De mi memoria fluyen recuerdos del llamado poblado La Aurora, con su conjunto de pequeños lugares donde surgen otros nombres La Ciudadela, La Libertad, Las Fábricas, La Hibernia, etc., que era tierra fértil para la agricultura y la ganadería, así como la fruticultura. Siguen siendo famosas sus huertas, unas ya en el pasado convertidas en “residenciales” (casas para ricos, no para asalariados) y otras en centros sociales y balnearios.
La Aurora guarda parte de esa esencia y su gente muy orgullosa de su pasado y presente, que conserva propiedades, la naturaleza de las mismas, las costumbres, así como lo permanente e invariable de ellas. Se aferran a un pasado, a pesar de la modernidad en que vivimos.
Desde entonces no ha dejado de sorprenderme aquel poblado que en época de lluvias se convertía en un gran lodazal e incomunicado de la mancha urbana de Saltillo, separado por terrenos baldíos y de las autoridades municipales. Habrían de pasar muchos años para que La Aurora contara con los servicios elementales.
Hoy quiero recordar algunos pasajes y gente de la era moderna que orgullosamente pobló y sigue viviendo en La Aurora como la distinguida y amplia familia Alcalá Ayala, hombres y mujeres de talento y prestancia, que sirven para ejemplificar a muchos quienes vivieron y siguen habitando este villorrio.
A don Alfredo García y la “cooperativa” una tienda de abarrotes que surgió seguramente con la instalación de las fábricas de hilados y tejidos que hace más popular a este solar nuestro.
El señor García padre también de una familia ejemplar, hizo pequeña fortuna a base del esfuerzo y el trabajo. El hombre se convirtió en el mecenas de los habitantes de este lugar a quienes les daba a crédito los alimentos (el mandado) que personalmente entregaba en cada domicilio. Primero lo hizo a bordo de una moto Islo, luego en una camioneta. En su tienda vendía de todo. Era un lugar no solo para surtir la despensa, sino de arreos de labranzas y alimento para el ganado.
Nos llevaría mucho espacio nombrar a otros personajes de esta barriada saltillense muy famosos, como los músicos Lorenzo Hernández, Cipriano y Bruno Pérez, “Las Güeras” una pequeña orquesta, el cantante Salomón Rodríguez, Poncho Coronado, “El Licenciado”, doña Sabina López mujer ejemplar que murió a los 102 años, los García Duarte, los de la Peña, los Navarro, los peloteros José Tovar y Marcos Arriaga que le dieron fama a La Aurora, poblado de grandes beisbolistas (largo de enumerar). Tanis el curandero y María Luisa de la Peña, exquisita soprano.
Esta comunidad que era rica en manantiales y balnearios públicos para solaz y entretenimiento de su gente y de casi todo Saltillo, guarda en su memoria pasajes dramáticos y sobresalientes, como cuando un terrateniente de nombre Roque Siller mató a un hombre a tiros por la posesión de unos terrenos que ya desde entonces eran muy demandados, o el hecho aquel en que un joven intentó suicidarse y se colgó del tubo de la regadera, pero por fortuna su peso hizo que cayera al suelo destruyendo la tubería y provocando una gran inundación de la casa, fallando en su intento.
Había un par de hermanos que tenían problemas de motricidad en sus piernas y aun así manejaban un automóvil con las puras manos. Uno accionaba el acelerador y el freno y el otro iba al volante, ¡increíble pero cierto!
Otro incidente que guardan los lugareños es el hecho de que un día de lluvia, la tierra se abrió tragándose a dos hermanos labriegos y a la yunta de bueyes con que araban. Jamás se supo de ellos, jamás sus cuerpos fueron encontrados. ¡¡¡Nadie sabe, nadie supo!!!
Dicen que por las calles del poblado ronda el fantasma de una mujer vestida de blanco, ¿un alma en pena?, que se desplaza levitando, (se eleva en el espacio sin intervención de agentes físicos conocidos), desde La Aurora hasta el panteón Jardines de Santo Cristo, ¿dónde tiene su morada?
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