Coahuila
Hace 3 años
Nadie puede negar que, en México, durante la primera mitad del Siglo XIX, la figura política más refulgente fue Antonio de Padua María Severino López De Santa Anna y Pérez De Lebrón quien durante once veces llegó a, se fue o lo fueron de, la presidencia de la república. De lo que habremos de ocuparnos en esta ocasión es de como se dio, el 20 de abril de 1853, su undécimo arribo, el discurso de toma de posesión y las alabanzas que recibían sus propuestas en un periódico denominado “El Universal,” mismo que se hacia llamar diario independiente (¡!). Hemos de aclarar que dicha publicación nada tiene que ver con El Universal de ahora, El Gran Diario de México. Por supuesto, no dejaremos de lado el decreto que lanzó, el 22 de abril de año referido, para achicar la administración pública e implantar el centralismo. Pero como dirían por ahí, empecemos por el principio del fin.
Era el 20 octubre de 1852 cuando en Guadalajara se reunieron en el llamado Hospicio de los Pobres (hoy Cabañas) un grupo de personas compuesto por magistrados, comerciantes y, por supuesto, clérigos. Todos estaban preocupados no solamente por lo que sucedía en su estado, sino, también, por la situación del país. Ante ello, decidieron lanzar el Llamado Plan del Hospicio. Tras de hacer toda una serie de consideraciones sobre lo mal que andan las cosas, su objetivo puede resumirse en tres puntos: La remoción del presidente José Mariano Martín Buenaventura Ignacio Nepomuceno García De Arista Nuez; convocar a un Congreso extraordinario integrado por dos diputados de cada estado; y, llamar a López De Santa Anna para que tomara la presidencia. Un dato curioso de este Plan era que se mostraba en favor del federalismo. Aun pasarían varios meses para que Arista Nuez renunciara, lo cual materializó en enero de 1853. Para entonces, los comunicados a Cartagena, Colombia ya se habían enviado. A los preocupados por salvar (¡!) a la patria, cual galán casadero del antier, se les hacia tarde para que les dieran el sí. Estaban ansiosos de que el escogido aceptara venir a pastorearlos. Mientras tanto, el pretendido tomaba su tiempo para responder, era cosa de dejarse querer. No tomaría la decisión final hasta que recibió la carta que le envió, el 23 de marzo de1853, el patriarca del conservadurismo Lucas Ignacio Alamán y Escalada, En ella, le daba a conocer el guion bajo el cual los conservadores le permitirían realizar su próxima gestión gubernamental. Pero aquí cabe apuntar que Alamán no dio ese paso por sus pistolas. El 17 de marzo, se había reunido un grupo encabezado por el encargado del Poder Ejecutivo, Manuel Apolinario José María Ignacio Antonio Lombardini De La Torre. El motivo de la reunión era abrir los pliegos que contenían los votos emitidos en cada una de las 25 entidades federativas que componían el país. El resultado fue apabullante, 18 estados votaron por el prohombre de Manga de Clavo. Los cinco restantes se dividieron entre el general José Benito Patricio Gabriel López Uraga (Aguascalientes, Colima y Zacatecas); Ángel Trías Álvarez (Chihuahua) y, Juan Bautista Loreto Mucio Francisco José de Asís de la Santísima Trinidad Ceballos Gómez Sañudo (Nuevo León). Los votos de Baja California y Sonora nunca llegaron. En esa ocasión, le tocaría echar la maroma disfrazado de conservador-eclesiástico. En México, sus acólitos ya se habían ocupado de que la machincuepa de su amo luciera pulcra y democrática.
Y se trepó a la embarcación hasta que llegó a Veracruz. Acorde con la crónica de El Universal, el cual jornada a jornada relataría las hazañas de su héroe, a las tres de la tarde desembarcó ante el beneplácito de las autoridades quienes acudieron a recibirlo. De ahí, “se dirigió a la parroquia, en donde se cantó un solemne Te Deum. El recibimiento ha sido regio.” La noticia del arribo llegó pronto a la capital de la republica en donde “se celebró… con salvas de artillería y con un repique general [de campanas], notándose en casi todos los semblantes muestras inequívocas de satisfacción.” Se preguntaba el diario si López De Santa Anna tomaría camino inmediatamente hacia la capital, poco lo conocía quien redactó esa pieza. No era cosa de apresurarse había que crear expectación y agarró rumbo a su hacienda El Lencero en donde permanecería hasta mediados de abril. Tras de haber descansado y creado la expectativa suficiente tomó camino a la ciudad de México.
