Arte

Publicado el martes, 25 de febrero del 2025 a las 04:03
Ciudad de México.- Con sus carteles publicitarios y paneles reluciendo por las calles y salones de París a finales del Siglo XIX, el checo Alphonse Mucha (Ivancice, 1860-Praga, 1939) se convirtió en un referente de las artes decorativas y del art nouveau.
Sin embargo, existe también toda una dimensión nacionalista de su obra, que al no encajar con el clima político de los tiempos -primero con la invasión nazi y luego la ocupación soviética de Checoslovaquia-, históricamente resultaría mucho menos conocida.
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Durante más de 50 años, su obra estuvo oculta en la historia del arte occidental. La gente sabía sobre las cosas que hizo en París, pero todo lo demás quedó oculto”, remarca en entrevista remota Marcus Mucha, bisnieto del artista y director ejecutivo de la Fundación Mucha. “En primer lugar, (su arte) quedó escondido en un país ocupado por los nazis, y luego, después del golpe comunista de 1948, quedó encerrado detrás de la Cortina de Hierro”, continúa. “Nadie sabía sobre las pinturas al óleo que hizo, y a las que se debe gran parte de su reputación actual”.
Poder contar a cabalidad la vida y obra del artista, auténtico prócer para su país, es la intención central del Museo Mucha, un nuevo espacio expositivo que abrirá sus puertas este lunes en el Centro Histórico de Praga, con la muestra permanente Alphonse Mucha: Art nouveau & utopia, integrada por alrededor de 90 piezas, entre pinturas, carteles, dibujos, libros y fotografías, junto a proyecciones inmersivas y digitales.

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Tengo este extraordinario privilegio de poder volver a presentar a mucha gente de todo el mundo estos aspectos de este artista que, cuando visitó Estados Unidos por primera vez, fue recibido con un cartel que decía: ‘Alphonse Mucha, el mejor artista del mundo'”, refiere su bisnieto, orgulloso.
Alojado en el recién restaurado Palacio Savarin, joya barroca en la principal vía del centro de Praga, el nuevo museo comienza evocando los orígenes del artista, discriminado en su infancia por pertenecer a una minoría de hablantes de checo durante el régimen austrohúngaro.
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…El creció siendo muy pobre. En su familia habían sido campesinos que cultivaban uvas para vino en las colinas alrededor de Ivancice por generaciones y generaciones. Y su padre fue la primera persona de su familia en trabajar en el nivel más bajo de la burocracia austrohúngara”, narra su bisnieto. “Un día, al admirar unos frescos barrocos en una iglesia, cayó en cuenta de que: ‘Ah, a alguien le pagaron para hacer esto’. Y eso le dio la idea, el sueño de ser artista”.
Fueron sus colaboraciones con la famosa actriz francesa Sarah Bernhardt, quien contrató su trabajo en exclusiva durante seis años, lo que atrajo los reflectores hacia Mucha en el ambiente parisino. Icónicos son sus carteles de producciones teatrales como Gismonda (1894), La Dame aux Camélias (1896) y Médée (1898).
Ese resultó un momento excepcional para el checo, quien con su muy particular “le style Mucha” -cargado de motivos naturales, diademas florales y belleza femenina- alcanzó reconocimiento global y una gran fortuna; “pero se sentía muy vacío por dentro”, apunta el bisnieto.
De ahí que luego consiguiera una mayor realización espiritual con su trabajo dedicado, primero, al establecimiento de una Checoslovaquia independiente, y posteriormente poniendo su talento al servicio de este nuevo país. Todo esto además de abrirse a una “visión mucho más amplia y utópica de un mundo, donde la cultura podría ser un puente entre los países”.
Tiene una cita muy hermosa: ‘Cada país es una flor, y las flores son hermosas, pero cuando las entrelazas en una corona, la belleza del conjunto, de todas las flores juntas, es mayor que la de las flores individuales.
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Esa es su idea: que todos nosotros, como seres humanos, podemos trabajar juntos, podemos tener la sabiduría de ver nuestras diferencias, respetar esas diferencias, y encontrar una manera de vivir juntos en paz y armonía. “Y pienso que, especialmente hoy en día, cuando tenemos más conflictos en todo el mundo de lo que puedo recordar en mi vida, creo que este es un mensaje muy importante”, sostiene el director de la Fundación Mucha.
Finalmente, quien hoy dirige esta entidad dedicada a promover el legado del creador checo celebra no sólo la vigencia de esa visión utópica y pacifista, sino de su sensibilidad estética misma, la cual ha ejercido una influencia duradera en diversos movimientos y culturas, como el arte callejero y del tatuaje, el manga en Japón, carteles y discos de rock, y hasta en Hollywood.
Creo que encuentran algo en la obra de Mucha que habla de estas ideas de libertad, de autodeterminación”, opina su bisnieto. “Y es realmente fantástico que estas comunidades que podrían haber sido ignoradas por la corriente principal de la historia del arte durante mucho tiempo encuentren algo en Mucha que les hable”.
Los descendientes del creador checo aspiran a que su nuevo recinto sea un atractivo turístico en Praga, a la manera del Museo Van Gogh en Amsterdam, y un sitio donde la gente pueda apreciar como es debido piezas como La epopeya eslava, trabajo monumental en donde plasmó la historia milenaria de la nación checa.

