Arte

Publicado el viernes, 15 de agosto del 2025 a las 04:10
Ciudad de México.- Antes de que el cinefotógrafo Gabriel Figueroa inmortalizara esos emblemáticos paisajes en cintas como Río Escondido (1948) o Pueblerina (1949), el artista plástico Leopoldo Méndez ya había hecho lo propio desde el grabado.
Durante cerca de dos décadas, el icónico fundador del Taller de Gráfica Popular realizó por encargo estampas para realzar los créditos iniciales de algunas películas en las que la fotografía corrió a cargo de Figueroa. Una relación que ahora recupera el Museo Nacional de la Estampa (Munae) con la exposición Leopoldo Méndez: De la Estampa al Mural en Movimiento.
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A Leopoldo se le otorgaba primero el guión de la película para que él pudiera trabajar a partir de ello, y empezar a realizar algunas estampas que posteriormente Figueroa iba a retomar para algunas de las escenas”, resaltó este jueves David García, cocurador de la muestra junto con Caroline Montenat, durante un recorrido previo a su inauguración este sábado 16 de agosto.
Además de las producciones mencionadas, las otras que involucraron al memorable cinefotógrafo y para las que el artista plástico confeccionó grabados son El Rebozo de Soledad (1952), La Rebelión de los Colgados (1954), La Rosa Blanca (1961) y Un Dorado de Pancho Villa (1967), de las que se exhiben carteles.
A través de un video, la dupla curatorial dispuso algunos de los 41 grabados de la muestra –parte de la propia colección del Munae– junto a la composición visual que terminaron inspirando los referidos filmes.
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Lo interesante de esta colaboración es que, efectivamente, hay un tipo de convergencia ideológica y estética entre este cine y el grabado social. Y lo que planteamos es que los grabados de Leopoldo Méndez, gracias a Gabriel Figueroa, se hicieron murales”, comentó Montenat. “Es como una idea del muralismo desde el grabado y a través del cine”, agregó la cocuradora.
De acuerdo con el equipo que dio forma a esta exposición, cuya idea conceptual fue de la historiadora social Tamara González Silva, Figueroa mismo habría dicho en una entrevista de 1966 que Méndez tenía la visión de convertir sus grabados en “murales en movimiento”, los cuales pudieran alcanzar un público mucho más amplio que el de las monumentales obras plasmadas sobre inmuebles.
De ahí el título de la exposición, y también la intención detrás de las reproducciones en gran formato de algunos grabados cuya composición, sostienen los curadores, es la de un mural.
Mientras que González Silva, también presente durante el recorrido, destacó la preocupación compartida por Méndez y Figueroa por reivindicar la grandeza del pueblo mexicano desde la imagen, García enfatizó el entendimiento que había entre tales creadores especializados en el uso de luces y sombras.
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Esa es la importancia de que nosotros pongamos algunos de estos stills extraídos de las producciones cinematográficas, porque nos vamos a dar cuenta que, si bien es cierto que hay muchas imágenes que no necesariamente coinciden con el grabado, hay otras que sí”, insistió García. “Y esto nos habla mucho de esta similitud o de esa sinergia que había entre estos dos artistas, donde los dos entendían el mismo lenguaje a partir de técnicas distintas”.
De la Estampa al Mural en Movimiento permanecerá abierta al público hasta el 2 de noviembre. Y además de una charla con varios especialistas el próximo 12 de septiembre, se contempla realizar un ciclo de cine de la mano del laboratorio urbano de arte La Nana, a anunciarse en las redes sociales del museo (@munaemexico en X e Instagram).
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