Para la mayoría de los mexicanos, Díaz Ordaz aparece como un ser satánico. Nada más alejado de la realidad.
Díaz Ordaz era fanático del orden, y viviendo la época del desarrollo estabilizador, concretó muchos avances que hacían a México encaminarse a un futuro más estable.
Lo principal era el balance del presupuesto nacional, ese estado en que una nación gasta lo que recauda.
Le tocaron organizar y realizar los juegos olímpicos, construir mucha infraestructura, incluida la agricultura, y la construcción del transporte metropolitano Metro.
Dejó una deuda externa, fuerte, que podía ser liquidada en el siguiente sexenio.
Era priista, y sentía y tenía el poder de meter orden, por eso, apagó un movimiento que empezó como protestas contra la policía pero degeneró en un intento de quitarlo del poder, a sangre y fuego, aplacó ese intento, ya propiedad de otras fuerzas más poderosas y declaró su responsabilidad.
Ese balance presupuestario se perdió con su sucesor Echeverría y nunca volvió, quien más avanzó en el intento de volver al balance, fue el presidente Calderón pero era mucho el gasto comprometido por todo el aparato gubernamental.
Ese avance más otros intentos, ya han sido revertidos y los derroches multiplicados, por el actual gobierno.
La única herramienta recaudatoria que funciona es la venta de combustibles por eso, ” el superpeso”, sirve para lo mismo que las pirámides.
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