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Coahuila

Los baños al vapor

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 3 años

Estropajo para el 9, un rastrillo para el 2, ¡toalla para el 14!, eran algunos de los gritos de los encargados de atender a los clientes de los baños al vapor de la Sociedad Recreativa y Mutualista Manuel Acuña, que hasta donde tengo memoria fue el único que existió con acceso al público en la era moderna del Saltillo.

El baño de vapor fue creado por los romanos con el nombre de “termas”, también conocido como “hammam”, que en árabe significa fuente de calor es una cabina capaz de generar un vapor de agua muy denso y cálido, con una temperatura media de 38°C. Los primeros baños de su tipo en México fueron creados en 1754.

Para muchos el baño al vapor en Saltillo murió públicamente con la muerte del edificio de la Mutualidad.

Entre paredes de azulejos (blancos) mesas para masajes, sabanas y toallas percudidas, brillantinas y rastrillos, vapor y bromas transcurría la vida en  este lugar que no es tan añejo como la propia Sociedad Manuel Acuña, pero sí andaría rondando los 70 años. El negocio ha de haber dejado buenos dividendos a la organización porque no solo los socios acudían, sino el público general, pues además la cuota por el servicio y las propinas y las ganancias en la cantina incrustada en el mismo baño dejaba muy buenos dividendos.

Había la creencia de que un buen baño al vapor ayudaba en “la cura de la cruda”, según decían los expertos expulsaba la toxinas después de una noche de juerga (los excesos del alcohol). Algunos iban medios ebrios. Más de una persona murió en la Acuña. Mal utilizado puede provocar trastornos hormonales y circulatorios, y en el peor de los casos  infarto e infertilidad.

Para la mayoría de los asistentes era agradable pasear desnudos por los baños de la sociedad Manuel Acuña, en un ambiente de camaradería. Ricos, empresarios, políticos, artistas, mecánicos, periodistas, entre otras especímenes concurría de mañana, tarde y noche a este lugar enclavado al fondo del edificio por la calle de Morelos. Para muchos era mágico y envidiable.

Recuerdo los apodos de algunos de los empleados de los baños de la Acuña: “Cheroqui”, “El Seguetas”, “La Chiva”, Humberto García Romero “El Firpo”, entre otros, que se encargaban de los masajes y de tallar el cuerpo de algunos de los clientes o bañarlos literalmente mientras estos estaban acostados en un especie de mesa de mármol o algo así.

Una sola vez fui al famoso baño al vapor de la Acuña y me decepcioné, pues vi a personajes de la sociedad saltillense haciéndose tocamientos, tal vez comenzaba la hora de la salida del clóset para algunos de ellos.

Cuando me asombré, alguien me dijo: Si estas paredes hablaran cuántas cosas contarían…
Sé que existen unos baños al vapor por calle Lafragua, en un gimnasio casi esquina con Luis Echeverría, pero nada comparables a los de la Acuña, sobre todo por el ambiente.

El Club Deportivo San Isidro tiene también baños al vapor exclusivos para sus socios. También en Arteaga hay un lugar subterráneo con personal altamente calificado de 5 estrellas. El Club de Leones de Saltillo también tuvo sus baños al vapor, hasta que derribaron el inmueble para rentarlo como locales comerciales.

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