Coahuila
Hace 4 años
Luis Gutiérrez Arriaga, “El Lucero”, tenía un peculiar estilo para tocar el acordeón de botones, que lo hacía diferente a muchos ejecutantes de este instrumento de origen europeo, sobre todo porque utilizaba también las teclas de los bajos para el acompañamiento de la melodía de acuerdo con la tonalidad de cada pieza.
Y sin conocer el solfeo de los solfeos le daba a la ejecución de este instrumento de aire el timbre característico de los que sí estudiaron música. Luis le dio por el estilo de moda en el norte de nuestro país, que se identifica así: norteño, del cual surgieron muchos y muy buenos conjuntos.
El papá de Luis Gutiérrez fue un ejecutante del acordeón. Con dicho instrumento se ganaba la vida y mantenía a su familia, actuando para los parroquianos o clientes de las cantinas de Saltillo. Jamás quiso que Luis se enseñara a tocar el acordeón, pero este se daba habilidades mientras su progenitor dormía para sacarle ruidos al instrumento, hasta que logró casi el perfeccionamiento, pues logró varios campeonatos nacionales e internacionales como mejor intérprete de música instrumental norteña y con composiciones propias, lo que no logró jamás su señor padre.
Don Luis quería que el júnior fuera cuando menos contador privado y para eso lo inscribió en la mejor escuela comercial de Saltillo de ese tiempo, la Academia Coahuila, de donde Luisito desertó porque el gusanillo de la música lo llamó y lo convenció.
Así fue que formó el trío de Los Luceros, él como acordeonista, en el bajo sexto José Rodríguez, “El Águila Negra”, y Delfino Garay, en el contrabajo. Muchos años permanecieron juntos y lograron cosechar muchos éxitos, además con la música sacaron adelante a sus respectivas familias.
El grupo de Los Luceros de Saltillo fue fundado en 1950.
Tuvieron el privilegio o la opción de ser el conjunto de cabecera de los programas en vivo de la estación número uno de Saltillo, la XESJ, y además por muchos años acompañaron en su actuación a un personaje cómico de la radio local, “El Tío Bucho” (Agustín Valdés Galindo).
Como pasaron a mejor vida, tanto Pepe Rodríguez como el señor Garay, Luis contrató a otros dos buenos músicos saltillenses , Emilio Reyes Espinosa y Román Coronado Torres, que le acompañaron hasta que “El Lucero” rindió tributo a la madre tierra.
Román y Emilio continuaron con la tradición del trío de Los Luceros de Saltillo, se congregaban todos los días en las calles de Fermín Espinosa y Presidente Cárdenas, donde otros grupos norteños denominados “fara, fara” ofrecen sus servicios musicales.
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