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Coahuila

Las Horas II

Por Joel Almaguer

Hace 3 años

Según algunos melómanos que ostentan el buen gusto musical y son protectores de las mejores puestas en escena operística, embajadores justicieros de los verdaderos cantantes, promotores de compositores como Mozart, Puccini, Verdi y quizás Wagner, según estos avalados melómanos digo, nadie canta mejor que (escriba aquí el nombre de cualquier tenor o soprano que ya sea polvo de estrellas y cuya voz quizás nunca escucharon en vivo). Ninguna puesta en escena es válida si es diferente a lo que siempre se ha hecho y Zeffirelli es el único autorizado, y por supuesto, hoy en día ya no existe ópera que valga la pena.

La música contemporánea es un montón de ruido, escupen sin más, sin darse cuenta de que eso que llaman “música contemporánea”, además de no ser acertado deja ver su limitada apertura a las experiencias musicales, lo cual siempre es penoso.

En La Scala he visto salir bufando con claro enojo a personas en Quarttet de Luca Francesconi, ópera en un acto poderosa y sí, de incómoda temática quizá, pero magistralmente compuesta y puesta en escena, en una mezcla de música orquestal y sonidos electrónicos en DolbyAtmos o algo por el estilo envolviendo la sala entera.

El 22 de noviembre se estrenó la ópera Las Horas, de Kevin Puts, y podemos constatar que el lenguaje operístico está lejos de estar muerto.

Las crisis musicales del siglo 20, si podemos llamar así a algunos experimentos y teorías, hoy en día han sido digeridos e integrados en un lenguaje musical francamente maduro, donde la melodía, la complejidad musical, armónica, conviven con el drama que pueden aportar técnicas sonoras complicadas y, sin embargo, el resultado es una música poderosa, que potencia un libreto intenso, dramático.

La música de Kevin Puts se sirve desde la música académica hasta el jazz para ofrecer un drama que no nos suelta nunca. Los coros, en capas de pronto aterradoras y en un siguiente compas diáfanas y estremecedoras; los personajes, todos ellos bien delineados, desde Clarissa, Laura o Virginia, hasta los personajes masculinos desarrollados en su complejidad dentro de su contexto histórico.

El suicidio, sabemos, es tema de esta obra de Cunningham, pero resalta el final casi como Lieto fine, donde Joyce, Fleming y O’hara (Her is the world and you live in it and you try to be, and you try…) cantan un trío conmovedor, que eriza la piel y cierra la garganta diciéndonos que todo puede estar bien y lo estará, en este mundo que es como es, pero vivimos en él.

 

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