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Coahuila

Las guerras empiezan en el interior del alma

Por Verónica Marroquín

Hace 1 mes

Estimados lectores y lectoras:

Sean estos primeros días del año 2026 una oportunidad más en nuestras vidas para iniciar o reiniciar los deseos del alma. Principalmente, los regalos para el alma sin duda son la paz, la armonía, pero en primer lugar, el amor a uno mismo y a Dios, en las versiones que cada individuo lo conciba.

Si tenemos amor a uno mismo, iremos hacia el encuentro interno de la paz. Al menos yo, trabajo en mi día a día para estar en esa indispensable paz del alma. Tarea fácil no lo ha sido; pasar el medio del siglo te da herramientas, experiencias de la propia vida, y si te dedicas a tu proceso de sanación, cada día pudiera pensarse que es más fácil. Para algunos así lo es, para otros no les ha sido nada fácil y llevan toda una vida en ello, tal vez el gran porcentaje de quienes vivimos en el mundo.

Porque las guerras de afuera vienen primero por las guerras internas que los individuos viven día con día, noche tras noche, esos infiernos aquí en la tierra. Por ello, insistiré siempre que lo mejor que podemos hacer todos es hacernos un favor y asistir a terapia, entender de dónde vienen los dolores emocionales, entenderlos, asimilarlos y trabajarlos. En consecuencia, habrá esa sanación y paz.

Cuando uno tiene paz, desea que todos sientan esa paz, esa alegría que conlleva esa tranquilidad, que por mucho no es tan fácil como se lee. Tan es así que, por qué siguen las guerras en los países en el mundo, por qué esa sed y soberbia de poder, y más poder, es importante el dinero; si es necesario, claro, pero cuando el ser humano se pierde a sí mismo por el poder y el dinero, lamentablemente se lleva a países enteros y personas inocentes en esa sed del demonio que es el poder sin saciedad.

Es de mentes enfermas, sí claro, pero es más, creo yo, la enfermedad del alma, del dolor de niños y niñas que han sido rechazados, abandonados, humillados, traicionados y vivieron en injusticia. Ello lleva a que crezcan con el alma, sentimientos, emociones y mente resentida, dolida, carente de amor, ternura, protección, risas y atención. Aquí radica la importancia del amor en primer lugar: todo bien viene del amor, toda caricia y ternura, las buenas acciones, vienen de un alma amada por sus padres, que le enseñan el amor primero, ese amor a sí mismo.

Puede ser porque lo amaron también, pero sorpresa: quienes han sido dañados, ultrajados y han tenido una terrible vida, algunos, obviamente, han sido luz para el mundo, esos mártires de la historia. No me dejarán mentir que hay almas que, aunque han sido perforadas por la maldad de quienes viven en el mundo de las sombras, por divinidad han sabido sanar a pesar de las atrocidades en que se han desarrollado, y son los santos, que llamamos aquí, en la Tierra.

Esas personas que, si han tenido una vida miserable en toda su expresión, puedan ser tan nobles, tan buenos y felices; así es, felices. Esto sólo puede ser por divinidad. Esos milagros que sólo unos cuantos llegan a entender y comprender.

Metámonos en la alberca de los libros, de esas grandes historias de seres que, a pesar de los pesares, han sido personajes maravillosos, con una vida desgarradora, pero que al final, lo que importa es llegar al autocontrol, a necesitar cada vez menos cosas superfluas, ayudar a los menos desfavorecidos.

Si la vida, Dios, tú mismo o tú misma, te ha dado o te has dado privilegios, te juro que al compartirlos serás y sentirás una felicidad del compartir. ¿Para qué quiere uno tanto tesoro si no es para compartirlo con quienes ama? Dejemos de atesorar y ser egoístas. La muerte está a la vuelta de la esquina, ¿quién sigue? No lo sabemos, pero que nos encuentre dormidos o gozando de la vida, y más aún compartiendo lo que tenemos con los nuestros, o quienes nunca han tenido nada.

Sólo el privilegio de la vida, que algunos no han descubierto que la vida es el primer milagro.

Un abrazo fraterno,
Su amiga
Verónica, terapeuta, tanatóloga y mediadora, que puede ayudarlos en su proceso de sanación.

Anímate a sanar y vivir en paz, y en amor a sí mismo, a sí misma, y así hacia los demás. Diosito por delante.

 

 

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