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La voz de Sofía

Por Guadalupe Loaeza

Hace 5 meses

Hacía un buen rato que no hablaba con Sofía. Confieso que hablar con ella me quita mucho tiempo, además sus teorías sobre la política resultan cada vez más repetitivas. En esta ocasión la escuché con mejor disposición porque de vez en cuando tiene razón.

–Hasta que por fin me contestas. Te he mandado chorros de whats y cero respuesta. Cada vez estoy más desalentada, aburrida, harta de todo lo que sucede en el país. Ahora sí, ya no puedo más. Leer y escuchar las noticias cada vez me parece más tóxico. Lo mismo me sucede cuando oigo o leo la situación política de otros países. Vivimos una era cada vez más incomprensible, decepcionante y absurda. El mundo vive una época de desorden como nunca. Ya no sé si rezar, meditar o hacer que todo me valga gorro. Ya no tengo criterio ni puntos de vista y exprimí toda mi capacidad de discernimiento. ¿Se dice así? Estoy que padezco lo que se llama “burn out”, es decir, un total agotamiento físico y mental. Sí, ya sé, voy a cumplir muy pronto 80 años, que no es cualquier cosa. Si así estoy a los 79, no me quiero imaginar a los primeros ochentas. Joan Manuel Serrat acaba de cumplir más de 80 años y dice algo muy sabio: “Tengo 82 años y me gusta sentirme útil, me rebelo contra un mundo en el que los viejos resultan incómodos”. Exactamente como me siento, incómoda con este mundo tan poco cómodo. Según Simone de Beauvoir la vejez es algo que les pasa a los otros (otras) hasta que de pronto una llega y ya no hay manera de regresar a lo de antes. Por eso voy a organizar una magna fiesta para mi cumpleaños, la cual será como una despedida.

–Ay, Sofía, no, exageras. ¿Por qué tanto drama? La última vez que te vi, en casa de tu hermana, te veías espléndida. Estuviste plática y plática con todo el mundo. Hasta hablaste de cosas sin importancia, sobre Andy. Tranquila. Qué padre que vayas a hacer tu fiesta, te lo mereces. Y ya no pienses en el futuro, mejor piensa en el pasado. O ve películas y series que valgan la pena. Lee, lee, lee. Seguramente pasas demasiado tiempo en las redes.

–Y no me concentro. Me la paso divagando. El otro día soñé que estaba en el Colegio Francés, tratando de resolver un examen, y no podía. Tampoco podía copiarle a mi compañera de al lado. Qué angustia sentía. Este sueño es muy recurrente, será porque siempre fui muy floja en la escuela. O será que me da miedo salir reprobada en la vida. Al menos que pase de panzazo, aunque sea con un seis.

–Mira, Sofía, llegar a los 80 es una experiencia muy compleja, llena de significados que tienen que ver con la biología y también con la historia personal. Créeme, es un acto de resistencia y continuidad. Has sobrevivido a muchas cosas: pérdidas, cambios de época, crisis de toda índole, divorcios y soledades. A tu edad, ya puedes decir lo que se te antoje, puedes consolidar las amistades que de verdad te importan y si quieres, puedes mandar todo al carajo. Tienes tantos recuerdos, vivencias y experiencias. ¿Por qué en lugar de hablar y hablar, no escribes?

–Lo he intentado, pero no me sale.

–Métete a un taller. Hay unos buenísimos.

–Me da flojera.

–Ve más seguido a tus nietos.

–Les doy flojera.

–Haz yoga. Vuélvete budista. Expónle tu caso a la Inteligencia Artificial, a ver qué te dice.

–¿Ya leíste lo que dijo ayer el Papa en su primera encíclica, sobre la IA? Él considera que la Inteligencia Artificial es el mayor desafío que enfrenta hoy la humanidad. También opinó que hay que desarmarla para apartarla de lógicas que la convierten en un instrumento de dominación, exclusión y muerte.

–Tiene razón. Yo desconfío mucho de la Inteligencia Artificial. ¿Dónde quedará la Inteligencia Humana? ¿Dónde quedarán millones de trabajos para los obreros? Y por último, ¿dónde queda el ser humano?

–Sí, es preocupante. Como dijo el Papa: “No serviría de nada una IA moral, si esta moral es decidida por unos pocos”. Tú crees que la IA me va a consolar, acompañar o incluso apapachar.

–Mejor búscate un novio, Sofía, aunque no sea muy inteligente. Y si no lo encuentras, pregúntale a la IA.

–Tú siempre has querido racionalizar todo. Cada vez estás más fría. Qué lástima. Te has endurecido muchísimo. Por cierto, ¿cuándo dices que vas a cumplir 80 años?

Click. Sofía me colgó.

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