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Coahuila

Lealtades inquebrantables

Por Gerardo Hernández

Hace 1 mes

La presidenta Claudia Sheinbaum ha estado a prueba desde el primer día de su Gobierno. En un país machista y misógino como el nuestro, ver a una mujer en la cima del poder representa, para muchos, un agravio; en especial para la derecha y sus adláteres. Sin embargo, por ahora las campañas para desestabilizar al primer Gobierno feminista han fracasado. La aprobación presidencial del 70% que reportan las encuestas refleja una realidad incontrovertible y a la vez incómoda para los adversarios del régimen: la mayoría de los mexicanos ve un país distinto al que presentan los medios de comunicación y la “comentocracia” adversos al proyecto encabezado por Sheinbaum. Aún hay problemas por resolver, pero también avances significativos en materia social y atención a los sectores históricamente desdeñados.

En Brasil sucedió algo parecido. El programa “Hambre Cero”, implementado por el primer Presidente de izquierda de origen popular, Luiz Inácio Lula da Silva, rescató de la pobreza a cerca de 30 millones de personas. La reacción siempre lo asedió, mas no pudo evitar que su jefa de Gabinete, Dilma Rousseff, le sucediera. Rousseff resistió las presiones para romper con Lula, pero una trama política encabezada por el líder de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, y el vicepresidente Michel Temer, apoyados por una coalición de partidos de derecha, condujo a su destitución mediante un controvertido juicio político en 2016, durante su segundo mandato. El diputado ultraconservador Jair Bolsonaro aprovechó la agitación contra el gobernante Partido de los Trabajadores y dos años después se convirtió en Presidente.

Bolsonaro quiso reelegirse en 2022, pero fue derrotado por Lula da Silva. En respuesta, el excapitán de artillería –quien ha expresado su simpatía por la dictadura militar que gobernó a su país en el periodo 1964-1985–, aliado del presidente Donald Trump, incitó a sus seguidores a intentar un golpe de Estado. La justicia brasileña defendió la democracia y dio ejemplo a la de Estados Unidos: Bolsonaro fue condenado a 27 años y tres meses de prisión. En represalia, el Gobierno de Estados Unidos revocó la visa al juez Alexandre de Moraes, a su familia y a sus colaboradores. El secretario de Estado, Marco Rubio, calificó la sentencia de “caza política de brujas” y acusó al magistrado de crear “un sistema de persecución y censura […] que también se extiende más allá de las fronteras de Brasil y afecta a los estadunidenses” (El País, 18.07.25).

La dictadura que Bolsonaro defiende es la misma que torturó a Dilma Rousseff en 1970, cuando militaba en el movimiento guerrillero COLINA que combatió al régimen castrense. El mismo año que el émulo de Trump fue sentenciado, la presidenta de la Comisión de Amnistía de Brasil, Ana Maria Lima de Oliveira, satisfizo una petición de Rousseff, formulada hace más de dos décadas, que Bolsonaro rechazó en 2022: “Esta comisión, bajo los poderes otorgados, declara a Dilma Vana Rousseff como amnistiada política brasileña y, en nombre del Estado brasileño, le pide disculpas por las atrocidades cometidas por el Estado dictatorial contra usted, su familia, sus compañeros de lucha y, en última instancia, contra toda la sociedad brasileña”.

Rousseff creó durante su presidencia la Comisión Nacional de la Verdad, cuyo informe documentó 434 muertos y desaparecidos políticos durante la dictadura. La oriunda de Belo Horizonte preside desde 2023 el Nuevo Banco de Desarrollo, y Lula, su mentor, se encamina hacia un cuarto mandato. Los engranajes del poder político y económico siempre han intentado destruir a las mujeres que no responden a sus intereses, pero con Rousseff no pudieron. Tampoco doblegarán a la presidenta Sheinbaum ni romperán su alianza con López Obrador.

 

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