La tarde del 16 de abril llegó a la Villa de Guadalupe en donde “por do quiera el ansia y los deseos estaban pintados en todos los semblantes…. La multitud entusiasta que rodeaba desordenadamente el carruaje en que iba S.E. y los gritos unánimes de ¡Viva Santa Anna!, que resonaban por todas partes, dieron una prueba patente de la satisfacción con que el nuevo presidente era recibido.” No existía duda, el pueblo bueno se mostraba complacido con el regreso del Mesías. Y este, para reafirmar del disfraz que portaba en esa ocasión, “se dirigió a la Colegiata para dar gracias a Dios por su feliz regreso al país; y enseguida volvió a su alojamiento acompañado por el Ilmo. arzobispo [de México, José Lázaro de la Garza y Ballesteros. Como siempre, Lázaro colocando su inteligencia al servicio de los execrables]…”
Al dia siguiente, El Universal publicó un articulo titulado “Ardua tarea del general Santa-Anna.” Se comentaba que la situación del país era mala, pero no irremediable. Apuntaba que el origen de todos los males era vivir bajo un régimen federalista. A causa de ello, todo se ha destruido “así en lo físico como en lo moral; la hacienda, el crédito público, la unidad nacional, el principio de la obediencia, el prestigio de las leyes todo ha desaparecido… y ha creado la miseria, la desunión, la empleomanía, el egoísmo, la desmoralización publica, la anarquía interior y la inminencia de los peligros extraños.” No paraba ahí y acusaba de que por ello “se perdió la mitad del territorio…” y continuaba con toda una serie de desgracias generadas por andar de federalistas. Pero, “por grandes que sean los obstáculos con que tiene que luchar el general presidente para llevar a cabo la grande obra de regeneración; por inminentes que sean los peligros que al país rodean por todas partes, hay, sin embargo, motivos para esperar que una voluntad firme y decidida se haga superior a esos peligros y esas dificultades.” El escenario estaba listo para que el miércoles 20 de abril de 1853, López De Santa Anna fuera ungido, por undécima ocasión, como presidente de México.
Su discurso de toma de posesión dio inicio reconociendo la difícil situación que encontró en el país, pero a la vez prometía “hacer cuantos sacrificios fueran necesarios para su bien y prosperidad.” En medio de toda la perorata que lanzó, hay una parte que pintaba de cuerpo entero por donde habría de transitar su gobierno. Mencionaba que “intereses vitales no solo diversos, sino enteramente opuestos y contrarios han convertido en rivales y enemigos a Estados vecinos, y antes de ahora concordes y ligados por esos mismos intereses que ahora los dividen; discordias sobre la distribución política del territorio, sobre pretensiones de segregarse unos distritos de otros, sobre limites que se ha tratado de invadir y defender a mano armada; disgustos sobre contribuciones que los contribuyentes rehúsan pagar, alegando exceso en la designación de ellas, o gravamen en el modo de colectarlas; bancarrota completa en la hacienda pública; falta de medios para cumplir sus obligaciones, mientras que las erogaciones se han aumentado sin necesidad; en unas partes Estados organizados con sus congresos y autoridades; en otras, estas no solo depuestas sino detestadas.” Pero todo eso tenía remedio, para ello se le había provisto de facultades cuando se le “comete el encargo de restablecer el orden social, plantear la administración pública, formar el erario nacional, y expeditar las funciones del poder judicial haciendo en él las reformas convenientes sin atacar su independencia, satisfaciendo como es debido lo que exige la situación tan grave y excepcional en que se encuentra la republica y el clamor de la opinión general, que desea que cuanto antes se afiance la paz interior.” Ahí no paraba, y enfatizaba que “muy lejos de pretender obrar con arbitrariedad, fijare el plan que me propongo seguir y con la franqueza que quiero haya en todos los actos públicos de mi gobierno, lo daré a conocer oportunamente.” Y, efectivamente, no tardaría mucho. Sin embargo, antes de proceder, tenia que cumplir con algunos que le proveían el disfraz que portaba en esa ocasión. En ese contexto, decía: “Haré, pues, cuanto de mi dependa para conseguir tan felices resultados; e implorando humildemente los auxilios de la Divina Providencia, espero que el Todopoderoso, en cuyas manos está la suerte de las naciones, y ante quien acabo de jurar consagrar todos mis esfuerzos para la felicidad de la nuestra, se dignara bendecir con su suma bondad los deseos sanos que me guían y las puras intenciones que me he propuesto.” Vaya sinvergüenza, invocaba al Gran Arquitecto para escudar las tropelías que habría de cometer, pero que más se podría esperar de tipejos de esa calaña. No tardó mucho en enseñar las fauces, su amaestrador del momento ya le tenía preparado el documento.
