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Coahuila

Los resultados de la votación primera para la revocación de mandato

Por Rodolfo Villarreal Ríos

Hace 3 años

En la ocasión anterior, nos quedamos en que esta colaboración sería dedicada a narrarle, a usted lector amable, cual fue el resultado de la revocación del mandato a la que López De Santa Anna convocó, en un acto de autocomplacencia. Procedemos a reseñarle como se vertió la votación y las reacciones que provocó.

En 1854, la población total de México era de 7.8 millones de personas y ya sabemos que, entonces, las mujeres  se encuadraban entre ser entes reproductores, solteronas semilibres o enclaustradas sujetas a imitar la voluntad de sus maridos y/o padres autoritarios, o bien al cura aprovechado, en todos los sentidos. Ante ello, carecían de opinión y mucho menos iban a tomar parte en la vida pública del país. En ese contexto, en la revocación de mandato mentada no participaron más que miembros del sexo masculino. Una vez realizada la precisión, volvamos al evento sobre el cual gira nuestro comentario.

La fecha legalmente establecida se agotaba y aun no se conocían los resultados de la consulta. Sin embargo, el Consejo de Estado no iba a caer en falta, faltaba más. Eso nunca podría sucederle a quien, entonces en modo lopezsantanista, era su presidente, el obispo de Michoacán, Clemente de Jesús Munguía y Núñez, el mismo al que aquí le dedicamos, hace poco más de dos meses, tres artículos  exponiendo su reacción ante la Constitucion de 1857. Así que, cuidadoso de las formas, procedió a cumplir con lo dispuesto.

El 2 de febrero de 1855, el Consejo se reunió para abrir los pliegos, contar los votos y conocer los resultados de la consulta. Seguramente, usted lector amable perspicaz, como lo es, ya se habrá percatado de que la fecha no fue seleccionada simplemente al azar. En ese día, los católicos celebran la presentación de Jesucristo en el templo de Jerusalén y  nada mejor que una fecha así para anunciar que el  pueblo de México había confirmado como su guia al nuevo Mesías. Conforme a al conteo, 435,530 ciudadanos se manifestaron porque continuara López De Santa Anna al frente del gobierno. Apenas 4,075, esos inconformes de siempre, optaron por la negativa. En total 439, 605 votos o sea el 5.6 por ciento de la población del país. Sin embargo, hay varias consideraciones que hacer al respecto. Se desconoce cuántos de toda  la población estaban en condiciones de emitir sufragios, además de que las mujeres definitivamente no lo hacían. Pero seamos generosos y digamos que detrás de cada voto masculino había un voto femenino que, hipotéticamente, hubiera sido sufragado de manera similar. Entonces, tendríamos una participación proyectada del 11.2  por ciento con respecto a la población total. Revisemos la crónica de cómo se dio aquella reunión

El 3 de febrero de 1855, una nota titulada: “Feliz resultado de la apelación al pueblo,” publicada en El Diario Oficial del Gobierno de la República Mexicana, daba cuenta que “se reunió dicho Consejo [de Estado] en el salón de sesiones a las once de la mañana, y procedió al escrutinio de los referidos pliegos.” Como muestra de que su divisa era la celeridad, en una hora terminaron el conteo.  Gracias a ello, fue factible ver como “a las doce la población ansiosa de saber un resultado tan importante calmó su afán al oír los repiques a vuelo, salvas de artillería y cohetes que anunciaban el feliz éxito que debería esperarse. S.A.S. [esta publicación no se ahorraba palabras e invocaba aquello de su alteza serenísima] continúa por la voluntad de sus conciudadanos, al frente de los negocios públicos, para consumar la difícil obra de nuestra regeneración [¿Qué tendrá la palabrita que es tan del gusto de  quienes convocan a la revocación de mandato?] social, que solo él puede llevar a cabo por  sus sabias y previsoras disposiciones, y porque nadie más que él reúne todo el cumulo de cualidades necesarias  para con buen éxito emprender y consumar una obra hasta cierto punto superior a las fuerzas humanas.” ¿Alguna duda de porque escogieron el 2 de febrero para dar a conocer aquello? El Mesías llegado del Este traía la felicidad para todos sus súbditos. Nada más les falto exclamar ¡Aleluya! Pero ya entrados en eso de dar a conocer las reacciones que provocaron los resultados, El Universal no podía quedarse al margen, veamos su versión.

El domingo 4 de febrero anunciaba que “ayer fue un dia de fiesta y de júbilo para esta capital; el comercio se cerró a las doce, se pusieron colgaduras en los balcones, y por la noche hubo iluminación general. El pueblo ha celebrado con entusiasmo un suceso que asegura la continuación del orden y fortifica la esperanza de sosiego y de bienestar que todos ciframos en S.A. [Su Alteza], el presidente.” En esa ocasión, El Universal se quedó corto en abyección, seguramente la pluma no recibió las infusiones acostumbradas. Ante tal limitante de elogios, no queda sino recurrir a la pluma que jornada a jornada daba cuenta de su lealtad al lopezsantanismo.

