Desde que empezó el Mundial de Futbol 2026, Sofía vive azotada. Ella sufre por los futbolistas, por los hinchas, por los directores del equipo, por los comentaristas, por los que no pudieron entrar al estadio, por los clubes, por los árbitros, por los niños cuyo equipo pierde, y por último, Sofía se azota por los que pierden y hasta por los que ganan.
Pero eso no es nada, dentro de unas horas, Sofía va a presenciar el partido de la Selección Mexicana y teme sufrir un infarto.
Ella está segura de que vamos a ganar, pero también sabe que la vida es muy injusta, y que perder es una posibilidad, no se puede nada contra los imponderables. Ha leído (se ha convertido en una verdadera adicta al fut; ha visto todos los partidos, ha escuchado los comentarios de los analistas, pero sobre todo ha leído a Juan Villoro, ahora cree entender mejor este deporte).
Por ejemplo, de los futbolistas ecuatorianos ha leído que son bastante buenos, pero en el fondo está tranquila del próximo encuentro porque también se ha informado que Javier Aguirre, técnico de la Selección es buenísimo. “No somos los salvadores de la patria”. Como se intitula uno de los capítulos del libro de Juan Villoro, Balón Dividido. Sofía sabe que desde que Aguirre llegó en el 2024 como técnico de la Selección, él ha insistido en diversas ocasiones que el cargo de seleccionador lleva consigo una responsabilidad enoooooorme en lo que se refiere al equipo.
En septiembre pasado, Aguirre ya decía: “si no hay debate y no hay crítica se chingó la patria”. Es obvio que Sofía lo que menos quiere es que se chingue la patria, ya de por sí, así está de chingada. (Entre azote y azote, Sofía cada vez está más mal hablada. Ella piensa que exclamar estas expresiones a todo pulmón la alivia y le quita presión). A Sofía le gustó lo que escribió Villoro (ella es su gran admiradora): “[…] el técnico de la Selección debe ser un vendedor de ilusiones, un gestor de la esperanza”.
En el partido en el que Sofía más se azotó fue en el de Uruguay, país que adora y admira por muchas razones, en el que perdió contra España 1-0. Para ella y los uruguayos fue una verdadera tragedia shakesperiana.
Ella sabe que el futbol, para el Uruguay, es como su esencia, es parte de su identidad y de su historia nacional. Cómo sufría, Sofía, al pensar que el Uruguay no había ganado ni un solo partido: no en balde lo calificaron como una de las peores eliminaciones del equipo en los últimos 50 años en copas del mundo. Para Sofía, el verdadero responsable de esta derrota inaudita era el técnico Marcelo Bielsa.
“En todas las entrevistas, siempre salía con la mirada hacia abajo. Era evidente que se sentía culpable. En el Uruguay, ya lo odian, y los uruguayos quieren cambiarlo por otro”, le decía con las lágrimas en los ojos a su marido. “Para colmo la AUF canceló el charter de los futbolistas y cada uno de ellos tuvo que regresar en vuelos comerciales”.
¡Qué humillación! La épica “charrúa”, de 1930, la llamada “garra mítica” que también representó su primer título mundial y el “maracanazo”, y para colmo de males y como castigo, los futbolistas uruguayos tuvieron que enfrentar un regreso frustrante y silencioso en vuelos comerciales, sin charter y claro, sin gloria alguna. Cuando el árbitro del partido Uruguay contra España, Ismail Elfath, le mostró una tarjeta roja al uruguayo Agustín Canobbio, Sofía se quería morir. ¡Una tarjeta roja quiere decir expulsión!
Falta muy poco tiempo para que empiece el partido de la Selección Mexicana. Sofía sufre porque no sabe lo que nos deparará el destino futbolístico. Dice que si pierde México se va a rapar, dice que ya no verá más futbol nunca jamás. Si pierde el equipo nacional el equipo enfrentará la eliminación inmediata.
Sofía sabe que México, como anfitrión, junto con Canadá y Estados Unidos, su eliminación tendría una resonancia simbólica mucho mayor que una derrota cualquiera. Y si ganamos contra el Ecuador, el Tri seguiría con la ventaja de jugar en casa. Y Aguirre diría que la tercera es la vencida, después de sus eliminaciones en octavos en 2002 y 2010.
Llegar a octavos invicto en el 2026 pondría a México por primera vez en un lugar que nunca había alcanzado. Y Sofía dejaría de azotarse.
Que Dios nos agarre confesados.
Notas Relacionadas
Hace 12 minutos
Hace 13 minutos
Hace 37 minutos
Más sobre esta sección Más en Nacional