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Coahuila

Los ahorros emocionales

Por Irene Spigno

Hace 4 meses

Querida amiga, querido amigo:

Seguramente alguna vez te habrá tocado emprender un proyecto importante que implicó una cierta inversión de recursos económicos.

Quizás organizaste un viaje, compraste una casa que necesitaba ciertos trabajos de remodelación o empezaste algún negocio.

Muy probablemente calculaste costos, tiempos y recursos. Tal vez hiciste un calendario, comparaste opciones y estableciste prioridades, intentando tener bajo control casi todas las variables.

Pero seguramente pronto te diste cuenta de que había factores que escapaban a tu esfera de control.

Y también es probable que descubrieras que el presupuesto que habías contemplado inicialmente ya no era suficiente, a pesar de todos los ahorros que ya habías realizado.

Quizás empezaron a salir algunos gastos imprevistos que se mantuvieron dentro de ciertos límites. O quizás tuviste menos suerte y los costos adicionales fueron mucho mayores de lo esperado, dejándote fuera de presupuesto.

Entonces la única opción que tuviste fue volver a ahorrar. Pospusiste ciertas compras que tenías programado hacer, redujiste gastos que dejaron de ser necesarios y empezaste a administrar con mayor cuidado tus recursos.

A pesar de las nuevas dificultades que tuviste que enfrentar, no dejaste de avanzar en tu proyecto. No abandonaste la idea de terminar tu casa, realizar el viaje que tenías tantos años queriendo hacer o sacar adelante tu negocio.

Empezaste a ahorrar porque comprendiste que, si no lo hacías, corrías el riesgo de no poder concluir aquello que era importante para ti.

Algo parecido puede ocurrir con las relaciones que vivimos, sean familiares, de amistad o románticas.

Mucho depende de nuestro carácter, pero hay personas acostumbradas a hacer todo lo posible para que las cosas funcionen y que terminan invirtiendo mucho tiempo, atención y energía también en sus relaciones.

Son quienes activan y sostienen el vínculo mediante llamadas o mensajes. Quienes proponen y organizan encuentros y actividades.

Quienes mantienen la conexión y la presencia de forma estable y constante. Quienes modifican prioridades y ajustan agendas para que esos vínculos funcionen.

Gracias a esas personas parece que todo marcha bien. Al menos durante un tiempo. Sin embargo, al igual que sucede en una remodelación, los verdaderos desafíos rara vez aparecen al principio.

Cuando compramos una casa vemos sólo lo que está a la vista; los problemas estructurales suelen aparecer después.

Así mismo en las relaciones humanas, la falta de compromiso, la escasa disponibilidad o la ausencia de reciprocidad no siempre son evidentes desde el inicio: muchas veces se manifiestan solamente cuando se requiere constancia, esfuerzo y reciprocidad.

No necesariamente existe una mala intención. Simplemente el interés, la disponibilidad y el compromiso no son siempre mutuos y equivalentes.

Y es justo en estas situaciones que aparecen los sobrecostos de los proyectos relacionales: la frustración de esperar una respuesta, el cansancio de sostener constantemente la iniciativa o la sensación de que una relación depende, casi por completo, de un esfuerzo unilateral.

Es un costo muy alto por pagar y que muchas veces obliga a entrar en modo “ahorro emocional”, un estado que nos permite administrar mejor nuestra energía, y reducir los gastos emocionales.

No se trata de castigar a nadie ni de iniciar guerras de orgullo o indiferencia, ni de dejar de creer en nuestro proyecto relacional.

Los ahorros emocionales son una forma de respeto hacia nosotras y nosotros mismos, reconociendo que ninguna relación se puede sostener sobre el esfuerzo de una sola persona.

Además, son la vía para dejar espacio para que las demás personas hagan su parte y buscar el equilibrio.

Son una forma de proteger nuestros recursos vitales para seguir construyendo aquello que verdaderamente vale la pena.

Porque, igual que ocurre con cualquier proyecto importante, las relaciones más valiosas son aquellas en las que todas las personas involucradas están dispuestas a invertir tiempo, atención, compromiso y cuidado para que el proyecto común siga adelante.

 

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