Un par de gemelas, de 7 años, fueron de las pocas alumnas que regresaron el lunes a clases presenciales en la primaria Urbano Flores, y lo hicieron porque convencieron a su madre de que estaban bien, tranquilas, ya que “el monstruo está en la cárcel”.
Y sí, el presunto perpetrador de al menos dos violaciones, una de ellas que le costó la vida a la niña Valentina, enfrenta proceso penal y está tras las rejas.
La cuestión es que ese mismo día, cuando estas gemelas regresaron a su aula, trascendió la enésima denuncia de un taxista que intentó abusar de una jovencita, y que un sujeto irrumpió en un hogar en la populosa colonia Analco, en Ramos Arizpe, para violar a un jovencito de 15 años, que fue literalmente salvado por su madre.
El tema es que el “monstruo” de la primaria Urbano Flores está tras las rejas, pero hay muchos, muchos monstruos más sueltos en nuestras calles, permanentemente al acecho, en búsqueda de víctimas.
No se trata de alimentar la paranoia y mucho menos caer en pánico, pero sí de estar muy conscientes de nuestra realidad, y esta no es otra, desgraciadamente, que abundan los depredadores sexuales y, por ello, hay que extremar precauciones con nuestros seres queridos, especialmente mujeres y niños.
Vivimos en una sociedad envilecida, enferma, que genera monstruos y estos están en los hogares, oficinas, calles y escuelas, y hay que estar cons-cientes de ello para proteger a quienes nos rodean, y que ellos se cuiden hasta donde sea posible.
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