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Coahuila

Las elecciones presidenciales fueron anuladas

Por Rodolfo Villarreal Ríos

Hace 3 años

Al concluir nuestro escrito de la semana anterior, apuntábamos como la Gran Comisión de la Cámara de Diputados en el papel de Colegio Electoral, el 9 de diciembre de 1913, declaraba nulas las elecciones presidenciales. Todo se realizaba apegado a las leyes. Así, lo estimaba quien se hizo del poder mediante engaños.  La ampliación de su permanencia en el cargo ya tenía barniz de legalidad, olvidaba que las maderas corrientes no “agarran” bien ese tinte por más embadurnadas que se les den. Pero desde su perspectiva, la voz de pueblo, la única que le importaba según decía, se había hecho escuchar a través de sus representantes electos por la mayoría de los acólitos quienes seguían a su líder investido de salvador de la patria. La prensa libre, jornada tras jornada, daba muestra de serlo, destacaba en sus titulares la buena nueva.  Demos un repaso al dictamen emitido y la forma en que fue reportado por aquellos corifeos de la objetividad.

Como aperitivo, recordemos las preferencias del actor principal, el periódico El Diario en su edición del 2 de diciembre del año arriba referido, anunciaba rimbombantemente una entrevista con Huerta. Por aquellos días, se rumoraba que existía una crisis en el gabinete del fulano y la publicación obsequiosa buscaba ser la primera en desmentirla. Para ello, no se guardaba ni una molécula  de melcocha y plasmaba: “…haciendo justicia al señor presidente, debemos de decir que el alto funcionario tiene para la prensa una distinción y cariño especiales, lo que le ha merecido el cariño y el respeto de la misma.” Como puede leerse, siempre, han existido los que objetivamente entienden el mensaje del líder quien en aquel caso respondió que no existía ninguna crisis entre sus colaboradores, esa fue la entrevista tan presumida con la cual  se “desvirtúan los rumores que, desde hace muchos días, han venido circulando en  la metrópoli y que, a guisa de rumor, también, han atravesado las fronteras del país.”  Pero no se crea que solamente la prensa apoyaba a tan preclaro sujeto, el 3 de diciembre, los integrantes del XXVIII Congreso Constitucional del estado de Chiapas emitían su respaldo a Huerta a quien consideraban “el único capaz de reestablecer el orden y la concordia en la república.” 

Mientras tanto, como entremés, en la capital de la república, El País, un diario católico, se jactaba de lo que ahí operaba. En una nota  del 8 de diciembre, daba cuenta de una visita que realizó el encargado del ministerio de gobernación huertista, el médico Ignacio Alcocer Rodríguez. Este sujeto era una muestra de que no solamente del sur le llegaban apoyos a Huerta, recordemos que el susodicho facultativo fingió como   gobernador de Coahuila entre abril y noviembre de 1913.  El redactor de El País tuvo a bien titular la nota en la primera plana: “El manicomio general de la Castañeda es un orgullo para la ciudad de México.” (Si usted lector amable se pregunta en donde quedaba eso, le comentamos que era en el sitio que hoy ocupan las torres habitacionales de Mixcoac ubicadas sobre el lado derecho del Periférico yendo de norte a sur). Alcocer,  quien  era un conocedor   amplio  de los manicomios en Europa,  no quiso limitarse y “manifestó  que México debe de estar orgulloso de contar con un asilo para locos como el de la Castañeda.” Le faltó recomendar que ahí debieran de ser situados algunos que andaban sueltos, pero seguramente recordó que eran sus compañeros de viaje y se abstuvo de recetar tal medida pues, de haberlo hecho, los hubiera distraído de concretar lo que tenían encomendado.

Como estaban muy hambrientos de cumplir su cometido, los acólitos del huertismo pidieron saltarse la sopa e ir directamente al plato fuerte. En ese contexto, ya instalados en el Legislativo, la Cámara de Diputados se dispuso a analizar, el 9 de diciembre, los resultados de las elecciones presidenciales realizadas el 26 de octubre. Una vez efectuado un análisis minucioso (¡!), mientras se atragantaban con el bocado, determinaron que aquello no era válido por estar plagado de irregularidades y eso en un gobierno como el de Huerta pues era ir en contra de sus principios, ¿Cuáles? Ante ello, veamos como los diarios publicados al dia siguiente daban cuenta en sus titulares de como se engulleron aquel platillo los monaguillos ansiosos.

