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Coahuila

Las mujeres en Afganistán

Por Sandra Rodríguez Wong

Hace 5 años

Las lamentables imágenes de 640 afganos que abordaron un avión de la Fuerza Aérea estadunidense con destino a Qatar, en el que una multitud con desesperación se aferraba al fuselaje de la nave para huir del país a consecuencia de la toma del poder por parte de los talibanes, anticipa la complejidad del escenario en Afganistán para todos sus habitantes y en especial, para las mujeres.

“Naciones Unidas reconoce que, aunque se han alcanzado algunos hitos, la situación de las mujeres en Afganistán se encontraba entre las peores del mundo incluso antes de la llegada talibán. Tanto que en muchos aspectos ni siquiera se cuenta con datos para hacer un análisis. Por ejemplo, en diciembre de 2020, ONU Mujeres contaba con menos del 40% de los indicadores establecidos para monitorear la igualdad de género en el país. Afganistán ocupa el puesto 157 de 162 del Índice de Desigualdad de Género (GII) de Naciones Unidas”.

Entre 1996 y 2001, en Afganistán la mayoría de las mujeres tenía muchas prohibiciones. Se les obligaba a limitarse en muchos aspectos de su vida diaria y en el matrimonio, además de que su capacidad jurídica se veía disminuida por la ley.

En las últimas dos décadas, las mujeres habían conquistado algunos derechos en la sociedad afgana y, aunque el pasado martes el Gobierno talibán anunció una amnistía del régimen para aquellos que trabajaron en el Gobierno anterior, también dicen animar la presencia de las mujeres en su Administración y respetar sus derechos, pero señalan que será siempre ‘en el marco de la ley islámica’.

La aplicación de la Ley Sharia es el motivo de preocupación de la comunidad internacional, ya que durante el tiempo en el que estuvieron en el poder (entre 1996 y 2001), los talibanes introdujeron la versión más estricta de la ley y las mujeres fueron discriminadas al punto de su desaparición del escenario público.

Una de las imágenes que ha dado la vuelta al mundo, refleja el papel que tendrán las mujeres en la esfera pública, ya que han sido borradas o pintadas de blanco todas las imágenes en las que aparecen. Aun cuando el nuevo Gobierno se presenta con una postura moderada respecto a sus derechos, ya que la Ley Sharia prohíbe fotografiar y filmar mujeres, y con ello el uso de fotografías de mujeres en casas, tiendas y revistas.

En este contexto la RAWA (Revolutionary Associatión of the Women of Afghanistan), publicó un listado con las 29 restricciones y maltrato hacia ellas por parte de los talibanes, entre las que podemos resaltar además del uso de la burka, la prohibición de uso de colores en la ropa y el uso de pantalones acampanados bajo la vestimenta; encontramos también la completa prohibición del trabajo femenino fuera de sus hogares, que se aplica a cualquier profesión -razón por la que se prohíben los estudios universitarios-, solo algunas pocas, como médicos y enfermeras, tienen permiso para trabajar en hospitales de Kabul, ya que las mujeres tampoco pueden ser atendidas por médicos varones.

La prohibición a cualquier actividad fuera de casa si no son acompañadas de su marido o de algún pariente cercano masculino, limita su espacio y con ella, no asistir a reuniones públicas, centros recreativos, deportivos, practicar deporte, tomar un taxi o montar bicicleta o motocicleta; la prohibición de usar zapatos con tacón que pueda producir sonido al caminar -ya que un varón no puede oír los pasos de una mujer-, mucho menos sus risas, por lo que también se prohibe que un extraño escuche la voz de una mujer.

Como vemos, la ley islámica, más que un sistema de justicia, es un código detallado de conducta que es adoptado por la mayoría de los creyentes y practicantes musulmanes, como una guía moral que se ha instituido como ley en estados islámicos y que cuenta con tribunales que velan por su cumplimiento, en los que los castigos y algunas prácticas se han calificado por organismos internacionales como graves violaciones a los derechos humanos, ya que van desde los azotes, la mutilación o muerte por lapidación ante la transgresión.

Aquí es donde vale la pena detenernos a reflexionar. Valoremos los derechos y las libertades alcanzadas para las mujeres de nuestro entorno, eduquemos a las nuevas generaciones de ejercer esos derechos con conciencia y respeto a las y los demás. Continuemos en la búsqueda de materializar aquellos que aún se encuentran en papel, ya que solamente así podremos contribuir a generar una conciencia social universal sobre los derechos de las mujeres como seres humanos individuales, con inteligencia y voluntad.

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