En el llamado pomposamente Diario Oficial del Gobierno de la República, que no era sino la fábrica emisora de halagos para López De Santa Anna, el 4 de febrero, se daba a conocer una versión más amplia de lo acontecido en el dia que ese sujeto se alzó con la victoria en la revocación de mandato. Bajo el título de “Bando Nacional,” señalaba el triunfo mencionado indicando que la publicación del decreto, mismo que reproduciremos a continuación de este párrafo, “se hizo por bando nacional, con toda la pompa y solemnidad que correspondía, y fue hecha por todos los cuerpos de la brillante guarnición de la capital, vestidos rigurosamente, y en el orden siguiente: Abrían la columna los gastadores del Regimiento de Lanceros, y seguían las músicas y bandas de los referidos cuerpos, yendo después las clases de sargentos en el orden en que está mandado por la Ordenanza; los alumnos del Colegio Militar marchaban enseguida, y a continuación el Batallón de Granaderos, una brigada de artillería y el Batallón de Guías de la Guardia; después iba el Regimiento de Lanceros seguido por otra brigada de artillería ligera  y cerraba la columna el Escuadrón de Guías de la Guardia.” Detrás de esta demostración estaba el mensaje para quienes no habían votado o no compartían la perspectiva de López De Santa Anna, el ejército lo respaldaba y estaba dispuesto a ir por los rejegos.  Aunado a ello, el triunfante habría de apoyarse en ellos para gobernar. Mucho apoyo del pueblo, pero siempre era conveniente  tener a la mano las bayonetas, por lo que se pudiera ofrecer, así son algunos demócratas (¡!) Como muestra de los feliz que estaba la milicia con su guia reafirmado, “una batería fue colocada frente a Palacio e hizo dos salvas de 21 tiros cada una, siendo la primera cuando la columna emprendió la marcha y la segunda cuando pasó por el frente de la diputación.” En esos momentos todo era alegría e inmerso en ella, el gobernador y comándate del Distrito de México, el general Martin Carrera Sabat, quien también era miembro del Consejo de Estado, daba a conocer el decreto que le habían enviado en el cual se daba a conocer a la población la buena (¡!) nueva, revisemos el texto.

El decreto lo enviaba el ministro de gobernación, Ignacio Aguilar y Marocho, quien años después habría de ser integrante de la Junta de Notables que invitó a Maximiliano para que viniera a civilizar a nuestros ancestros, credenciales que dan idea de la clase de sujeto que era. Tras de toda la parafernalia que se acostumbra en esos casos, seguían dos párrafos que a la letra se leían: “Que el Exmo.[Excelentísimo]  Consejo de Estado, en virtud de las facultades que le concedió la suprema circular del 20 de octubre del año próximo pasado, y después de haber procedido, según ella misma lo previene, a la computación de los sufragios exhibidos en las juntas populares que se celebraron en todos los departamentos y  territorios  de la Republica en los primeros días del mes de  Diciembre último, ha hecho la siguiente declaración: El Consejo de Estado, fundándose en la mayoría de los votos emitidos en las juntas populares, declara que es voluntad de la nación que el actual presidente de la Republica continúe en el mando de ella, con las mismas amplias facultades que hoy ejerce.” Si usted, lector amable, estima que con ello se daba por cerrado ese capítulo primario de la revocación de mandato, sentimos decepcionarle, aún quedaba mucha tinta disponible y no faltó la  pluma de esas que siempre están prestas a ensalzar al  gobernante en turno, especialmente en casos como estos cuando se plantan frente al espejo y, alucinados, creen que  este les responde que son lo más maravilloso que ha parido la humanidad. pero vayamos a esa pluma anónima aposentada en El Diario  Oficial del Gobierno de la República.

En la editorial de la publicación mencionada, el 5 de febrero, bajo el título de “Voto Público,” se apuntaba que “este suceso es uno de los más grandes y trascendentales de cuantos habrá de recoger en sus páginas nuestra historia, y es por consiguiente de que se hagan sobre él algunas reflexiones.” Como es usual, los panegiristas dispuestos siempre a encumbrar a su proveedor hasta la estratosfera, afortunadamente eso ya no sucede en los tiempos actuales. Pero,  en 1855, se indicaba: “para los que conocíamos las necesidades del país y las circunstancias del hombre que ha sido llamado por la Providencia para salvarle y regenerarle, [ni duda cabe que se trataba del Mesías], aquella circular no era necesaria, ni aquella votación era una exigencia; sus resultados no han sido para nosotros ninguna novedad, ni siquiera una nueva razón para dar por legitima y gloriosa la misión de S.A. el general presidente, o para que confiemos ahora más que antes en que será felizmente desempeñada. Sabíamos bien cuál era el estado de la opinión pública, cuales las necesidades de la patria, cuales las tendencias de la saludable reacción operada en los ánimos a consecuencia de experiencias dolorosas, y sabíamos por consiguiente lo que había de suceder.” 

