La Iglesia católica y su rancio abolengo, entre muchas otras cosas que ya presenta rancias, posee tradiciones, arte, manifestaciones culturales y sociales, arquitectura y un universo de maravillas históricas como lo son las sheela na gig, figuras de mujeres con la vulva expuesta que son cuidadoras de las iglesias, como las gárgolas.
Estas son unas estatuillas que muestran una configuración femenina, con pechos, pelo largo algunas, carita un poco demoniaca o con un aspecto un poco atemorizante, a veces un tanto ambiguo. Pero lo verdaderamente interesante es que esas estatuas muestran una vulva abierta, sea porque éstas estatuillas se la abren o porque están con las piernas abiertas.
La “obscenización” de la vulva es antigua, pero sin duda su visibilización data de la era cristiana, o las manifestaciones más poderosas de ese sentido morboso de mostrarla, se acentúan en después de Cristo. En oriente es otra situación, ya que países como China, India y Japón han tenido manifestaciones de la vulva en mucho del arte escultórico y pictórico.
El arte shunga en Japón es famoso por su escena del pulpo haciendo sexo oral a una señora japonesa. Esa pieza se llama “El sueño de la esposa del pescador” de Katsushika Hokusai, del periodo Edo, que abarcó poco más de 250 años desde 1603 hasta bien entrados los mil ochocientos.
En el caso de las sheela na gig, que gig es un arcaísmo de la palabra vulva de origen irlandés, y el término completo quiere decir “la bruja de los grandes senos”, también con antecedentes en Irlanda. En las iglesias de este país es en donde se han encontrado y preservado más de un centenar de estas estatuillas que servían para cuidar de los malos espíritus y demonios a las iglesias, pero también para alejar a los demonios. La vulva como como ahuyentador del diablo es de una tradición ancestral.
Pero las sheela na gig eran tallas que aportaban un sentido “educativo”, ya que prevenían a los buenos hombres del pecado de la lujuria, que claro, es ocasionado por todas las mujeres malas que los tientan y los orillan a pecar. Por eso la tradición de la “mujer mala y lasciva”, que luego retomaron San Agustin y Santo Tomás de Aquino, pasándonos a defenestrar definitivamente como seres humanas, se ve expuesta en estas tallas en las iglesias medievales de Gran Bretaña.
Además de las señoras con grandes senos y la vulva abiertísima como túnel al más allá, otras representaciones muestran a estas señoras con víboras y sapos, que indican que la lujuria está presente y que hay que evitarla.
Entre todas las representaciones medievales de la mujer, ésta es una en donde claramente se ve el control de la Iglesia católica sobre todo lo que se relacione con lo femenino, que es débil y menor, sin recursos intelectuales y, por su cualidad de ser mujer, puede meter a un pobre señor en problemas. En la versión de la Oglesia católica y sus intelectuales desde el medievo, la mujer solo sirve para llevar al mal a un señor, que por tonto cede a los “caprichos” de la seductora. Es la institucionalización de la imbecilidad masculina más antigua (que conozco).
Las representaciones de la sheela na gig como sea sirvieron durante muchos años como figuras didácticas, protección contra los demonios, y uno de los matrimonios más saludables entre las culturas paganas, como la celta y la incipiente religión católica.
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