Coahuila
Hace 1 mes
Durante las últimas semanas la incertidumbre institucional del comercio exterior y la nueva etapa de revisiones permanentes en el T-MEC han sido los temas en este espacio y, en torno a estos planteamientos ¿qué está ocurriendo realmente con el comercio exterior mexicano? En esta ocasión es oportuno hablar sobre el comportamiento del mercado, pues el pasado lunes el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) publicó cifras que muestran un apropiado escenario para este momento porque, mientras políticamente el T-MEC está pasando por uno de sus momentos de mayor incertidumbre, económicamente el comercio exterior mexicano está mostrando uno de sus mejores desempeños de los últimos años.
La economía mexicana está exportando como nunca antes. La información más reciente del INEGI sobre la balanza comercial de nuestro país indica que en junio de 2026, las exportaciones alcanzaron 72,551 millones de dólares (mdd), lo que representa un máximo mensual histórico y un crecimiento anual de 34.4%. No es cualquier crecimiento, si consideramos que sucede en medio de la incertidumbre asociada a las negociaciones del T-MEC.
Al revisar los datos acumulados del primer semestre de 2026, las cifras son más reveladoras. Entre enero y junio, las exportaciones totales de México alcanzaron 389,723.3 mdd, un crecimiento anual de 24.6%. Pero lo verdaderamente relevante es que la competitividad internacional de México está en su industria, ya que 355,901.5 mdd provienen de las manufacturas, lo que corresponde al 91.3% de todas las exportaciones. En palabras simples, de cada 100 dólares que México exporta, 91 corresponden a productos manufacturados y apenas 9 dólares provienen de todas las demás exportaciones (petroleras, agropecuarias y extractivas).
Claramente uno de los cambios estructurales más importantes de las últimas décadas es que México dejó de ser un país exportador de petróleo para convertirse en una potencia exportadora de manufacturas. Las ventas petroleras hacia el exterior alcanzaron en el mismo semestre 10,866.2 mdd, lo que apenas representa 2.7% del total de las exportaciones nacionales. Este porcentaje es muy bajo si se tiene en cuenta que hace tres décadas, alrededor del 10% de las exportaciones mexicanas aún provenía del petróleo.
Otro dato destacable es que la integración productiva de Norteamérica va mucho más allá de la industria automotriz. Del total de manufacturas exportadas, solo 23.7% corresponde a esta industria, mientras que 67.6% se debe a manufacturas no automotrices —maquinaria y equipo, equipo eléctrico, electrónicos, electrodomésticos, dispositivos médicos—. Es decir, tres de cada cuatro dólares manufacturados exportados en el país ya no provienen del sector automotriz.
Esta estructura exportadora explica por qué el T-MEC es y seguirá siendo tan importante para Norteamérica pues además del volumen exportado, es el tipo de productos que México vende al exterior, que forman parte de cadenas regionales de valor, por lo que cualquier modificación en las reglas de origen, aranceles o condiciones del T-MEC tiene un impacto potencial mucho mayor que si nuestras exportaciones estuvieran dominadas por el petróleo o bien, otras materias primas.
Paradójicamente, estas cifras fortalecen la posición negociadora de México. Una economía que exporta más, mantiene superávit comercial y fortalece su industria manufacturera llega a las futuras revisiones del T-MEC con una posición económica más sólida que la que muchos imaginábamos hace apenas unas semanas. Esto es lo que debe aprovechar la comitiva mexicana en las próximas revisiones anuales. Los datos del INEGI muestran que el país ha ido construyendo una plataforma industrial diversificada e integrada a las cadenas de valor de Norteamérica, precisamente en un momento en que el futuro institucional del T-MEC vuelve a ocupar el centro del debate económico y político.
Si bien las declaraciones de los gobernantes pueden modificar las expectativas de los inversionistas y mercados, son las decisiones de miles de empresas y millones de consumidores las que terminan definiendo el rumbo del comercio. Hasta ahora el mercado sigue apuntando a una misma dirección: Norteamérica sigue siendo una de las regiones económicas más integradas del mundo.
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