Hasta clarividente salió el plomífero quien no paraba ahí y se vanagloriaba de ello al afirmar que: “Para nosotros, la declaración del Consejo de Estado, … no significa más que una confirmación, gloriosa, si, y esplendente, del poder omnímodo que ya tenía el augusto jefe del Estado…” Y, lleno de soberbia, afirmaba: “para los que no estaban contentos con este poder, significa tanto como una derrota, que les priva para siempre del derecho de murmurar y de quejarse, que les obliga a bajar la cabeza ante la voluntad explicita y terminante de la nación.” ¿Le lucen familiares estas 42 palabras ultimas? Pues espérese a lo que viene a continuación.

“Los anarquistas decían: El pueblo no quiere ya dictadura, quiere otra vez congresos; no quiera ya gobierno unitario, quiere la federación; quiere que se cambie de política, de ministerio, de otra cosa cualquiera…Y al paso que se decían estas cosas, y que de estas ideas participaban, tal vez, personas que no querían pasar por anarquistas, estallaba la rebelión en diferentes puntos de la república…”  O sea que desde aquella perspectiva quien reclamaba la democracia, el federalismo y la corrección del rumbo eran anarquistas, vaya  desfachatez , no ocultaban que quienes integraban el grupo en el poder a lo único que aspiraban era a una dictadura y a esta la acompañan con la ignorancia. No es posible calificar sino ignaros a quienes, cegados por la obediencia al amo, llaman anarquistas a quienes propugnaban por la prevalencia de la democracia, las instituciones y el federalismo. ¿Acaso nadie les enseñó  que anarquismo es la ausencia de gobierno? Pero que se puede esperar de alucinados  atentos a escuchar la voz del amo para dar el paso siguiente. Según el plumífero, la sensibilidad política de López De Santa Anna percibió que aquello podría “significar que se había operado un cambio en la opinión pública, y lo primero que le sugirió su excesiva delicadeza [¿en ese patán?], fue que esta opinión fuese de nuevo consultada.” No era factible que de pronto el pueblo ¿bueno? le hubiera dado la espalada cuando apenas poco más de un año antes sus representantes (¿?)  “habían ido a sacarlo de su retiro…y [ante] los ruegos de sus conciudadanos…había tenido que hacer el sacrificio de su libertad, de su salud y de su reposo, exponiéndose a los mayores disgustos y privaciones.” No hay duda de que, a toda costa, se buscaba convertir lo que era un acto de auto complacencia en una acción épica., en caso de que tenga dudas lo invitamos a continuar con la lectura.

“En vano su gabinete le manifestó que aquella oposición era insignificante, que no era sino efecto de la desesperación de un detestable partido, y que la inmensa  mayoría de la nación no solo deseaba que permaneciese en sus manos la autoridad suprema, sino que tenía absoluta confianza en que él solo habría de salvar la patria y hacerla dichosa.” Hasta parece guion de ayer por la mañana, ¿Habrán abrevado  en esas fuentes los de ahora? Pero dejémonos de elucubraciones y retornemos a 1855.

Dado que el asunto era buscar puntos de referencia, el plumífero recurrió a mencionar que el evento motivo del comentario solamente podía ser comparado con lo que Napoleón III realizó en Francia. Lo que no señaló fue que eso había ocurrido, a principios de diciembre de 1851, cuando este sobrino de su tío, ante la imposibilidad de reelegirse como presidente, recurrió a disolver la Asamblea Nacional. Inmediatamente, para legitimarse, restauró el voto universal al tiempo que, a finales del mes, convocaba a un referéndum en el cual obtuvo cinco millones de votos y se ungió como emperador. López De Santa Anna  utilizaba a un amanuense para dar a conocer cuál era su objetivo. En caso de que alguien le echara en cara que apenas había obtenido alrededor de medio millón de sufragios, la pluma plena de aceite indicaba que al respecto esa cifra tenía una explicación, ya que no eran desconocidas “las circunstancias en que se encuentran dos terceras partes de los habitantes de México, tratándose de la capacidad e inteligencia  que se requieran para tomar parte en estas manifestaciones.” Acorde con este análisis (¡!) rodos aquellos quienes no fueron a sufragar, o lo hicieron en contra, caían en la categoría de estúpidos, y por ello no eran capaces de  percatarse de que el Mesías había arribado y con él  la salvación para ellos.

