Lais, la de Corinto, fue una de las hetairas más famosas, aunque creo que toda esa estirpe de mujeres y trabajadoras sexuales que acabaron de criar y maternar influyeron en los filósofos griegos: ellas son las verdaderas madres del conocimiento que nos ha legado la cultura helénica.
En el caso de Lais, como la mayoría de las hetairas, se la pasaba tratándose de deslindar de las porné o de las otras meretrices. Las trabajadoras sexuales de la antigua Grecia y también en el caso romano, tienen muchas divisiones y categorías, porque el trabajo sexual permitía alguna poca independencia a las mujeres que en esos tiempos estaban destinadas a casarse y también muchas de ellas eran esclavas.
Como sucede en muchos casos, la notoriedad de personajes como Lais, viene otorgada por un señor que la posee o que intenta poseerla. El filósofo Aristipo de Cirene (una región que pertenece a lo que es Libia en la actualidad), fue el fundador de la escuela cirenaica o hedonista, que básicamente se centra en que el bien se trata de conseguir placer. Llegar a un estado de beneficio espiritual gracias a la consecución del placer y también en una independencia de necesidades que ayuden a tener tranquilidad.
Lais era el objeto del deseo de Aristipo, la nombraba como la que posee a todos, sin que ella fuese poseída. Todos los textos que se refieren a ella la definen como una mujer ventajosa que se aprovechaba de la generosidad de Aristipo, quien pasaba dos meses al año con ella, tratándola como reina. Al ser reprendido por gastar tanto en Lais, mientras ella a la vez “se regalaba” a otros, Aristipo decía que él gastaba en ella para disfrutarla, y no para que otro no la disfrutara. Su afán de compartir, el de Lais, era generoso y desinteresado, pero sin duda no poco estratégico, nada mal para la fundadora involuntaria del hedonismo.
El éxito de Lais, como sujeta del deseo y musa erótica de Aristipo, radica en la forma en cómo fue cultivada y a la vez en cómo maternó a sus compañeros y hacia dónde los llevó en sus conversaciones y ejercicios del placer, así como del placer sexual. No es a base de coitos, sino de los sucesos alrededor de la práctica sexual, como la risa, la conversación, lo que se come o se bebe, en muchos casos alcohol y drogas.
Siendo entregada desde muy joven al templo de Afrodita, en donde el trabajo sexual sagrado estaba permitido, se metió de lleno a la vida de hetaira o “prostituta de mega lujo”, mujeres inaccesibles por su estatus intelectual, riqueza y belleza evidente. Aristipo fue de sus principales benefactores, pero contó con una instrucción y educación con Aspasia, quien fuese amante del filósofo Pericles.
Lais de Corinto fue la musa de dos obras de Aristipo, además de que inspiró a personajes del Marqués de Sade, como en el caso de Lais, la amiga libertina de Juliette en una de sus novelas. Pese a que Aristipo gozaba de la compañía de muchas trabajadoras del sexo, Lais fue siempre su favorita.
Pero la base del hedonismo, de la búsqueda de los placeres en el presente para estar en ellos y a la vez procurarles en otros, pervivió en la unión de Lais y Aristipo. La hetaira murió a causa del alcoholismo, en el que dicen que cayó tras perder sus proverbiales encantos físicos, misma circunstancia que llevó a que muchos de sus amasios despreciados se burlaran de ella y la denostaran en público. Los hombres despechados funcionan igual en todas las culturas de cualquier época.
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