“Una relación sana no aparece sola. Una relación sana se construye a base de conversaciones difíciles, con ganas de escuchar, ganas de contar y ganas de comprender”.
Joan Garriga, sicólogo, en su libro Bailando Juntos habla sobre cómo se puede ser feliz en pareja, pero la pareja no da la felicidad. Las parejas que mejor funcionan, van construyendo y reconstruyéndose a la par. Y de esto quisiera que reflexionemos esta semana. ¿De qué manera puedo gestionar un mejor diálogo con mi pareja? ¿De qué formas es necesario reinventarse y reconocerse?
Te comparto las 12 reglas que Garriga propone, para pasar del viejo amor al buen amor.
1. “Sin ti no podría vivir”, mejor di: “Sin ti, también me iría bien”. La certeza de que somos dos adultos que nos sostenemos sobre nuestros propios pies, nos permite respetar la individualidad del otro, y dejar de actuar como dos niños que buscan a sus padres. Sin ti me iría bien, pero me alegra el corazón que sea contigo y que estemos juntos.
2. Te quiero por ti mismo. A pesar de ti mismo. Amar las sombras de la otra persona, sus egos, sus dificultades… ser compasivos con eso. Eso significa que somos capaces de amar al otro aun en su sombra. La pareja es un campo de crecimiento en donde se van limando las asperezas del ego. Gracias a que el amor compartido es capaz de soportarlo.
3. “Hazme feliz”, decimos siempre, pero es mejor decir “yo soy feliz y me gusta compartir mi felicidad contigo”. La pareja no está pensada para darnos la felicidad, aunque si sabemos conjugar todas sus dimensiones, experimentamos algo que se acerca a la dicha. Sentimos que pertenecemos a algo. Que hemos creado una intimidad, un vínculo… y que construimos caminos de vida.
4. Cuando usted dice: “quiero una pareja”, mejor diga: “me preparo para ser una buena pareja”. El exceso de “yo”, de querer tener toda la atención, de ser llenados todos los vacíos, y de la individualidad por encima del “nosotros”, convierte a la pareja en un campo increíble de libertad, y al mismo tiempo nos expone a más y más soledad e incertidumbre. Si quieres tener pareja, trabaja en tu interior para encontrar tu propio tono y tu manera para ser compañero o compañera. Lo demás se irá dando solo.
5. “Yo te lo daré todo”. En vez de decir eso, mejor di: “dame lo que me mantiene en el mismo rango que tú”. La pareja es una relación de igualdad en la que hay que procurar que haya un intercambio de equilibrio y justicia, para preservar la paridad del rango. Dar mucho puede generar en la otra persona un sentimiento de deuda y empequeñecer a la persona. Tal vez sin saberlo, das de más con la finalidad de ejercer mayor control. Busca que se convierta en un intercambio fértil. Donde ahí crezca la felicidad.
6. Muchas veces las parejas dicen: “dámelo todo.” Mejor di: “Dame lo que tienes y eres, y yo puedo compensar para mantener mi dignidad”. Cuando alguien pide todo del otro, podemos comprender que la persona actúa desde el niño, o no apreciará lo que se le da, pues está anclada en un guion de insatisfacción que se nutre de demandas. Hay que aprender a aceptar lo que el otro da, es lo que tiene para dar.
7. “Ojalá mi pareja sea intensa y emocional. Ojalá sea fácil”. Algunas relaciones discurren con fluidez y facilidad, pero estas son el resultado de un encuentro de dos naturalezas que armonizan sin grandes desencajes. Otras veces todo es difícil, y a pesar del amor y de las grandes turbulencias emocionales y los juegos desgastantes, tiene que ver con heridas infantiles y viejos anhelos no colmados.
8. El punto de luchar por el poder y de cooperar juntos. Es maravilloso cuando ambos sienten desde adentro, desde el corazón, que no hay mejor o peor, sino que simplemente caminan juntos. No uno por arriba o abajo, ni uno por delante ni uno por detrás. Sino simplemente cooperan. Son compañeros, amigos, hermanos, amantes y socios. Uno y uno son más que dos.
9. “Yo pienso, tú sientes, y ante lo difícil, sálvese quien pueda”. Mejor diga: “Reímos, lloramos juntos, y juntos nos abrimos a la alegría y el dolor. Las parejas enfrentan en su proceso vital asuntos que en algún momento duelen. Hijos que no vienen, abortos, muertes de seres queridos, vaivenes económicos y existenciales. Son asuntos que ponen a prueba la capacidad de aguante de la pareja y que, o bien la fortalecen, o bien la derrumban, y ponen en ella resentimientos y millas de distancia.
10. “Que sea para siempre”. Más bien diga: “Que dure lo que deba durar”. Entrar en el “todos los días” es una oportunidad de crear la pareja cada día, a nuestra manera y de vivir lo que nos permite.
11. “Primero mis padres o nuestros hijos y luego tú”. Mejor diga: “Primero nosotros”. El amor se desarrolla mejor cuando se pone la pareja como prioridad.
12. “Te conozco”. Mejor diga: “Cada día te veo, y te reconozco de nuevo”. En ocasiones nos relacionamos con la persona que fue anteriormente. Vivimos en el pasado y dejamos de actualizar quiénes fuimos y quiénes somos. El otro se ilumina cuando le reconocemos y le descubrimos de nuevo.
¿Qué te mueve de esto? Que estas reflexiones te lleven a mirar quién es tu pareja y quién eres tú en ese equipo. Recordando que siempre es mejor el intercambio positivo y gratificante, y buscando amar al otro por quien es.
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