Va a arreciar el tema migratorio. Estados Unidos declarará que la pandemia ha concluido de manera oficial y, por lo tanto, deberá cesar la utilización del llamado Título 42 para deportar a personas que ingresan a ese país sin la documentación necesaria. Es probable que en los próximos días se desate una verdadera ola de migrantes/refugiados/personas huyendo de la violencia y la pobreza de toda América Latina. Llegarán primero a México, y luego a nuestra frontera con Estados Unidos, esperando que surja una nueva postura de la Administración Biden, más hospitalaria, humanista (esa sí) y tolerante. Se equivocan.
Al contrario: Washington seguramente va a introducir políticas más restrictivas, expeditas e intolerantes. Sobre todo, va a presionar con mayor fuerza al Gobierno de México para que “le eche más ganitas” al trabajo sucio que ya realiza para impedir la entrada y la salida de no-mexicanos de nuestro territorio. López Obrador y Ebrard -los únicos que más o menos tienen alguna idea de lo que sucede- explicarán que nos hubieran podido pedir que fusiláramos a todos los hondureños, o cubanos, o venezolanos, pero que resistimos y que solo los mandamos a los albergues del INAMI donde los tratan muy bien. Alegarán que Estados Unidos aceptó conceder 30 mil visas mensuales a nacionales de Haití, Nicaragua, Cuba y Venezuela, y que a cambio nosotros no recibimos a tantos deportados.
Pero ni Washington ni Palacio, por ahora, nos revelarán la cifra de visas realmente otorgadas a personas procedentes de esos países, ni cuántos solicitantes de asilo o de reunificación familiar hay en la frontera norte de México. Ni a cuántos nos han mandado desde principios de enero. Afortunadamente para ambos gobiernos, a nadie le importa en México lo que suceda con los compañeros de los muertos de Ciudad Juárez, ni de los miles de hacinados a lo largo de toda la frontera. Para un país que se vanagloria de su hospitalidad para con los extranjeros…
El problema va a ser que, aunque el tonto útil de Solalinde recomiende a un gran personaje para la nueva Comisión que supuestamente va a sustituir al Instituto Nacional de Migración, la política migratoria va a seguir siendo la misma. Ya la comentocracia lo entendió, aunque los partidos de oposición se siguen haciendo de la vista gorda. A cambio del muro de López Obrador, Biden también se hace de la vista gorda en todo lo demás. Pasan los meses y no hay panel de energía o de maíz; el fentanilo sigue llegando a carretadas a Estados Unidos; México incumple con un número creciente de compromisos explícitos o no escritos con la comunidad internacional en materia electoral, de derechos humanos o de libertades públicas; la Casa Blanca se hace tonta.
Huelga decir que no habrá más responsables de la tragedia de Juárez que los pobres diablos que trabajaban en el albergue, y en su caso -lo dudo- el almirante en retiro supuestamente al mando del mismo. Nadie más: ni Garduño, ni Adán Augusto, ni Ebrard. Y podremos escribir todo lo que queramos. López Obrador sabe que le reditúa su postura con Biden, y va a seguir con ella. Lo demás son, en el peor de los casos, daños colaterales inevitables.
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