El 22 de abril, “el benemérito de la patria, general de división, presidente de la república” emitía el decreto de las “Bases para la administración de la república, hasta la promulgación de la Constitución.”
De inicio daba a conocer que solamente habría cinco secretarías de estado: “De relaciones exteriores; de relaciones Interiores, justicia, negocios eclesiásticos e instrucción pública; de fomento, colonización, industria y comercio; de guerra y marina; y de hacienda.” En el articulo siguiente, se precisaba que “Se hará una distribución conveniente de los negocios entre estas secretarías, para el más pronto despacho de ellos.” Pero como a López De Santa Anna le urgía compactar las funciones gubernamentales indicaba que el ministerio de fomento, de creación nueva, habría de ocuparse de la “formación de la estadística general; de la industrial, agrícola, minera y mercantil, siguiendo en cada año el movimiento que estos ramos tengan; la colonización; las medidas conducentes al fomento de todos los ramos industriales y mercantiles en todas líneas; la expedición de las patentes y privilegios. las exposiciones públicas de productos de la industria agrícola, minera y fabril; los caminos, canales y todas las vías de comunicación de la República; el desagüe de México y todas las obras concernientes al mismo;[ y] todas las obras públicas de utilidad y ornato que se hagan con fondos públicos” Poseído de “simplificacionitis” y dispuesto a ahorrar, decretaba que “queda suprimida la Dirección de Industria y Colonización, y todas las direcciones particulares de los diversos ramos que las atribuciones de dicho Ministerio abrazan. Los empleados en estas oficinas serán considerados según sus méritos.” El ciudadano López De Santa Anna estaba dispuesto a maximizar el ahorro y en función de ello, En el artículo 7º de su decreto, instruía para que: “Se revisarán las plantas y reglamentos actuales de las secretarías del despacho, de la contaduría mayor, de la Tesorería general y demás oficinas, para hacer en ellas las variaciones y mejoras que parezcan convenientes.” Pero él quería ser transparente.
Para ir en pos de lo anterior, en la Sección Segunda del decreto, en los dos primeros artículos se leía: “Art. 1. ° Debiendo procederse al establecimiento del Consejo de Estado, se nombrarán las veintiuna personas que deben componerlo, que estén adornadas de las cualidades necesarias para el desempeño de tan alto cargo. Art. 2.° Este cuerpo se distribuirá en cinco secciones, correspondiente a cada una de las secretarías de Estado, las cuales evacuarán [¿en qué sentido lo propondría?] por sí todos los dictámenes que se les pidan en los ramos respectivos, como consejo particular de cada Ministerio, reuniéndose todas las secciones para formar el consejo pleno, cuando se tengan que discutir en él los puntos que á juicio del Gobierno lo requieran por su gravedad é importancia, o por ser de aquellos en que el Gobierno tiene que proceder de acuerdo con el consejo.” Pero aun faltaba el punto toral bajo el cual el gobierno lopezsantanista habría de ejercer el mando.
Había una Sección Tercera denominada Gobierno Interior bajo la cual se daba fin al Federalismo para dar paso al Centralismo con el cual habría de resolver todos los problemas y restaurar la paz y concordia al país.
Por si alguien lo había olvidado, el contenido del artículo primero se los refrescaba al recordarles que; “Para poder ejercer la amplia facultad que la Nación me ha concedido para la reorganización de todos los ramos de la Administración pública, entrarán en receso las legislaturas u otras autoridades que desempeñen funciones legislativas en los Estados y territorios.” No había duda, la soberanía de las entidades era letra muerta, ni duda cabe que la mano alamanista era la autora de la pieza. El sentido monárquico ejercido a trasmano.