La versión inicial de como lo  ingirieron fue proporcionada por  El Imparcial, que de eso nada tenía ya que  lo suyo era acomodarse al poder en turno, señalaba: “La Cámara de Diputados declaró ayer la nulidad de las últimas elecciones presidenciales. Seguirá rigiendo los destinos de la nación el señor general don Victoriano Huerta con el carácter de presidente interino.” En el cuerpo de la nota se indicaba que “en el publico reinaba grande ansiedad por conocer la decisión de la Asamblea popular, pues se decía que a este respecto las opiniones de sus miembros estaban muy divididas y que, si bien eran numerosos los diputados que votarían en pro de la nulidad de las elecciones, no eran menos los que las consideraban buenas y legales…” 

De cómo se engulleron el platillo dio cuenta, en una versión segunda, El Independiente que, el 10 de diciembre, daba a conocer como “se declara la nulidad de las elecciones presidenciales. Continua con el carácter de presidente interino de la republica el general Huerta.” En el contenido de la noticia mencionaba que como el diputado José López Moctezuma ocuparía el cargo de presidente de la Cámara durante el mes de diciembre, por lo cual estaba imposibilitado para encabezar la Gran Comisión. Ante ello, en este cargo se nombró al coronel Miguel Ahumada. Según lo dado a conocer a las 4:55 de la tarde, se interrumpió la sesión de la Cámara para erigirla en Colegio Electoral. Indicaba que el dictamen de la Comisión fue aprobado por unanimidad y a la hora en que se dio a conocer el cuatro punto, que Huerta seguía como presidente, “fue recibido con una aclamación que brotó espontanea de las curules, ratificando el proyecto de ley.” 

Al parecer no a todos entusiasmaba reseñar como se dio aquella ingesta, ese fue el caso del abuelo del poeta Octavio, Ireneo Paz Flores, quien, en La Patria, optó por no ocuparse de la prolongación del mandato de Huerta y enfocarse en como veían a México desde los Estados Unidos y Europa. Para ello, lo mismo recurría al análisis que a traducciones de notas periodísticas publicadas  por allá. 

Uno más alegó que no gustaba ver comer a otros, fue el caso de la publicación El Correo Español que, el 12 de diciembre, hacia aclaraciones indicando: “Nosotros respetamos al gobierno del general don Victoriano Huerta no por ser de Don Victoriano Huerta, sino por ser de los Estados Unidos Mejicanos. Nuestra condición de extranjeros no obliga a respetar a los gobiernos constituidos, emanen de donde emanen. Nuestra labor no es de análisis, sino de respeto y sumisión…” 

