Con el tiempo las cosas se pierden, desparecen y se vuelven a encontrar pasados los años, se conservan aunque parezca increíble.
Otras como si un viento invisible las arrebatara para depositarlas en no sé qué lugar del universo.
¿Qué fin tuvieron los 42 pianos fabricados por un méxico-inglés de apellido Cooper, que tuvo una fábrica de esos finos instrumentos en Saltillo?
En 1909 comenzó a funcionar esta factoría propiedad de Archivald Cooper. Pianos que llevaron su apellido y que operó por 22 años. La producción debió de ser importante, pues prácticamente hacia dos por año. Su calidad era indiscutible. Pero lo más sobresaliente es que los materiales eran de la región, fina madera para la caja y minerales para la fábrica de las arpas que dan vida a este insustituible instrumento. Las teclas eran de marfil.
Hubo un tiempo en que se aseguraba que había un único de esos pianos Cooper en Saltillo. Ignoro el lugar y en manos de quien está el instrumento, si es que todavía existe.
Un amigo, Sergio Rodríguez, me comenta que una de sus tías tenía dos pianos y que en la cubierta de uno de ellos se leía la palabra Cooper. El técnico afinador de pianos Guillermo Portillo Sugasti tenía amplios conocimientos sobre el fabricante y los pianos propiamente dichos, pero lamentablemente ya falleció, (se llevó a la tumba la historia de este personaje).
Tal vez, el excelso pianista saltillense, que se quedó para siempre a radicar en Viena Austria, Salvador Neira Sugasti, tenga conocimiento de la historia del constructor de pianos que tuvo la ciudad. Habrá que conseguir el teléfono y llamarle hasta el viejo continente. Voy a intentarlo, luego les plático.
Lo que sí existe es una fotografía del señor Archivald Cooper, sentado casi de espaldas frente a su escritorio en la oficina que tuvo en nuestra ciudad. La gráfica corresponde al Archivo Municipal de Saltillo. Es de esas joyas testimoniales de un valor incalculable.
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