Según la tradición popular sarda, “is janas” eran pequeñas hadas de aspecto maravilloso. Su piel era delicada, sus vestidos rojos y elegantes, llevaban collares de oro y vestían pañuelos bordados con hilos de plata.
Vivían en casas excavadas en la roca, conocidas como “Domus de Janas”, o “casas de hadas”.
En realidad, se trata de tumbas prenurágicas excavadas en la roca hace más de cinco mil años.
Dentro de estas “domus” las hadas solían pasar el tiempo tejiendo en sus magníficos telares dorados. De hecho, en las leyendas se les suele asociar con grandes riquezas, que guardaban celosamente. También eran muy generosas y no dudaban en compartir su riqueza con quienes lo merecían.
Sin embargo, según esta misma leyenda, las “janas” no siempre eran buenas. También tenían fama de ser a menudo caprichosas y berrinchudas. A veces también era traviesas, como los duendes, y otras veces hasta crueles, como las brujas. Esto cuando alguien las quería lastimar o les faltaba al respeto.
La línea entre la realidad y la leyenda es muy sutil. Aunque las hadas son figuras femeninas que pertenecen al mundo de las criaturas legendarias, su naturaleza dual, que las describe como buenas y malas al mismo tiempo, es el espejo de un muy actual debate acerca de si las mujeres somos buenas o malas.
Hablábamos de este tema hace un par de semanas cuando contaba la historia de Lidia Poët, la primera abogada italiana. Una mujer considerada “peligrosa” por perseguir, con fuerza y pasión, sus ideales.
Una mujer peligrosa para algunos, mala para otros. Y de aquí surge la pregunta ¿las mujeres somos buenas o malas?
Hay muchas mujeres que piensan que todos los hombres son malos. Y también hay muchos hombres que piensan que todas las mujeres somos malas y que tenernos en sus vidas podría derivar en una catástrofe.
En realidad, no hay personas buenas o malas. Todas y todos hacemos cosas buenas y cosas malas, dependiendo de muchos elementos, como nuestro contexto sociocultural, el entorno familiar en el que crecemos o las experiencias que vivimos a lo largo de nuestras vidas.
Lo que sí es cierto es que las personas nacemos buenas y que ser buenas o malas o hacer cosas buenas o malas depende sólo y exclusivamente de nosotros.
Pero no somos personas o mujeres malas cuando ponemos límites a quien se quiere aprovechar o burlar de nosotras. No es ningún berrinche. Es una forma amorosa de respeto que nos debemos a nosotras mismas en primer lugar y también a los demás. Y la leyenda de “is janas” es una gran enseñanza en este sentido.
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