Pero hubo uno más que si gozaba al reseñar como  los suyos daban cuenta de lo servido en aquel plato. Se trataba de  El  País que, en su cabezal se anunciaba como diario católico, daba a conocer: “La Cámara de Diputados declaró en su sesión de ayer que son nulas las recientes elecciones presidenciales. Se convoca al pueblo mejicano a nuevas elecciones que se efectuaran en julio. Entretanto permanecerá en el poder el Sr. general Victoriano Huerta prolongándose su interinato hasta que el Congreso declare las personas electas.” Tras de calificar a la sesión como la mas trascendente en el periodo legislativo nuevo, indicaba que aquello inició la cuatro de la tarde mientras la Cámara de Diputados se erigía en Colegio Electoral y daba lectura al dictamen emitido por la Gran Comisión que se había reunido la mañana del 9 de diciembre. En este, se indicaba que “la republica fue dividida en 14,425 casillas y hasta la fecha solo se han recibido en la Cámara  los expedientes relativos a 7,157 casillas…” por ello, los guardianes celosos de la legalidad argüían encontrarse ante “la imposibilidad de formular en su oportunidad las conclusiones a que alude el artículo 37 que presupone la validez de la elección,” misma que los diputados consideraban afectada de nulidad. Por eso, la Gran Comisión determinó que “la falta de elecciones en la mayoría de las casillas electorales puede verificarse en tres grupos…” Argüían que al momento de las votaciones en varios estados en la frontera norte  no se efectuaron elecciones pues estaban en poder de los rebeldes, aun cuando no lo reconocieron de manera tan explicita. En igual forma, indicaban que, en varios lugares, aun estando bajo el dominio del gobierno federal, la proximidad “a los lugares invadidos por los revoltosos o en virtud de haber estado ocupados por ellos en época próxima a la en que las elecciones se verificaron, los ciudadanos no creyeron contar con las garantías necesarias para consagrarse a los trabajos electorales…”   Un tercer argumento era que aun cuando las zonas estuvieran en poder del gobierno federal y existían las condiciones requeridas, “por razones de carácter general,” se presentó el abstencionismo. Esta excusa ultima lucia como jalada de los cabellos.  Dado que no se contaba con la mayoría de los paquetes de las secciones electorales, se declaraban nulas las elecciones presidenciales. Ante esto, se convocaba a nuevas elecciones presidenciales para el domingo 14 de julio de 1914. Por todo lo anterior, “continua con el carácter de presidente interino Constitucional [¿?] de los Estados Unidos Mexicanos el ciudadano general don Victoriano Huerta hasta que, verificadas las elecciones extraordinarias de presidente y vicepresidente de la república, el Congreso haga la declaración correspondiente, fijando la fecha en que deba entregar el poder al presidente electo.” Los cuatro puntos que integraban el dictamen fueron aprobados por unanimidad por los 167 integrantes del Congreso.

De cómo se sirvió, y se merendaron, el postre habría de ser reseñado por El País que por aquellos días compartía el regocijo de la cofradía de usurpadores. Por pura coincidencia, daba a conocer como  sus asociados se pusieron obsequiosos. El dia 11 de diciembre, apareció un documento originado desde el 12 de noviembre de 1913. Dada la asociación que los destinatarios tenían con aquel a quien consideraban un católico ejemplar y al cual   apoyaron con algo más que bendiciones, no cabía ninguna duda de que el comunicado lo habían guardado para darlo a conocer en el momento oportuno. De cualquier cosa se puede acusar a los integrantes de esa cofradía, menos de que no sepan medir los tiempos. Se trataba de la bendición que  Giuseppe Melchiorre Sarto Sanson, el papa Pío X, enviaba “A nuestros venerables hermanos los arzobispos y obispos de la República Mexicana.”

La nota era publicada el mismo dia en que El País  daba a conocer que tanto los diputados como los senadores declaraban nulas las elecciones presidenciales. Iniciaba en la primera plana del lado izquierdo en la columna primera del encabezado y continuaba en la página cuarta justo en medio de las noticias en donde se comentaba la anulación de las elecciones tanto por parte del Senado como de la Cámara de Diputados. Si alguien estima que se trataba de una coincidencia, muy recomendable sería que la noche del 5 de enero se vaya a dormir temprano y deje sus zapatitos lustrados muy bien. Vayamos al cuerpo de ese comunicado tan oportunamente dado a conocer o como diría aquel, que “le vino como anillo al dedo” al recién confirmado. 

