Decía Evita Perón que, y cito: “el pueblo no necesita que su Gobierno se queje y culpe a su antecesor. Es votado para que mejore la situación, por eso fue elegido, para dar soluciones. Para quejarse ya está el pueblo”. Y en nuestro contexto actual esta frase le podría parecer simplista, reduccionista, pero, aun así, en su esencia, es válida.
Sí, efectivamente, los grandes problemas que aquejan al país se alimentaron a lo largo de décadas de omisiones, excesos y corrupción de quienes nos gobernaron, y por eso, precisamente por eso, es que el pueblo de México votó mayoritariamente por un cambio: votó por la esperanza de que ahora sí las cosas fueran distintas.
Han pasado tres años y medio de la actual Administración, la de la cuarta transformación del país y las cosas, en sus fundamentales, siguen igual e incluso, problemas como la pobreza y la violencia, han aumentado, según los datos oficiales del Inegi y del Secretariado Ejecutivo de Seguridad Pública.
Hay otra frase que quiero compartir y que se le atribuye falsamente a la excanciller alemana Angela Merkel, pero que, en su fondo, pues resulta igualmente válida, y cito de nuevo: “Los gobernantes no heredan problemas. Se supone que los conocen de antemano, por eso se hacen elegir para gobernar con el propósito de corregir esos problemas. Culpar a los predecesores es una salida fácil y mediocre”.
Ahora una precisión: nadie en su sano juicio esperaba que en tres años y medio se construyera otro país, pero sí, al menos, que se contuvieran los grandes problemas. Y el tema de fondo, hoy, es que bueno fuera que el México que dibuja el Presidente en sus discursos fuera el real, pero lamentablemente no es así.
Quién sabe, pero tal vez hasta los inquisidores del ganso oficio podrían reconocer que tres años y medio después, como que resulta muy difícil el justificar lo que sucede hoy como una herencia del pasado. Quién sabe, tal vez llegó la hora de dejar de endosar culpas y atacar, efectiva y realmente, esos grandes problemas que prometió resolver el que hoy nos gobierna.
Y a manera de posdata, convendría que alguien, al que sí le haga caso, le dijera al Presidente que no se ayuda cuando saca ese pañuelito blanco y sentencia que la corrupción ya no existe y que ya no hay impunidad, pese a que estas siguen imperando en la vida cotidiana de todos los mexicanos. Sí, hoy somos un país con corrupción, impunidad, pobreza, desigualdad y violencia, mucha violencia, y eso es lo que importa, lo que somos hoy.
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