Él ya traía en la sangre y en los genes el artista, el cincelador, el imaginario. Su abuelo y su padre, Erasmo y Pedro Fuentes, fueron dos famosos taxidermistas, en quienes Alejandro Fuentes Gil se inspiró desde niño y con una caja de plastilina descubrió su habilitad para la escultura.
Alejandro nació en la Navidad de 1951, en el seno de una típica familia saltillense. Fuentes Gil observaba a su padre trabajar en su taller, su primera escuela de arte, pues era especialista en taxidermia, que es la práctica especializada en la disección de cadáveres de animales, que tiene más aplicaciones en el plano científico. Esta técnica también se emplea para embalsamar animales para su estudio o exposición en museos. Al preservar una especie para su exhibición y estudio durante siglos, esta práctica logra capturar el tiempo de una forma sorprendente.
Es muy difícil que en tan corto espacio se pueda describir la historia y la vida llena de genialidad de don Alejandro, el escultor de las grandes obras, que desde niño es curioso, inquieto, observador y trabajador.
Estudió la carrera de ingeniero industrial en el Instituto Tecnológico de Saltillo; por 10 años fue maestro de matemática en esa y otras instituciones educativas de la ciudad, pero dejó el camino de la docencia para dedicarse a lo que más le apasionaba. Contaba con 33 años de edad. Ya casado y con familia emprendió la aventura siempre apoyada por su esposa, la señora Avelina Quezada. Su primera obra fue para una destacada familia saltillense, el busto del empresario y deportista Manuel J. García, recién fallecido, notable comerciante que como muchos de los de su especie empezó desde muy abajo, hasta crear un emporio. Como tirador deportivo y cazador el señor García obtuvo importantes trofeos y piezas.
Sería largo enumerar la obra del señor Fuentes Gil, sólo incluiría algunas para destacar su valía y participación como El Águila, enorme monumento denominado “emprendiendo el vuelo” que simboliza al Museo de las Aves de México en Saltillo, recinto que conserva piezas del trabajo de un notable coleccionista de aves y taxidermista, don Aldegundo Garza.
O la obra que expuso en un evento internacional en el Museo de las Cataratas de Niagara, Canadá, que reunió a artistas de 19 país para patentizar la importancia del agua, con la serie figuras que denominó Alejandro Fuentes, Ceremonial, una escultura con temas alusivos a Tláloc, el dios de la lluvia.
Otra importante participación de Fuentes Gil es la reconstrucción de la Fuente de las Ninfas en la Plaza de Armas de Saltillo, pieza de gran valor donada por colonos extranjeros a la ciudad de Saltillo y construida a principio del siglo pasado en Nueva York. La obra había sido maltratada por una grúa mecánica que acomodaba el enorme pino de navidad en la Plaza de Armas.
Y la escultura Profesor Inspirador, para las celebraciones del 80 aniversario de la fundación del Instituto Tecnológico de Monterrey. Recientemente la familia de osos en el paseo capital de la ciudad de Saltillo. Conserva además una serie de trofeos conquistados dentro y fuera del país.
Al principio la fundición de las piezas se hacía en la Ciudad de México, pero a iniciativa de doña Avelina, Alejandro adquirió el rudimentario taller de su primo Erasmo Fuentes, que con el tiempo fue mejorando con métodos muy modernos.
Fuentes Gil ya no está sólo en el arte
Ahora “adopta” el apellido de sus hijos los Fuentes Quezada, Alejandro, Carolina y Avelina, tres modernos artistas de la escultura y la pintura, que han forjado su propia historia que se podría escribir aparte. Fernando júnior esta más apegado a don Alejandro y juntos han formado un binomio de arte cuyas muestras hay en diferentes partes del país y el extranjero.
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