Por: Roberto Gómez Junco
Claro que se puede ser futbolista y lector.
Así como hay grandes escritores que con orgullo confiesan su pasión por este juego, podrían y deberían los futbolistas, profesionales o no, entrarle al mundo de la lectura.
Podrían empezar con Juan Villoro, Eduardo Galeano o Eduardo Sacheri. O leer a Jorge Valdano, gran futbolista devenido excelente pensador y escritor. Sólo por mencionar a sobresalientes exponentes en castellano de esa venturosa conjugación entre literatura y futbol.
Ponerse a leer, aunque sólo sea para disfrutar a otro nivel el juego de la vida. O dicho a través de un soneto, para tratar de dejarlo mejor plasmado:
El futbol y la lectura, es loable, bueno y sano con jugarlos con tersura, caminando de la mano.
Así alcanzas otra altura de ascendente ser humano, e incrementas tu cultura al moverte en otro plano.
Haces bien, eso sí “engancha”, se enriquece tu quehacer, alimentas a tu ser,tu saber así se ensancha, nada más con que en la cancha… no te pongas a leer.
Si de garantizar una buena lectura se trata, en México sigue siendo Juan Villoro el mejor ejemplo de la belleza que puede producir esa combinación de literatura y futbol cuando sendos ámbitos son melodiosamente entrelazados.
En su más reciente libro, Los héroes numerados, con su incomparable prosa y su elevado dominio del lenguaje, Villoro explica que a diferencia de los futbolistas los héroes clásicos no usaban uniforme. Habla de los goles de Messi con dedicatoria hasta el cielo, del excéntrico 14 de Johan Cruyff, de Cristiano y su indeclinable determinación de seguir jugando a sus 41 años.
Escribe sobre el misterio que llena los estadios, sobre la irrupción de las mujeres en el futbol, sobre su pareja y las circunstancias que le permitieron encontrarse con ella, sobre Marion Reimers y su meteórico ascenso como comentarista deportiva. Y de ribete alude a una parte anecdótica de aquel memorable partido en el que me tocó estar, el de vuelta de la Semifinal entre el América y las Chivas en 1983, inolvidable por el resultado y porque incluyó bronca y paracaidistas.
Desde Los once de la tribu, todo lo escrito por Villoro con respecto al futbol amerita ser leído. Y más allá de este maravilloso juego, también lo ameritan sus principales obras:
El Testigo, Arrecife, La Tierra de la gran promesa, El libro salvaje, o incluso las distintas aventuras de El profesor Zíper.
Seguidor del Necaxa pero también del Barcelona, Villoro enaltece al futbol a través de su literatura.
¿Y si nos ponemos a leer?, ¿y si para mejorar en el rol de futbolista primero se mejora en el de persona? Vale la pena intentarlo
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