El ciudadano Sarto Sanson, primero, felicitaba al pueblo mexicano porque el 6 de enero próximo habrían de efectuar “la consagración  de los hombres al Corazón Sacratísimo de Jesús. Posteriormente, les mencionaba que: “desde hace ya mucho tiempo que con grande solicitud hemos considerado a  vuestra nación y a vuestros asuntos perturbados por graves desordenes y bien sabemos que, para conservar y sostener la salud y la paz de los pueblos, es de todo punto necesario conducir a los hombres a este puerto seguro de salvación, a este sagrario de la paz que Dios, por su infinita benignidad se digno abrir al humano linaje en el Corazón Augusto de Cristo su hijo. De ese Corazón brote para vosotros Venerables Hermanos, y para vuestra nación entera, agitada rudamente por incesantes discordias, la gracia que habéis de menester para la salvación eterna y la paz que, como fuente inagotable de todos los bienes, con tan indecible ansia anhelan a una voz, vuestros conciudadanos. En presagio de ambos bienes y en testimonio de nuestra benevolencia, sea ésta Nuestra Bendición Apostólica, la cual, a vosotros Venerables Hermanos, lo mismo que al clero y al pueblo encomendamos  a cada uno de vosotros, de lo intimo de nuestro corazón, enviamos en el Señor.”  Las palabras deben de haberse aparecido  a ritmo de música celestial para Huerta. 

Para ese momento, ni quien fuera a pedir ningun digestivo, todo había “cuadrado.” Era el momento de sumirse entre los aromas del licor y los humos del petate. Por fin, podría el patricio, bendecido por sus legisladores acólitos y sus socios espirituales, dedicarse a recomponer lo que había desconchiflado aquel chaparrito. Claro que por allá en el Norte había un barbón testarudo a quien no podían hacer entender que nada ganaba con andar alborotando gente, ni siquiera era militar. Por ello, no había que preocuparse, con tener en un puño a quienes se encargaban de declarar la valides o no de las elecciones todo se arreglaba. Para eso había puesto cuidado extremo en quienes quedarían como integrantes de aquel órgano electoral.  Ante toda esa felicidad, ni cuenta se dio de que a su cargo le habían puesto fecha de caducidad, el 14 de julio.

De muy poca ayuda fueron las confesiones-bendiciones-penitencias, ni la ayuda involuntaria de los estadounidenses, ni haber mandado  gente a negociar en Niagara Falls. Su suerte estaba echada. Obregón en el occidente y Villa en el norte, le rompieron el espinazo a las fuerzas federales. De nada le valió prohibir que su prensa leal ocultara las derrotas, su destino estaba escrito, el 14 de julio sería el último día completo en que ocupara el cargo que usurpaba, El 15 de julio de 1913 presentó la renuncia y a huir hasta que, el 13 de enero de 1916, terminara  sus días, arrestado en el Paso, Texas, sumido en la cirrosis hepática. No quedaba duda, los números 13, 14 y 15 no eran de buena suerte para quien creyó que con tener el control de la instancia que manejaba el proceso electoral era suficiente para eternizarse en el poder.  Apenas seis meses le duró lo que asumía duraría para siempre. La historia, siempre la historia…[email protected] 

Añadido (23.14.71) Aquellos a quienes la boca se les hacía chica  para lanzar alabanzas a las películas, La Ley de Herodes (1999), El Infierno (2010)  y La Dictadura Perfecta (2014), mientras llamaban genio a su realizador, Luis Estrada, hoy escupen fuego en contra de ¡Que Viva México! (2023). ¿Será porque temen que les suceda lo mismo que al partido que estaba en el poder en cada uno de esos años previos?

Añadido (23.14.72) Para que nadie vaya a imaginarse que la presidenta del INE ni por equivocación tiene inclinaciones sesgadas hacia el grupo en el poder. La disposición primera que emitió fue que, ahí, nadie  podrá tener un sueldo superior al del presidente de la república. Una muestra de independencia o ¿Acaso alguien lo duda?

Añadido (23.14.73) Una vez que su “amigo” lo acusó del desaguisado de Ciudad Juárez, se fue a dar un paseo con  el regente futuro del Nuevo Reino de Tesla  y, desde entonces, nada se sabe de él. Se desconocía que fuera tan creyente y que la Semana Santa la tomara, literalmente, como “de guardar.” 

Añadido (23.14.74) Se añoran aquellos tiempos en que el gobernador le dejaba muy claro al encargado  de la curia, “ni yo me meto en tus  asuntos, ni tu intervienes en los míos. ¿Entendido? …” Y como cada uno se dedicó a atender las áreas de su incumbencia, sin meterse en las del otro, la entidad  creció y se desarrolló… Por favor, que alguien se los recuerde.

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