En las tomas de tribuna del Congreso, previas a la discusión del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2022, la opción “Primero los pobres”, de la coalición Morena-PT-Verde, venció a la de “Unidos para defender a México” del frente PAN-PRI-PRD. El pulso lo ganó de nuevo Andrés Manuel López Obrador. Las oposiciones habían condicionado la reforma eléctrica a la negociación del PEF, y al no conseguirla amenazaron con cerrarle el paso. “Si no la aprueban (…), van a terminar de demostrar que no representan al pueblo, sino (…) a las empresas extranjeras y a los que han hecho jugosos negocios al amparo del poder público”, replicó el Presidente (Reforma, 16.11.21).
AMLO pudo haber entregado tajadas del presupuesto a las fracciones parlamentarias de la coalición Va por México, auspiciada por el activista Claudio X. González, la Coparmex y un grupo de intelectuales, como lo hicieron Peña Nieto, Felipe Calderón y Vicente Fox para conseguir sus reformas, pero desde un principio dijo no al chantaje. “Los principios y la dignidad no se negocian. Es lamentable que un partido que surge de un movimiento revolucionario (PRI) termine como defensor de saqueadores, dándole la espalda al pueblo. (…) Pues si no es conmigo, es con el pueblo”. En los presupuestos anteriores hubo partidas para moches, recordó en la mañanera del 15 de noviembre.
Jorge Triana, vicecoordinador de la fracción parlamentaria del PAN —segunda fuerza en el Congreso—, sepultó reformas constitucionales futuras. “La negativa y cerrazón de Morena y sus aliados para analizar el presupuesto alternativo que presentó la oposición cierra la posibilidad también de diálogo para discutir la reforma eléctrica, porque les dimos la mano, les dijimos que estábamos dispuestos al diálogo y a sentarnos a analizar el presupuesto en la inteligencia de que más adelante habría votaciones que requieren mayoría calificada y que eso obliga a las partes a sentarse a negociar”.
Los diputados del PAN, PRI y PRD desplegaron una manta en la tribuna del Congreso el 10 de noviembre con la leyenda: “Unidos para defender a México”. Pero ¿no fueron ellos quienes lo abandonaron y entregaron a los venales? Antes habían abrazado el Pacto por México para aprobar las reformas energética, laboral y educativa de Peña Nieto sin consultar a la sociedad. Las dos últimas presidencias todavía son recientes como para olvidar que en sus sexenios la violencia y la corrupción alcanzaron las cotas más altas. Los fenómenos subsisten en el Gobierno de López Obrador, y los homicidios incluso han aumentado, pero su aprobación, entre los rangos del 60-70%, le permite continuar con el cambio de régimen prometido en su toma de posesión.
La reforma eléctrica pondrá a prueba una vez más el liderazgo de AMLO. El PRI la rechaza de dientes afuera. Su condición de partido bisagra sería distinta si fuese una oposición real, permaneciera unido y los fantoches que lo representan, Alejandro Moreno y Rubén Moreira, tuvieran liderazgo en vez de afrontar investigaciones por el supuesto desvío de fondos cuando gobernaron Campeche y Coahuila. Con apenas cuatro gobernadores, el PRI tampoco tiene fuerza en los estados para imponer condiciones como lo hizo con Fox, Calderón e incluso con Peña. El Presidente parece dispuesto a estirar la liga para poner a raya a las corporaciones extranjeras y recuperar para el Estado el control del sector eléctrico. Si en el Congreso no cuenta con los votos suficientes para revertir la reforma de Peña Nieto, jugará otras cartas para persuadir a los diputados del PRI y el PRD.
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