A la memoria de Jesús, Félix, Gerónimo, Anastasio Jovita y Rosita.
Las tiendas de barrio eran y son el corazón y el pulso de nuestra comunidad, el latido de la calle. Un espacio para la confianza donde los dueños fiaban la mercancía en riesgo de su economía apostaban a la palabra del cliente: “¡Le pago el sábado, don Tacho!”, el buen hombre anotaba en una tira de cartón, el nombre de la persona y la cantidad que salía a deber. Puntuales regresaban a pagar.
A pesar de que adopta el apodo de tienda de barrio, la de los señores Cabello era un gran almacén donde había de todo y se surtía la gente tanto al minoreo, como al mayoreo. Fueron muchos años, hasta la muerte de estos esforzados comerciantes, que la tienda sin nombre de los Cabello se ubicó en la esquina de Morelos y Escobedo. Adoptan el sobrenombre de “los pachones” porque algunos de los varones tenían excesivo bello en el cuerpo que les salía por el cuello de la camisa.
Se denomina hirsutismo a este fenómeno, que es el crecimiento excesivo de vello grueso u oscuro exclusivamente, localizado en zonas típicas de los hombres (como la barbilla, el pecho, el abdomen o la espalda); su causa principal es un exceso de hormonas andrógenos.
La tienda de “los pachones” aun perdura en la memoria de muchos de mis contemporáneos, pues era el lugar donde nos saludamos por el nombre, preguntamos por la familia y combatimos la soledad cotidiana con una charla corta.
Cada moneda que dejamos en el tendero era parte de la cadena económico del sector, que se convierte en el sustento de una familia vecina y mantiene viva la cuadra; la tienda de los señores Cabello tenía alma, calor humano y vida propia. El dinero circula dentro de la misma comunidad y ayuda a prosperar a pequeños negocios y familias emprendedoras.
Las tiendas de barrio nacieron en los pequeños mesones, donde se hospedaban campesinos con sus productos alimenticios, las carretas y los bueyes, donde los vecinos compraban alimentos y productos básicos a granel.
La palabra “abarrote” proviene del periodo novohispano, recordando los aparejos y mercancías con los que se llenaban los barcos y bodegas. La palabra barrote (derivada de barra) que se usaba para nombrar a las piezas de madera que servían para hacer estructuras o andamios dentro de los barcos.
La competencia de las grandes cadenas comerciales nacionales e internacionales no han podido acabar con las tiendas del barrio. La llegada de los grandes supermercados y las tiendas de descuento modificó los hábitos de consumo masivo, pero la del barrio ahí está, sigue vigente, sigue fiando, fiando en las personas.
Hoy en día, muchas tiendas tradicionales sobreviven integrando pagos con tarjeta, aplicaciones de entrega y nuevas tecnologías para competir sin perder su trato cercano.
El comercio de antaño se ofrecía con vocación y servicio, sin el gran mercantilismo de ahora, donde a veces pagas más por la publicidad, que por las mercancías que llevas.
La tienda de “los pachones”, fue una parte importante del antiguo barrio del Once en el Centro de Saltillo. Comerciantes de antaño que surtían a las familias de muchos productos para el consumo diario. De todos los hermanos, nada más Félix el que se casó; no trabajó en los abarrotes. Tacho era el mayor y el que organizaba y controlaba el negocio y el rancho, que producía principalmente leche de vaca que se vendía en la tienda.
Para quienes no conocieron su historia, el nombre de “los tachos” o l”os pachones” ha dado pie a mitos y leyendas. Sin embargo, detrás de ese nombre no hay misterio alguno, sino el legado de una familia de comerciantes trabajadores y emprendedores. El primer local estuvo ubicado en la esquina norponiente de las calles Escobedo y Morelos, donde permaneció hasta 1966. La vivienda y bodega familiar se encontraban en Escobedo y Miraflores. Posteriormente, la tienda fue reubicada en el mismo crucero, pero en la esquina suroriente, mientras que el antiguo local se convirtió en la residencia de la familia.
Afuera de la tienda, durante muchos años, estuvo una estructura metálica en forma de u invertida; su función, aunque muchos no la sabíamos, era para amarrar las riendas de los caballos de los campesinos que iba a comprar a esa tienda.
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