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Las 500 muertes de Olga

Por Salvador García Soto

Hace 5 años

A la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, la han matado políticamente en infinidad de ocasiones. Lo mismo en columnas políticas que en las versiones y rumores que sueltan intencionadamente sus malquerientes dentro del mismo Gabinete presidencial sobre su “inminente renuncia”. Llevan dos años asegurando que la exministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación “ya cayó de la gracia del Presidente”, que “su sucesor ya tiene nombre” y que su salida del Gabinete se producirá “en los próximos días, semanas o meses”, sin que hasta ahora se hayan cumplido los nefastos anuncios que se ciernen sobre la inquilina del antiguo Palacio de Covián.

Ayer, la primera mujer que ocupa el mítico despacho de la Segob en la historia política del país, salió a sus redes sociales para decir, como si fuera un personaje de Gabriel García Márquez, que la crónica de su muerte anunciada, es más un deseo de sus enemigos políticos, que una realidad que esté próxima a ocurrir. “Estimados @MarioMal y @dariocelise, lamento decepcionar a sus ‘fuentes’ pero NO, no he presentado mi renuncia. Sigo más comprometida que nunca con el Presidente @lopezobrador_. Dejemos la cultura del rumor y no sirvamos al juego de la desestabilización de la 4T. Un fuerte abrazo”, publicó ayer en su cuenta de Twitter la secretaria Sánchez Cordero, en respuesta a lo publicado por los dos leídos columnistas de finanzas Mario Maldonado y Darío Celis, quienes, cada uno en sus espacios, aseguraron que doña Olga ya había presentado su renuncia a su jefe López Obrador y que el documento ya estaba sobre el escritorio presidencial.

Al final, más allá del chisme y el morbo político y de lo anecdótico que resultan los constantes anuncios sobre la salida de Sánchez Cordero, lo que se asoma detrás de todo este desaguisado político es una de las facetas del estilo de gobernar del presidente Andrés Manuel López Obrador. Porque los pleitos, pugnas, diferencias o luchas de poder entre los integrantes de un Gabinete presidencial en México no son algo nuevo ni exclusivo de este Gobierno, han existido históricamente y con distintos presidentes, y suelen tener que ver lo mismo con duelos de egos que con enfrentamientos de poder, que con negocios a la sombra de la política y los cargos públicos y hasta con la lucha por la sucesión presidencial.

Pero algo que caracteriza al Gabinete de López Obrador es que esos pleitos entre integrantes y a veces al interior de las mismas secretarías, suelen escalar e intensificarse, ante la escasa o a veces nula intervención del Presidente que, a pesar de saber que hay confrontaciones y luchas entre sus colaboradores, rara vez interviene para llamar al orden o para dar un manotazo, sentar a la mesa a los peleoneros y solicitar que cesen enfrentamientos que, en muchos casos pasan de lo político y anecdótico a afectar el desempeño público de los funcionarios involucrados.

Así es que, para resumir sobre los rumores de “cambios inminentes” en el Gabinete y las 500 muertes de Olga Sánchez Cordero, que vuelven a resurgir ante la cercanía de las elecciones, con versiones de que “después del 7 de junio el Presidente hará varios cambios y moverá a algunos de sus secretarios y colaboradores”, baste decir una respuesta que en una ocasión me dio un líder parlamentario de Morena cuando le pregunté, hace meses, sobre los rumores de cambios, enroques y renuncias en el Gabinete presidencial: “No va a cambiar a nadie, primero porque a él no le gusta hacer cambios porque los ve como una señal de debilidad; y segundo, y lo más importante, porque no tiene necesidad de cambiar a ningún secretario ¿para qué los va a cambiar si todos le son incondicionales y le funcionan? Al final el Gabinete como tal no existe, porque todo lo decide el Presidente personalmente, no los secretarios. Entonces, ¿cómo para que cambia el Gabinete si el Gabinete es él mismo?”.

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