Legado familiar
Creciendo fuera de su país, Marcus Mucha sabía acerca de esa particular herencia ligada a su apellido, aunque en realidad no lo podía dimensionar del todo.
“Mi familia no era una familia que fuera bien considerada por el régimen comunista, entonces mi padre, cuando quiso ir a la universidad en 1966, no le permitieron hacerlo en Checoslovaquia. Así que huyó del país hacia Inglaterra, donde conoció a mi madre, y donde nacimos yo y mis hermanos”, relata el ex productor de cine y televisión.
“Y no fue sino hasta 1989, cuando terminó el régimen comunista, que pudimos regresar como familia a Praga, y ver realmente lo importante que había sido (Alphonse Mucha), el alcance de sus logros, y también ver cómo la gente de aquí siente tanto cariño y orgullo por su trabajo como estoy seguro que la gente en México se siente cuando ve el trabajo de Diego Rivera o Frida Kahlo”.
La Fundación Mucha fue creada en 1992 por el nieto del artista, John Mucha -padre de Marcus-, y actualmente resguarda una colección de alrededor de 4 mil obras de arte.
“Es un privilegio extraordinario, pero también una gran responsabilidad, porque muchas de sus obras son muy delicadas, obras sobre papel. Por eso, dedicamos mucho tiempo a realizar investigaciones de vanguardia sobre métodos de conservación y cómo cuidar este tipo de piezas”, cuenta el actual director de la Fundación Mucha, instancia que ha organizado más de 90 exposiciones en todo el mundo.
“Alphonse creía apasionadamente que el arte era un beneficio universal para la humanidad, y quería que la mayor cantidad de gente posible viera su obra”, subraya su bisnieto. “Así que tratamos de hacer que su trabajo esté lo más disponible posible y, al mismo tiempo, nos aseguramos de que esté protegido”.
Con nuevos descendientes portando el apellido Mucha, Marcus espera que el esfuerzo iniciado por su padre y abuelo para hacerse cargo del legado de Mucha pueda persistir por largo tiempo.
“Soy la cuarta generación de nuestra familia que se ocupa de sus obras de arte, y espero que mis tataranietos hagan lo mismo, y que podamos inaugurar más exposiciones, no sé, en la Luna o en Marte”, bromea. “Y cuando hagan eso, quiero que puedan presentar a su público estas obras tan frescas como cuando estaban en las calles de París en la década de 1890”.
…Y traerán exposición a México
La primera exposición de Mucha en México tendrá lugar en el Museo Kaluz en octubre del 2026, según adelanta a REFORMA el bisnieto del artista.
En realidad, precisa, se trata de algo que habían venido platicando con Miguel Fernández Félix cuando era director del Museo del Palacio de Bellas Artes, recinto propuesto para albergar la exhibición del artista checo.
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Desafortunadamente, vino la pandemia y todo cambió. Así que no sucedió, pero él (Fernández Félix) sigue apasionado con Mucha, y ahora dirige el Museo Kaluz. “Entonces, en dos años estaremos en México con esta exposición, y estamos muy, muy emocionados de presentar mucho más del trabajo de Mucha al público mexicano, que creemos que realmente va a responder a él”, dice con entusiasmo el director de la Fundación Mucha. “Siempre es un privilegio mostrar su trabajo por primera vez en países donde no se han exhibido los originales antes”.
Por lo pronto, en mayo próximo abrirá en La Colección Phillips, en Washington, la muestra Timeless Mucha: The Magic of Line, que es el arranque de la gira expositiva cuya última parada sería el Museo Kaluz.
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Es una exposición acerca de la influencia de Mucha. En primer lugar, analiza los objetos que tenía en su colección de arte personal cuando estaba en París, y cómo esos objetos influyeron en su obra. Y luego, aborda cómo influenció a futuras generaciones de artistas”, agrega, poniendo como ejemplo el impacto del checo en creadoras de manga de la década de 1970, o en el historietista cubanoamericano Joe Quesada.
“Y estamos muy emocionados de hacer la investigación curatorial para descubrir quiénes son los jóvenes artistas en México inspirados por Mucha, y cómo están usando sus ideas y su estilo para expresar los temas que son importantes para ellos”.
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