Arte

Publicado el lunes, 6 de abril del 2026 a las 04:01
Ciudad de México.- La muestra Aztlán, que aloja Bellas Artes, resuena en tiempos de crisis migratoria en Estados Unidos con la obra de 30 artistas y colectivos chicanos: “Que lleguen los chicanos (al Palacio de Bellas Artes) y digan ‘aquí estamos’ es lo más importante. Se tiene que conectar el arte con el trabajo de la revolución, del chicanismo porque ahorita se necesita luchar y mostrar a la gente que el arte tiene el poder de cambiar las cosas”, dice Alfredo Díaz, delante del mural El Más Allá (The Beyond) en el vestíbulo del museo, comisionado al 3B Collective para la exposición.
Una lucha urgente contra las redadas del ICE bajo la presidencia de Donald Trump. El artista está preocupado por la situación que encontrará a su regreso a California, con los agentes del servicio de migración en el aeropuerto.
Fundado en Los Ángeles en 2017, 3B Collective trabaja con una gran variedad de técnicas como el muralismo, la instalación, la serigrafía y el esténcil. Sus obras fomentan el orgullo y la resistencia de la comunidad chicana.
Saldar una deuda
La exposición salda una deuda histórica con el movimiento cultural gestado en esta ciudad, en palabras de los curadores Jesse Lerner, cineasta, y Rubén Ortiz-Torres, artista visual. Ambos vestían con el característico Zoot Suit de los años 30: saco largo de solapas anchas, sombrero de ala ancha y corbatas llamativas.
Arranca con una cronología breve que explica nueve siglos de relaciones entre el valle central de México y el suroeste de los Estados Unidos desde la época prehispánica. Sitúa los hechos relevantes de la historia de Los Ángeles y de la comunidad de ascendencia mexicana y de las relaciones bilaterales.
Con la obra de 30 artistas y los colectivos ASCO y 3B Collective, la exposición está organizada en cuatro secciones: East Side Stories, que presenta cuestiones identitarias; Varrio, escrita como los cholos para referirse al barrio de clase trabajadora latina, está enfocada en el paisaje urbano, en especial en Los Ángeles, donde radica la comunidad chicana más grande.
Prosigue con Desmuralismos que propone pensar el legado del muralismo más allá del muro; y finaliza con Transtemporalidades, Lowriding con los Dioses, la obra de estos artistas combina ciencia ficción con astronomía y astrología mesoamericana, y saberes indígenas con otras tecnologías.
Ortiz-Torres, vinculado al 3B Collective, sostiene que el arte chicano ha evolucionado a partir del movimiento de derechos civiles, permitiendo a los artistas acceder a educación en las mejores escuelas de arte y a exposiciones en instituciones como la Bienal del Whitney.
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Había una noción de nacionalismo chicano, ahora hay quien habla de un internacionalismo chicano”, formula Ortiz-Torres al referirse a artistas como Rubén Martínez, de familia salvadoreña y mexicana. “Nosotros hemos tratado de tener una noción que es más inclusiva y más internacionalista. Más que una cosa nacionalista exclusivamente”, ataja al referirse a la complejidad de la identidad chicana, dado que algunos artistas se identifican con el movimiento chicano, mientras que otros adoptan una perspectiva más universal o indígena.
Artistas invitados
Entre los artistas destacados se encuentran Patty Valdez, miembro de ASCO, y Cristina Fernández, quien documenta “sweatshops” en Los Ángeles. Raúl Baltazar realiza performances con hielos que se derriten en protestas.
A partir de la historia del arte público en el sur de California, Sandra de la Loza desarrolla remixes digitales elaborados con imágenes de archivo de varios murales fragmentados.
El colectivo ASCO, activo entre 1972 y 1987, parodió la suposición de que, por ser artistas de ascendencia mexicana, el muralismo debía constituir su forma natural de expresión artística. Utilizaron en cambio el performance, la fotografía y el arte callejero.
La exposición también presenta el trabajo de Chaz Bojorquez, considerado uno de los pioneros del arte callejero en Los Ángeles, así como uno de los artistas más importantes del grafiti.
Influenciado por Marcel Duchamp, Bojorquez creó en 1969 el esténcil Señor Suerte, imagen con la que intervino muros cercanos a las autopistas de una zona que llegó a ser conocida como Valley of Skulls (valle de las calaveras).
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