Tengo aproximadamente dos años siguiendo de cerca los cuestionamientos y debate público de políticos estadunidenses sobre la existencia de extraterrestres. Y este morbo se debe en parte por la natural curiosidad de saber la verdad. Pero este debate tiene un ángulo político muy peligroso: El anuncio de la existencia, o no, de extraterrestres no tendría un propósito de iluminar la humanidad. Es mucho más probable que esta información se anunciaría en forma absolutamente irresponsable, como un arma política, para fortalecer el legado de un presidente incapaz o para distraer a los electores estadounidenses de las diferentes crisis que enfrenta el presidente Donald Trump.
La información y el debate sobre la existencia o no extraterrestres obviamente no es monopolio de Estados Unidos, ni del actual presidente. Es una conversación milenaria con matices religiosos y biológicos donde en el centro se buscan respuestas fundamentales de quiénes somos y en qué creemos. Pero probablemente el único país y gobernante que tiene la plataforma mundial para hacer un anuncio creíble (sea verdad o no) son los Estados Unidos y el presidente Donald Trump.
La pregunta existencia es: ¿Cuáles serían los objetivos de anunciarlo y podría hacerlo en una forma responsable que no traumatizara la humanidad? Porque de que tendrá un impacto histórico en la humanidad no me cabe la menor duda.
Este jueves, el presidente Donald Trump escribió en su red Truth Social que “Basado en el enorme interés mostrado, daré instrucciones al secretario de Guerra, y a otros departamentos y agencias relevantes, para que comiencen el proceso de identificar y divulgar archivos del Gobierno relacionados con vida alienígena y extraterrestre, fenómenos aéreos no identificados (UAP) y objetos voladores no identificados (OVNI), así como cualquier otra información conectada con estos asuntos tan complejos, pero extremadamente interesantes e importantes. ¡DIOS BENDIGA A AMÉRICA!”. Esta orden fue en reacción a las declaraciones de Barack Obama, el antagónico más importante de Trump, que en un podcast, el expresidente pareció confirmar la existencia de extraterrestres, aunque más tarde aclaró que no ha visto ninguna prueba de vida extraterrestre. La reacción inicial del presidente Donald Trump fue asegurar que Obama divulgó información clasificada. Horas después, Trump ordenó que las agencias de Gobierno que divulgaran información sobre extraterrestres. Parecería molesto que Obama, de nuevo, estuviera haciéndole sombra.
Pero no es la primera vez que hay una orden de transparentar el llamado fenómeno OVNI, ahora conocidos como UAP en Estados Unidos.
Las audiencias legislativas encabezadas por la congresista Anna Paulina Luna marcaron un punto de inflexión al colocar el tema de los fenómenos aéreos no identificados en el centro del debate público. En ellas, exfuncionarios militares y de inteligencia declararon bajo juramento que el Gobierno estadunidense ha recopilado durante décadas evidencias de UAP, incluidos incidentes documentados por pilotos y sensores, y denunciaron la existencia de programas altamente clasificados, falta de transparencia del Pentágono y posible retención de información, incluso frente al Congreso.
La opacidad puede explicarse por razones estratégicas: cualquier objeto desconocido en el espacio aéreo podría implicar amenazas o ventajas tecnológicas de potencias rivales; además, existe el temor a provocar pánico o exhibir vulnerabilidades en los sistemas de defensa.
Un anuncio formal de Donald Trump sobre vida extraterrestre tendría efectos inmediatos en los mercados y en la percepción pública global, con reacciones que irían de la cautela institucional al escepticismo o la ansiedad colectiva, según la forma y el contexto del mensaje.
Pero no hay vuelta de hoja.
La pregunta sigue siendo cuáles serán los objetivos de Trump: viéndose como una figura histórica o un intento de encubrir u ofuscar. Anunciarlo en una forma irresponsable, para robar titulares.
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