En una reunión en zoom después de la cena navideña, unos amig@s y yo hablábamos de lo que cada quien hacía en su país, todos los rituales interesantísimos sobre cómo se abordan las fiestas desde tiempos precristianos como sucedía con las saturnales, y la celebración de la fiesta del Yule, sin duda más antiguas y todavía presentes pese al festival de constructo cristiano.
Sin embargo, lo interesante de la fiesta del nacimiento de Jesucristo y sus diversos abordajes desde los diferentes cultos, es la cantidad de fe que cada quien le pone al asunto. Por ejemplo, en la reunión nos preguntamos durante largo rato: a la Virgen le preguntaron que si quería ser la madre del divino o nada más le llegaron a avisar que iba a tener ese destino tan determinante en la historia de las mujeres y los demás seres humanos.
Porque si hay alguien en medio, encima de todo, es la figura primaria de la mujer que es la virgen en todos los sentidos virgen. La noción de coitalidad es un constructo tan elaboradamente brutal que no puede tocar una figura alejada de todo proyecto de pureza celestial y terrenal. Para eso está el pecado, para mantenernos lejos y aterrizados.
Entre todos checamos diversas versiones de la Biblia, ya ven que existen tantas traducciones, versiones, dataciones, e incluso Kanye West hizo la suya propia basándose en el libro al que nos referimos. Dicho sea de paso, es el libro fundamental de la humanidad, más allá de su contenido, porque fue el primer libro impreso y eso significa un enorme paso para la humanidad: la dispersión del conocimiento.
María, una jovencita comprometida con un señor muchísimos años mayor que ella, que se llamaba José, recibió un día la visita del arcángel Gabriel quien realmente solo le avisó a la muchacha lo que iba a suceder a continuación, como viene en Lucas 16: 26-38:
“A los seis meses, Dios envió al ángel Gabriel…se acercó a ella y le dijo: ¡Te saludo, tú que has recibido el favor de Dios! El Señor está contigo. Ante estas palabras, María se perturbó, y se preguntaba qué podría significar este saludo. No tengas miedo, María; Dios te ha concedido su favor –le dijo el ángel–. Quedarás encinta y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Él será un gran hombre, y lo llamarán Hijo del Altísimo… Su reinado no tendrá fin.
“¿Cómo podrá suceder esto –le preguntó María al ángel–, puesto que soy virgen?”.
Corte a la cita bíblica en la que estábamos, y en la que podemos observar claramente que Gabriel básicamente pudo haberle preguntado, pero solo le viene a avisar lo que va a suceder a continuación en su corta vida, que compartirá con un señor esposo senecto, a quien además le deberá dar la noticia de que se embarazará pronto.
“El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Así que al santo niño que va a nacer lo llamarán Hijo de Dios”.
El dictado de Gabriel sobre lo que seguirá en la vida de la Virgen María es básicamente un aviso, no le preguntaron si quería o no porque además ella contestó: “Que él haga conmigo como me has dicho”. Imaginen el poder de decisión que haya tenido en esos tiempos una pequeña adolescente como la Virgen María, que se había tenido que casar con un señor cuatro veces mayor que ella. Por supuesto que iba a aceptar. De muchas formas María es a la vez una mártir, una heroína y una mujer que tomó la bala.
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