad de los mexicanos de entonces los deslumbraba el aura casi santificada de López De Santa Anna. En ese contexto, el escribidor anónimo, ¿Escalante?, clamaba que “el pueblo mexicano reconquistó ciertos principios en su gloriosa revolución de 1852 y para que estos principios fueran aplicados, llamó al ilustre general que hoy se haya al frente de sus destinos.” Y las palabras que seguían pareciese que traspusieron la barrera de los tiempos, según el redactor desconocido, “el pueblo tiembla al considerar que pudieran estos principios abandonarse, y que pudieran volver a dominar a nuestro gobierno las máximas trastornadoras que tanta sangre y lágrimas han costado.”  Lo que sigue si que provoca lágrimas, pero de risa.

 En la perspectiva del escribano anónimo, ¿Escalante?, “el pueblo…ha dicho que quiere… [al] general [López De] Santa Anna …No solo porque el general es la mas esplendente gloria militar que nos queda; [triste gloria]  no solo porque es el más valiente, el ,mas generoso, el más enérgico; no solo porque le ama y respeta la multitud y porque no hay otro nombre entre nosotros que tenga la magia de su nombre; no solo por estas razones, sino porque este general es la personificación de los verdaderos principios en cuya aplicación cifra el país sus esperanzas de bienestar y de grandeza.” Pues muy escasas deben haber estado estas dos últimas aspiraciones como para ponerlas en manos de ese sujeto. Pero para el escribano anónimo, ¿Escalante?,  todo eso le parecía poco.

Alucinado, exclamaba: “¡Hermosa gloria en verdad! Que proclamen a uno primero en sabiduría, en fuerza y en valor debe ser muy lisonjero; pero que uno sea llamado por sus conciudadanos para que los conduzca al campo del honor en contra de los enemigos de la patria, será una satisfacción inmensa.” Dado que, según el escribano anónimo, ¿Escalante?,  el que en otros medios era conocido como el “quince uñas,” algo que, por supuesto la pieza no lo mencionaba, estaba acostumbrado a los halagos eso no era ninguna novedad. “Pero ser llamado por todo un pueblo  para personificar en él la verdad religiosa, social y política, para aplicarla a su régimen, para sostener sus fueros y para conducir por este camino a sus conciudadanos hasta el termino feliz al que aspiran todos, esto es lo que ha sucedido pocas veces, y esto hace más esplendida todavía la gloria de nuestro presidente.” Si creyéramos a pie juntillas todo esto, no habría duda de que México había  sido seleccionado para albergar la llegada segunda del Mesías, este proveniente de tierras tropicales ubicadas en el Este. O ¿Seria que la leyenda Tolteca se cumplía y por esos rumbos regresaba Quetzalcóatl?   En esas andaban las plumas aceitadas de aquellos tiempos que no dejaban que la tinta de una frase secara cuando ya estaban delineando la siguiente. porque según el escribano anónimo, ¿Escalante?, “ahora tienen el orden y la paz nuevas garantías, y los enemigos de nuestro reposo no pueden ya contar con pretexto alguno para continuar enarbolando las banderas rebeldes contra el jefe de Estado.”  Y para cerrar espetaba: “El pueblo ha aplaudido su nombre, porque ese voto ha sido un aplauso, una ovación; ¡que Dios ilumine ahora su inteligencia para que pueda realizar todas nuestras esperanzas!” Y dale con amarrar las esperanzas de un pueblo a un pícaro de siete suelas.

Con ese preámbulo, aun habrían de trascurriría 57 días antes de que, oficialmente, se diera conocer el resultado de aquel primer ejercicio de revocación de mandato que ordenó realizar  quien cual  madrastra de Blanca Nieves se plantaba frente al espejo para preguntarle quien era el más querido por su pueblo. Claro que, a la hora de la respuesta, este resultó más previsor que aquella dama mítica. De ello, le comentaremos la semana próxima en lo que fue una de las aventuras del iluminado del Siglo XIX cuyos apellidos eran López De Santa Anna y Pérez De Lebrón a quien varios consideraban capaz de liberarlos de todos los pecados y de proporcionaría felicidad por los siglos de los siglos. Los crédulos del ayer fascinados ante los profetas falsos. Lo bueno es que de esos ya no hay, o ¿Estamos equivocados? [email protected]

Añadido (23. 17.82) Una premisa que usualmente nos repite el economista sinaloense, Sergio Enrique Castro Peña, es: “Quédate siempre con la versión primera, esa es la verdadera…”  Son escasísimas las veces en que, dicha máxima, no resulta cierta.

Añadido (23.17.83) Dado que el objetivo es borrar cualquier rastro de lo que huela a hispanidad, nos preguntamos: ¿Cuándo empezarán a instalar los centros para el recambio sanguíneo en los cuales habrá  de atenderse a todos  los habitantes de este país que quieran purificar su sangre y borrar de su cuerpo cualquier rastro que huela a ibérico? Nos imaginamos que habrán de utilizar equipo muy sofisticado  pues en medio de la mescolanza genética será muy difícil definir cuál es lo correspondiente a español que cada uno porta. Pero, se nos olvidaba, si nuestro sistema de salud está a la altura del de Dinamarca… esquina con Londres, entonces no habrá problema.

Añadido (23.17.84) Quienes gracias a los programas instituidos por el CONACYT tuvimos oportunidad de ir a estudiar al extranjero, lo cual nos permitió prepararnos para lo que venía, y llegó, no podemos menos que descalificar esa aberración aprobada por los diputados trogloditas. Estos, no solamente exterminan una institución, sino que, en materia de investigación científica, en lugar de promover que se realice en función de  lo que vivimos en el Siglo XXI, optan por hacer prevalecer criterios del Siglo XIX en la época que relatamos arriba. Como siempre, confundiendo los numerales romanos algo que es resultado de una instrucción deficiente, de educacion mejor ni hablar.

Añadido (23.17.85) El gallito rebelde mostró, una vez más, que una cosa es lo que se vierte por el pico y otra la que se manifiesta a la hora de la verdad.

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