Dado lo anterior, “los buenos ciudadanos [¿el pueblo bueno de entonces>] se han llenado de júbilo, y los enemigos del actual orden de cosas deben de ceder, so pena de avergonzarse de sus propias doctrinas ante las manifestaciones de la voluntad general.” Según el plumífero a sueldo del aspirante a emperador, “en algunas partes ha sido difícil contener el entusiasmo de las poblaciones, que querían dar su voto por aclamación, en medio de vivas y aplausos, en vez de hacerlo individualmente; en otras no contentos con dar el voto al salvador de la patria, han querido expresar de mil maneras el amor y el respeto que le tienen.” Ahora ya sabemos de quienes son ancestros aquellos que votaron, en 1854, en favor de la permanencia de López De Santa Anna. 

Ya afiebrado, el plumífero lanzaba una pregunta: “¿Qué significa todo esto?” Y aclaraba que no esperaba respuesta alguna de los cuatrocientos mil y pico quienes supuestamente votaron a favor, quería la contestacion de “los que hasta hoy han estado obcecados en las ideas insensatas que tanto han afligido a la nación.” En pleno delirio, se le hacía poco el territorio nacional y continuaba cuestionando: “¿Qué significa esto a los ojos del país y del mundo entero? ¿Qué otra prueba quieren de legitimidad, y de que otro modo pude confiarse a un hombre la augusta misión de gobernar un pueblo? …El general presidente fue llamado por la nación, cuando la nación se perdía en medio de las tormentas revolucionarias; la nación le entregó después su suerte y sus destinos, levantando actas de adhesión a su persona; y ahora acaba de confirmar de la manera más explicita aquel inmenso sufragio. ¿Qué más se quiere?” Para cerrar después de comentar el sacrificio que representaba para López De Santa Anna desempeñar el cargo, lo cual hacía por puro amor patrio, el plumífero procedió a cerrar el vertedero de mieles.

A pesar de las acciones que el salvador de la patria realizaba por su pueblo, estaba “recibiendo tal vez en  pago  negras ingratitudes. ¿Por qué? Porque la nación lo quiere así; porque su  patria  necesita de auxilio para ser grande y respetada. Pues bien; su patria se lo pagara en aplausos, la historia le consagrara páginas de oro, la posteridad le colocara entre los bienhechores de los pueblos, y Dios se lo premiará con recompensara más hermosas, ya que de los aplausos de los hombres apenas pueden servir para mitigar las amarguras inherentes a la gloriosa cuanto difícil misión que le ha encomendado su país y la Providencia.” ¿Alguna duda de que era el Mesías? 

No obstante que sus partidarios buscaban investirlo de enviado celestial, había quienes no agachaban la testuz ante profetas falsos y, sin tomar en cuenta los resultados de la revocación de mandato no cejaban en su empeño por echarlo fuera. Seis meses después de que apareciera la pieza periodística que les narramos, su alteza serenísima salió de huida envuelto en las sombras de la noche como corresponde a todo malhechor. Se fue para nunca más regresar a embaucar incautos. Cuando se le permitió retornar, en 1874, solamente lo hizo para causar lastimas. Era un apestado a quien rendían pleitesía únicamente aquellos léperos malolientes a quienes su esposa, María de los Dolores Diega Ignacia Tosta Gómez, les entregaba una moneda  para que fueran a hacerlo. Del salvador de la patria, del Mesías redimido, de su alteza serenísima, nada quedaba. Ni a la calle salía por el temor de ser abucheado. Quienes años antes le rendirán pleitesía, temerosos que si no lo hacían caerían de su gracia, entre 1874 y 1876, evitaban recordarlo y mucho menos se atrevían ir a visitarlo.  

Al final, nadie recordaba que un día, en la primera votación para revocación de mandato hubo un triunfador de apellido López De Santa Anna quien, por ello, creyó ser el más amado por el pueblo…  ¿bueno? [email protected]. 

Añadido (23.18.86) Para eso nos gustaba el gallito rebelde, puro jarabe de pico. 

Añadido (23.18.87) Nuevamente, el seguidor más fiel del ‘apotegma’ Hágase la voluntad de Dios en los bueyes de mi compadre,’ nos deleitó con una de sus frases  grandilocuentes. El ciudadano Bergoglio Sívori clamó: “Por favor, ¡abramos las puertas!” refiriéndose a que debe darse albergue a cuanto migrante lo solicite. La pregunta es: ¿Por qué no predicar con el ejemplo y dar paso a quien lo quiera a los jardines y aposentos del Vaticano y al recinto de Castel Gandolfo? Y, en caso de que así sea, hacerse cargo de su manutención. Eso sería un ejemplo de caridad cristiana y no palabrearía hueca.

Añadido (23.18.88) Con su actuación del fin de semana anterior, los legisladores del oficialismo no dejaron ninguna duda de que hay  una cosa con la cual nunca se les podrá asociar, el honor. 

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