La participación de un individuo en las elecciones del 2018 cuyo historial crediticio dejaba mucho que desear, fue lo peor que pudo pasarle a México. No se trataba de simples sospechas hacia un candidato que la gran mayoría de los mexicanos no veía con buenos ojos. Se trataba de algo más que eso.
La desconfianza era obvia hacia un individuo mentiroso y falso al que poco o nada le importaba el país. No se trataba solo de una persona resentida sino de naturaleza destructora y eso tiene un nombre: maldad. El ocupar el cargo de Presidente de México, significa compromiso con el país al que deberá servir con inteligencia, con amor. pero ante todo, con lealtad. Sí, con lealtad a la Patria siempre en defensa de sus instituciones. Lo que no ha sucedido.
El “triunfo” de López Obrador ha sido lo peor que pudo pasarle a México, nuestro México. Con la llegada de ese individuo inició la destrucción de nuestro hermoso país el que, con todas las carencias o defectos que pudiera tener, no merecía ser gobernado por una mafia que se ha ido apoderando de su riqueza.
México merece algo mejor, mucho mejor que lo que hoy se le ha dado. Debería de darles vergüenza a quienes han apoyado un movimiento destructor. Todos ellos, militantes y quienes se aliaron políticamente a un proyecto que no ha llevado beneficios a nuestras ciudades, no merecen ningún respeto de nuestra parte.
Nadie, con un poquito de sentido común sería capaz de no darse cuenta de las verdaderas intenciones de individuos nefastos para el país. Poner a nuestro México en una situación peligrosa, ofensiva y dañina a la que ha llevado a nuestro país. Son tan responsables, como los que orquestaron el peor desastre de nuestra historia.
Llegaron al poder con un plan premeditado: destruir todo lo que otros gobiernos hicieron y que había dado resultados. Mintieron, engañaron, ofendieron y culparon de todo al pasado con el firme propósito de poner en marcha su proyecto nefasto que nada ha tenido que ver con el ser y sentir de los mexicanos, menos aún, con su forma de gobierno por demás inaceptable.
Han mantenido alianzas con individuos comunistas y adoptado e impuesto su estilo de gobierno como el de sus aliados. Ya nada está oculto, son tan cínicos que nada les importa. Sin embargo, al destruir nuestras instituciones, ganar elecciones de manera más que dudosa, fraudulenta, la soberbia que los invade los ha llevado a considerarse dueños de nuestro México.
Nos han robado descaradamente, se han enriquecido con una vileza espantosa los que tanto “cacarearon” ser diferentes. De la mediocridad han pasado a la ostentación. Han criticado y expuesto al que con trabajo y esfuerzo construyó un patrimonio; en cambio, justifican lo injustificable: el haber llegado a un cargo y volverse no solo rico, sino millonario.
Exhiben su riqueza mal habida sin pudor alguno en fiestas, viajes, compras de relojes de marca, ropa, propiedades. Ostentación de mal gusto como insultante.
Han pretendido comprar a la gente con los programas llamados de “bienestar”. Olvidaron que los programas sociales vienen de los gobiernos que tanto han criticado y que fueron planeados como apoyo a la economía familiar.
Apoyos bien estructurados y a quién realmente lo requiriera no como medida clientelar electorera.
¿Realmente alguien creyó en la buena fe de un gobierno amigo no solo de comunistas sino de mafiosos? Llevamos ya siete años de soportar cómo se destruye a nuestro país ¿cuánto tiempo más lo toleraremos?
La verdad va saliendo a flote; la mentira, el engaño y las traiciones no se ocultan para siempre. Es la hora de la verdad, de sacar toda la inmundicia que llegó con gente que no merecía llegar al poder, mucho menos continuar disfrutando de él.
Es vergonzoso lo que nos está sucediendo por culpa de personas, cuya moral y amor por México está más que cuestionada. Ahora resulta que se exigen “pruebas” en el caso del gobernador de Sinaloa. ¿Más pruebas que la ingobernabilidad que vive ese estado? Ciudades donde sus habitantes han padecido actos vandálicos, extorsiones, secuestros, el dolor de llorar a sus seres queridos, víctimas de una violencia incontrolable.
No sólo es Sinaloa, hay más estados en la misma situación. Definitivamente no se puede ni se debe defender lo indefendible.
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