Siendo joven, Marcelino González Guzmán tuvo oportunidad de forjarse como empresario en la Casa Purcell de Saltillo y, aunque no conoció a don Guillermo, sí tuvo la oportunidad de conocer el manejo de la oficina de este gran emprendedor, invitado por los hijos del señor Purcell: Santiago, Catalina, Brígida, Anita y Elena Luz.
Se convirtió en cajero general de la empresa, gracias a su honradez y a la entrega al trabajo sin cortapisas. Fue muy estimado por los Purcell, de tal suerte que conoció casi todos los negocios que don Guillermo formó y dejó a los herederos.
Más de 20 ranchos ganaderos y agrícolas instalados en la geografía coahuilense y fuera de ella, una mina en Zacatecas y una hacienda de 64 mil hectáreas entre Zaragoza y Piedras Negras, Coahuila, donde producía nuez y frutales y criaba las famosas mulas “Kentucky”.
Animales híbridos resultantes del cruce entre yeguas de gran alzada (como Cuarto de Milla o razas de tiro ligero) y sementales de burro Kentucky (también llamado burro Mamut Americano). Destacan por su excepcional estatura, gran fuerza física, temperamento equilibrado y alta resistencia para el trabajo pesado o la monta en terrenos difíciles.
Superan con facilidad la altura promedio de otras mulas, alcanzando y rebasando en muchos casos los 1.50 a 1.60 metros a la cruz, dependiendo de la madre. Poseen huesos gruesos, extremidades muy fuertes y una caja torácica amplia heredada de la estirpe mamut de sus padres asnos.
Cuello fuerte, lomo corto y ancas amplias que les otorgan gran capacidad de tracción y carga.
Una excelente mansedumbre para el manejo humano. Soportan largas jornadas de trabajo rural, caminos agrestes y condiciones climáticas pesadas sin fatigarse con facilidad.
“Unos animales que daba gusto verlos, hermosos, mansos y fuertes”, clamaba don Marcelino. En el rancho tenían diferentes usos, principalmente para estirar el arado, luego fueron desplazadas por el tractor. La producción de mulas “Kentucky” se vendía en Estados Unidos y algunos lugares de México y Centroamérica.
El señor González Guzmán es ejemplo de trabajo, entregas y honradez. Se forjó con los viejos comerciantes de la ciudad, como la casa Sánchez, y los abarroteros Marcial y Manuel Jiménez, que además fueron los primeros distribuidores de las llantas General Popo y Goodrich Euskadi.
Comentaba don Marcelino que los comerciantes de antes era muy compartidos y organizados, pues compraban carros de ferrocarril de granos alimenticios, latería y otros productos y los distribuían equitativamente entre todos los que habían cooperado para la transacción.
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