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Coahuila

Los cuernos de la muerte

Por Guillermo Robles Ramírez

Hace 1 mes

Las largas filas de autos ante el tráfico ya sea en sus horas picos o bien durante la espera del cambio de un semáforo en rojo; son interrumpida por aquellos conductores de motocicletas, que se abren paso entre dos vehículos. Los conductores de autos son sorprendidos cada vez que cuando menos piensan ya pasó a un lado tuyo un motociclista; o bien son vistos desde el espejo retrovisor cómo van zigzagueando entre las unidades y aumentando el estrés de quien va en el volante para que no se estampe en el vehículo, o en el mejor de los casos, que no se estrelle con algún espejo lateral.

Desafiando a la muerte surgen de donde menos se les espera; su ansia por llegar no se mide en kilómetros, sino en la reducción de tiempo. Una actividad laboral o entretenimiento, llámese paseo o hobby siempre se trata de romper su propio récord con la alta velocidad satisfaciendo a estos conductores de motocicletas.

En la capital de Coahuila, la principal lista de emergencia lo ocupan los accidentes viales de estos repartidores de comida que usan unidades motorizadas de dos ruedas, registrándose de 7 a 9 accidentes por semana en las que tienen lesiones en extremidades, o cualquier otra parte del cuerpo. Aunque ese número de accidentes es mucho mayor pero no son contabilizados porque no hubo necesidad de que llegara alguna ambulancia.

Las cada vez más congestionadas calles, bulevares y avenidas no solamente de Saltillo, sino de Coahuila y el resto del país, va en aumento en las que no existe ni el más mínimo destello de educación vial, ni por parte de quienes manejan autos o los motociclistas que manejan a alta velocidad, y otros hasta sin el uso de casco.

Es así como se juega a diario la vida de quienes su afición por la velocidad o el destino mismo los puso al frente de uno de esos cuernos de motocicleta para compartir su trabajo con el vértigo de la velocidad y adrenalina.

Para la ciudadanía son unos suicidas quienes se desplazan a gran velocidad, aprovechando cualquier espacio para llegar a su destino, aunque para algunos ha concluido su vida en una misión incumplida.

La mayoría de los negocios en las ciudades de Coahuila cuentan con personal que tienen que correr esa suerte, lo mismo para cobrar, para vender o para repartir comida rápida, refacciones, mensajería, etc., y su número ha aumentado desde el año pasado a la fecha.

Sin embargo, muchos de éstos parecen ignorar que el sacrificio de retar a la suerte pudiera ser lo último por hacer en esta vida y que después de ésta, a sus familias les espera aparte del dolor de perder a un ser querido. Pero en otras ocasiones tener que enfrentar un gasto hospitalario cuyo dinero les es imposible pagar porque estos choferes de dos ruedas carecen de un seguro de gastos médicos y mucho menos un seguro de vida.

La idea de ser mejores, mejorando tiempo, no tiene las recompensas que se ofrecen, hablando de los negocios que se dedican al reparto a domicilio de pizzas, en donde la competencia entre estos negocios ha cobijado la vanidad empresarial al grado de pretender con la preferencia de los consumidores vendiendo además del pan con la receta italiana la idea de que, si su producto no llega a los 30 minutos de que fueron ordenados, ésta será gratuita.

Para el consumidor, esta estrategia de mercadotecnia parecería lo más sensato, tomando en cuenta el tiempo que habría que esperar para saborear el producto en oferta como si estuviera recién horneado; pero pocos saben que el lado inverso de esa atractiva propuesta no corre por cuenta del negocio, sino del repartidor, quien habrá hecho peripecias para no correr con el costo de una pizza que no desea y tampoco ordenó.

Ahí podría encontrarse una explicación del por qué su comportamiento en el asfalto a bordo de una motocicleta no sólo pone en riesgo su vida sino la de los transeúntes, además de la constante amenaza de ser protagonistas de un accidente, como de manera cotidiana ha sucedido.

Las estadísticas que presenta el estado de Coahuila indican que cada año van en aumento los denominados homicidios imprudenciales, es decir, accidentes viales con pérdidas humanas.
Existen muchos negocios competidores que ni siquiera ofrecen un seguro de vida o accidentes y contratan a muchos jóvenes que ni siquiera saben colocarse el casco, y unidos al fervor de quién entrega más rápido, se unen a esta carrera de la muerte.

Pero los “kamikazes” motorizados que trabajan en el rubro restaurantero no son los únicos, sino un nuevo grupo ha emergido teniendo como única prisa la adrenalina de su propia juventud y la irresponsabilidad de los padres de comprarles una motocicleta tipo “scooter”, donde es muy común ver que son manejados por menores de edad a alta velocidad y sin ningún mínimo de equipamiento de seguridad, pero para aumentarle la hormona de la emoción aparte del conductor van con acompañantes de hasta de tres amistades o más. Pero sí, van equipados con sonido a alto volumen que se va distorsionando en la medida que pasan con risas de diversión, y desafiando al equilibrio.

Este nuevo grupo de “kamikazes” de dos ruedas ya no son exclusivos de colonias populares o residenciales, sino cada vez es más común verlos en el centro de cada ciudad, sin que ningún elemento de tránsito los detenga, pues dentro de las “leyendas de ciudad”, se dice no son detenidos por ningún elemento de seguridad por qué son menores de edad. Pero lo que sí es cierto es que sin importar el motivo de todos estos motociclistas ponen en peligro no solamente la vida de ellos mismos sino la de los demás conductores resultando ser unos verdaderos “kamikazes” de dos ruedas, dispuestos a dar su vida a cambio de la adrenalina de la velocidad. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México) www.intersip.org

 

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