Seguridad
Por
Luis Reyes
Publicado el martes, 24 de marzo del 2015 a las 15:00
Saltillo, Coah.- Juan Manuel García Hernández, de 54 años, se encuentra preso en el Penal de Saltillo por el delito equiparado a la violación.
Desde 2004, el saltillense está en prisión. Han pasado 11 largos años de reclusión, y en entrevista en el área educativa del Cereso comparte por qué llegó a prisión.
Aunque tenía a su familia, Juan se enredó con una muchacha menor de edad y tuvo relaciones con ella.
Detalló que era una chava que andaba en las discotecas y como él tenía su carro se le hizo fácil; fueron amantes año y medio.
Pero ella salió embarazada. Le dijo que dejara a su mujer para que se fuera a vivir con ella, pues si no lo hacía, se las iba a pagar.
Al ser detenido por la Policía Ministerial, los elementos le indicaron que la muchacha quería nada más que se hiciera cargo del hijo que iba a tener, pero como él nunca había andado en esos problemas se le hizo fácil. “Fírmale, me dijeron”, y así quedó. Dejó pasar el tiempo y pensó que todo iba a quedar tranquilo.
Como a los cuatro meses llegaron por él a donde trabajaba y los ministeriales ya traían la orden de aprehensión; desde esa fecha ya no vio la luz.
Incluso, la muchacha fue a visitarlo al Penal y junto a la mamá le pidieron se hiciera cargo de la niña y le diera el apellido, pero Juan les dijo que necesitaba saber primero si era de él porque no estaba seguro.
La juez comentó al interno que este delito era muy penado y que podían condenarlo hasta 35 años, por lo que la sentencia que le habían dado, inicialmente de nueve años, era porque ella dijo que no la había forzado, que fue por su consentimiento.
En segunda instancia, la pena de prisión para el interno aumentó a 17 años, y eso que fue absuelto del delito de corrupción de menores.
Por carecer de recursos, el reo no contó con una buena defensa y el propio juez que lo sentenció le indicó que hubo muchas cosas que hacer y el abogado de oficio no lo ayudó.
El interno señala que antes no había beneficios para ese delito y se decía que se pagaba completa la pena, pero como ahora ya hay muchas oportunidades ha buscado la forma de beneficiarse con alguna preliberación.
Acepta que cometió un error que hay que pagar. “Sí estoy arrepentido porque es un tirón de orejas, porque los errores cuestan, y a mí me salió carísimo”, mencionó.
Desde que llegó a prisión, Juan Manuel trabajó en varias partes. Primero lo hizo por cuatro años en una ixtlera, en la separación de fibras, y luego en la maquiladora Girsa como operario; en libertad, también era operario de una empresa.
También hizo sus estudios de primaria y secundaria y se da tiempo para caminar un rato, incluso señala que los jueves hay un programa en el que caminan media hora y hasta les toman lista.
Comparte que es difícil el encierro porque se sufren muchas carencias, “y porque cuando se pone uno enfermo se batalla para el medicamento y para que lo saquen a uno”, añadió.
El 14 de febrero el interno se volvió a casar y formó otra familia, por lo que dice tiene que ver por ellos.
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