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Los derechos de las niñas y los niños

Por Sandra Rodríguez Wong

Hace 5 años

En 1919, conscientes de los horrores de la Primera Guerra Mundial, Eglantyne Jebb, junto con su hermana Dorothy, fundaron en Londres, Save the Children Fund, con la finalidad de proporcionar “ayuda real y proteger a los niños afectados por la guerra”. Eglantyne, “convencida de que se deben exigir ciertos derechos para la infancia y trabajar en pro de un reconocimiento general de estos…” en 1922, propuso por primera vez a la Sociedad de Naciones, un documento que definiera los deberes de los adultos para con la infancia y advirtió la necesidad, de una protección especial para los niños.

“Formulada por la Unión Internacional Save the Children, Ginebra, en 1923 y aprobada por la Quinta Asamblea General de la Sociedad de las Naciones en 1924”, es la primera referencia que encontramos sobre la protección a los derechos de los niños y que hoy conocemos como la Declaración de Ginebra, en la que por primera vez y en un documento oficial, se reconocía y afirmaba la existencia de derechos específicos de los niños, así como la responsabilidad de los adultos hacia ellos.

Originalmente, en cinco artículos son reconocidas las necesidades fundamentales de los niños y las niñas. El texto se centra en el bienestar del niño y reconoce su derecho al desarrollo, asistencia, socorro y protección.

EL NIÑO deberá recibir los medios materiales y espirituales necesarios para su normal desarrollo.

EL NIÑO hambriento deberá ser alimentado; el niño enfermo deberá ser curado; el niño discapacitado deberá ser apoyado; el niño delincuente deberá ser reformado; y el niño huérfano y abandonado deberá ser protegido y asistido.

EL NIÑO deberá ser el primero en recibir ayuda en situaciones de emergencia.

EL NIÑO deberá ser puesto en una situación que le permita ganarse un sustento y deberá ser protegido ante cualquier forma de explotación.

EL NIÑO deberá ser educado en la conciencia de que sus talentos han de ser empleados al servicio del prójimo.

La Declaración incorporó dos artículos más, que fueron la base para la Declaración de los Derechos del Niño.

En la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, adoptada y proclamada por la Asamblea General de la ONU, encontramos los derechos de la infancia de manera genérica.

Posterior a ello, se decide optar por una Declaración de los Derechos del niño. Proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1959, misma que recibe el primer gran consenso internacional y en la que se definen 10 principios fundamentales de los derechos de las niñas y los niños.

El derecho a la igualdad, sin distinción de raza, religión o nacionalidad.

El derecho a tener una protección especial para el desarrollo físico, mental y social del
niño.

El derecho a un nombre y a una nacionalidad desde su
nacimiento.

El derecho a una alimentación, vivienda y atención médica adecuada.

El derecho a una educación y a un tratamiento especial para aquellos niños que sufren alguna discapacidad mental o física.

El derecho a la comprensión y al amor de los padres y de la sociedad.

El derecho a actividades recreativas y a una educación
gratuita.

El derecho a estar entre los primeros en recibir ayuda en cualquier circunstancia.

El derecho a la protección contra cualquier forma de abandono, crueldad y explotación.

El derecho a ser criado con un espíritu de comprensión, tolerancia, amistad entre los pueblos y hermandad universal.

La Convención sobre los Derechos del Niño, firmada y aceptada por 196 países hasta ahora, entró en vigor el 2 de septiembre de 1990. Compuesta por 54 artículos, reúne en su texto los derechos civiles, políticos, sociales, económicos y culturales de niñas y niños.

Hoy encontramos más de 50 instrumentos de carácter universal y regional adoptados por nuestro país en esta materia, pero la sencillez que caracterizaba a Eglantyne Jebb, se encuentra implícita en los documentos redactados por ella y que hoy protegen a niñas y niños de todo el mundo.

La protección a la niñez es una de las constantes del género humano. La infancia representa la estabilidad y el progreso de las naciones en el futuro, preocupémonos ahora (y a propósito del Día del Niño, —como lo hizo Eglantyne durante su vida—), por apoyar en forma “real”, a los niños de nuestro entorno, simple y sencillamente, cuidando y protegiendo los derechos de nuestra infancia.

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