Para que no hubiera duda de que todo debería de someterse a la voluntad de López De Santa Anna, en el artículo segundo de esa sección, claramente, se les indicaba que:” Se formará y publicará un reglamento para la manera en que los gobernadores deberán ejercer sus funciones hasta la publicación de la Constitución.”
Si a algunos no les parecía como estaban las cosas y eso los llevaba a rebelarse, más les valía que lo pensaran y volvieran al redil porque en el artículo tercero les indicaban que: “Los distritos, ciudades y pueblos que se han separado de los Estados y departamentos a que pertenecen, y los que se hayan constituido bajo una nueva forma política, volverán a su antiguo ser y demarcación, hasta que el Gobierno, tomando en consideración las razones que alegaren para su segregación, provea lo que convenga al bienestar de la República. Se exceptúa de la anterior disposición al Partido de Aguascalientes.” Así que nada de rebelditos sin la autorización del patriarca, él y, solamente él, podía darles permiso de inconformarse.
Para que no lo fueran a acusar de que no se preocupaba por la seguridad de sus gobernados, en el artículo cuatro quedaba claro que “Para la defensa de los distritos invadidos por las tribus bárbaras, seguridad de los caminos y de las poblaciones, y que los habitantes todos disfruten de una manera efectiva las garantías sociales, se tomarán las medidas necesarias para evitar los desórdenes y para el castigo de los malhechores.” Eso sí, todo manejado desde el centro, nada como extender el manto protector generoso a todos sus gobernados para que le agradecieran ser su guardián fiel.
El golpe había sido asestado, el federalismo desaparecía. El sueño centralista de Alamán se le cumplía, durante los cuarenta días siguientes habría de disfrutarlo al tiempo que el país iba rumbo al precipicio de la mano de López De Santa Anna quien un dia como hoy, 22 de abril. pero de hace 170 años instauró el centralismo como forma de gobierno, un experimento que resultó un fracaso y duró hasta el 8 de agosto de 1855. Olvidó que cada región del país tiene una dinámica propia y en función de ello se debe de gobernar respetando las circunstancias prevalecientes en cada entidad.
López De Santa Anna creyó que, así como fusionaba instancias de la administración publica federal, para ahorrarse unos centavos, podía manejar a los estados que, por voluntad propia, se habían aglutinado en una Federación. Esto último lo dejó de lado y mientras sus seguidores lo nombraban Su Alteza Serenísima, de la mano lo llevaban al basurero de la historia. Una lección que algunos no deberían de olvidar. [email protected]
Añadido (23.16.78) Los ocho ministros de la Suprema Corte de Justicia entendieron que más allá de quedar bien con el poderoso en turno hay dos cosas muy importantes: Una, hacer que las leyes sean interpretadas correctamente y, segunda, el legado historico de cada uno va mucho más allá de las complacencias de ocasión.
Añadido (23.16.79) Y apareció un letrero colgado en el cual se leía: A partir de este año, el premio solamente se otorgará a quien cumpla con dos requisitos: 1) Tener en su currículo, al menos, un plagio literario y, 2) Poseer pedigrí certificado, peladaje favor de abstenerse de presentar solicitud. Esto ya ha alcanzado otro nivel. Atte. La Comisión.
Añadido (23.16.80) Aun los historiadores serios enfatizan que Francisco J. Mujica no fue candidato presidencial en 1940 porque era un izquierdista-jacobino radical. Esto último ni quien lo dude, en el pueblo dio prueba fehaciente de ello cuando ordenó sacar los archivos de la Iglesia de Guadalupe y mandó prenderles fuego. Sin embargo, tenemos una pregunta: ¿Cuál es el temor para aceptar que no fue el ungido porque era el representante-socio en los negocios petroleros del cardenismo con los japoneses, acaso porque se cae la narrativa del nacionalismo petrolero del Tata?
Añadido (23.16.81) Una vez que deja a su país, Argentina, en ruinas, decide que ya no hay más que destrozar y anuncia que no aspira a reelegirse. La cofradía del fracaso tendrá un miembro menos.
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